Antonio Molle Lazo

Desde el Círculo Tradicionalista Gaspar de Rodas, Juan Pablo Timaná nos envía esta reseña de la revista MONTEJURRA, para honrar debidamente la memoria del joven mártir Antonio Molle Lazo.

***

Entre la larga y gloriosa galería de héroes y mártires que cuenta el Carlismo, descuella con fuerza singular el caso del joven Requeté Antonio Molle Lazo.

Nació nuestro héroe en Arcos de la Frontera, de la provincia de Cádiz, el día 2 de abril de 1915. Desde muy jovencito vivió en la populosa ciudad de Jerez de la Frontera, donde fijaron la residencia sus padres. Pasó, en la enseñanza primaria, por las escuelas de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, dejando una estela de alumno aprovechado, de aptitud para las ciencias, de alma fácil para cultivar las virtudes cristianas, siendo el ejemplo de los compañeros y la admiración de los profesores. Las asociaciones piadosas le tenían como uno de los miembros más observantes, figurando su nombre en la cofradía del Carmen, con el santo Escapulario al pecho, como símbolo exterior de los sentimientos que abrigaba su alma. La confesión y la comunión las frecuentaba con asiduidad, con fervor y con gran provecho espiritual. De estas fuentes, junto con la devoción a la Santísima Virgen María, sacó arrestos nuestro angelical mancebo para adiestrarse en las batallas que le esperaban inmediatamente, en plena adolescencia.

Antonio Molle Lazo vio en el Requeté Jerezano la proyección patriótico-religiosa que encajaba en las necesidades del momento trágico y turbulento por que pasaba la Patria, escenario experimental, en 1931-1936, de todas las inquietudes y zozobras, alteraciones de la paz y disensiones sociales. Se alistó en el Requeté andaluz, que surgía potente y seguro por la mano de don Manuel Fal Conde. Antonio Molle Lazo vio en la organización carlista el mejor antídoto a los males que pululaban en España. Se empapó de la doctrina Tradicionalista. Asimiló los postulados del trilema sacrosanto. Templó su espíritu religioso en la fragua de los Círculos Carlistas. Embebió el ambiente de aquellos momentos graves. Junto a otros compañeros fue planeando la postura y las decisiones que demandaban las circunstancias. Supo de persecuciones y de cárceles, por defender los ideales cristianos. El 2 de abril de 1936, veintiún aniversario de su nacimiento, traspasaba las rejas de la cárcel, para sufrir condena por defender los postulados cristianos, entonces tan vilipendiados. La cárcel le sirvió de espuela para redoblar sus convicciones y su consagración a la redención de la Patria. Con su carácter y simpatía logró realizar prosélitos entre los compañeros de infortunio, enrolando a muchos de ellos en las filas del Requeté.

Cumplida la condena, el respirar aires de libertad fue para él aguijón y espuela, que le lanzaron a un redoblado consagrarse a los ideales por los que había sufrido prisión. Cuando la situación se hizo insostenible, cuando España caminaba por derroteros de destrucción, cuando se produjo por necesidad, por necesidad existencial, el 18 de julio, éste le cogió a nuestro héroe en el puesto de alerta, en la guardia impertérrita que venía ejerciendo el Carlismo, con la mano en el pulso, en el pulso enfebrecido, de la madre Patria, que pasaba por momentos de suma gravedad. El Requeté Jerezano, como el Requeté Andaluz, como el Requeté navarro, como el Requeté de toda España, se puso a tono con las circunstancias. Una sacudida eléctrica surcó los confines y el suelo de la nación. El clarín de guerra repiqueteó claro y sonoro a la puerta de las consciencias. De los Círculos Carlistas, sala de armas, troquel de héroes, crisol de virtudes, saltó a la calle la santa insurrección por Dios y por España, para rescatar los pilares fundamentales en que se asienta la sociedad, maltrechos y derruidos por la acción nefasta del comunismo republicano.

Antonio Molle Lazo, confortado, como la mayoría de sus compañeros, con el Pan de los fuertes, con la oración y la devoción a María, se alista en el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de la Merced, redentora de cautivos ―cautiva estaba España, en las rejas del odio y de la maldad― para llevar a cabo la gran redención de la Patria. El día 10 de agosto de 1936, en Peñaflor, Sevilla, encuentra la muerte a manos de los enemigos de Dios y de la Patria. Le dieron una muerte grandemente dolorosa. Y él, Antonio Molle Lazo, la soportó con destellos de mártir, con muestras de héroe, confesando sus creencias religiosas, vitoreando a Cristo Rey y dejando una estela de santidad, hasta el punto de que su sepulcro, inhumado su cuerpo en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la Capilla de Cristo Rey, de Jerez de la Frontera, es frecuentadísimo por los devotos, por los fieles que acuden al mismo en demanda de protección e intercesión ante el Señor. La fama de santidad de Antonio Molle Lazo ha corrido por toda la nación española, siendo incontable el número de personas que le invocan y muchos, también, los favores que se atribuyen a su intercesión.

Se han editado estampas, folletos, biografías de este joven Requeté, que fue dechado de virtudes cristianas. Se ha introducido su causa de Beatificación. Esperamos que, si así plugue al Señor, un día le veremos en los altares, después de haber posado en la gloria de Bernini, en San Pedro de Roma.

A los Carlistas, junto con el honor que supone contar con un hermano de ideales del temple y de la talla de nuestro Antonio Molle Lazo, nos queda una misiva: la de propagar su vida y sus hechos; su ejemplo y su conducta, teniendo por lema de nuestro vivir las palabras que decía Antonio Molle Lazo cuando era maltratado por sus perseguidores: «Sufriré los más grandes tormentos, antes que apostatar de mi Dios». Aquí tenemos un testimonio y un ejemplo, que nos pueden servir de estrella orientadora.

Sebastián de los Reyes.