Conservando la degeneración

AP/ R. de Luca

Estas semanas han sido turbulentas para la defensa de la familia católica. Independientemente del significado de los comentarios del Romano Pontífice sobre la «ley de convivencia civil», sus consecuencias han propiciado animosidades entre los católicos.

Ciertos grupos han interpretado las palabras del Papa como aprobación de las uniones civiles del mismo sexo. Y han decidido prestar su apoyo a las uniones civiles del mismo sexo. No nos sorprende ver a estos sectores conservadores dando su apoyo a las uniones civiles del mismo sexo. ¡Aunque sea contrario a la enseñanza de la Iglesia, que siempre ha condenado el pecado de sodomía! Aún tienen el descaro de llamarse pro familia.

Son falsos reaccionarios que carecen de sentido de defensa de la doctrina católica.  Tienen un espíritu de falsa obediencia a los prelados, y están entregados a reconciliación con el mundo, precisamente en los puntos más irreconciliables.

Es iluso pensar que apoyando las uniones civiles del mismo sexo vamos a evitar que el colectivo LGBT siga pidiendo el «matrimonio» homosexual. Que exijan la admisión al sacramento matrimonial. Ceder ante el mal de la revolución nunca la aplacó. Y ante todo, es una vida de pecado mortal: los católicos no debemos tolerar ni negociar con el error, ni siquiera en una especie de «aprobación estratégica». No hay mayor pecado de caridad que recomendar el pecado, sea en la circunstancia que sea.

Sólo los tradicionalistas, los contrarrevolucionarios, somos verdaderos defensores de la vida y la familia. Debemos enarbolar bien alto esta bandera, para evitar que gente de buena fe sea engañada no sólo por los protestantes, sino por estos  «conservadores».

Paolo Emilio Regno, Círculo Tradicionalista Carlista Nuestra Señora de la Asunción.