Sobre Alexander Dugin

La hija del profesor ruso Alexander Dugin, Darya Dugina, ha sido asesinada en un atentado que quizá iba dirigido también contra su padre. Es difícil no ver en el hecho un episodio de la guerra que se desarrolla desde hace meses en Ucrania. Se trata, como quiera que sea, de un caso de terrorismo, esto es, de guerra irregular. Promovido y ejecutado, probablemente, por quienes son beligerantes contra Rusia en dicho frente: el gobierno ucraniano, en primer lugar, y sus aliados e impulsores de Washington y Londres, junto con los comparsas de la OTAN.

Pero el objeto de estas breves líneas es otro. Y remite al pensamiento y papel que desempeña en el actual panorama ruso (y no sólo) Alexander Dugin. Éste, de un lado, es presentado como consejero áulico del presidente Putin, lo que no parece corresponder a la realidad. Por más que lo haya asesorado en algún momento y haya tenido, consiguientemente, acceso al mismo. Pero hay serias dudas respecto de que el pensamiento de Dugin sea el que aliente en la política del Kremlin. El eco del mismo, en cambio, se ha hecho sentir con frecuencia fuera del mundo ruso. Y a eso queremos referirnos. Dugin, en una primera aproximación, parecería ligado al mundo tradicional ruso. El hecho de que haya sido calificado de fascista, no es en cambio de relieve, toda vez que tal etiqueta se usa con frecuencia no para designar a los seguidores de las doctrinas (erróneas) de Benito Mussolini, o de los sistemas (también erróneos) análogos, sino como un denuesto respecto del enemigo político. Sin embargo, de inmediato, es de observar también en Dugin una veta gnóstica, en la línea de René Guénon y Giulio Évola, así como la participación en la orientación neopagana (por más que resulte paradójico a la vista de su sincera práctica en la iglesia cismática rusa) de la llamada Nouvelle droite francesa, y su inspirador Alain de Benoist. También en el mundo hispanoamericano ha tenido recepción, en ambientes nacionalistas y populistas de derecha.

En el número de Verbo de marzo-abril pasado, el profesor Danilo Castellano, a propósito de la guerra de Ucrania y de una declaración efectuada por Alexander Duguin, escribía lo siguiente:

«La declaración de Dugin es muy interesante y deja claro el motivo por el que Occidente le produce una fuerte aversión. No solamente por parte de los que coherentemente son sus adversarios (los liberal-radicales), sino también por la de los que, aun con una cierta prudencia, deberían compartir la crítica común al Occidente. Son, a este respecto, de difícil lectura las posiciones –por ejemplo– de la emisora italiana Radio María, que critica justamente la secularización de Occidente y su disolución moral, pero que –contradictoriamente– se inclina en favor de la libertad (hablando propiamente de la “libertad negativa”) del Occidente, perseguida como ideal. La “libertad negativa” […] lleva al nihilismo teorético y a la dictadura del relativismo moral. Es una reivindicación inhumana y anticristiana: la libertad es un valor, pero no el supremo. El Evangelio enseña que es la verdad la que hace libres, no la libertad ejercitada con el solo criterio de la libertad (esto es, con ningún criterio). La denuncia de Dugin contra la anti-civilización de la modernidad (occidental) tiene fundamento. Lo prueba la experiencia que estamos viviendo. Son los hechos, en efecto, los que evidencian la disolución de la civilización, cuya raíz debe buscarse en el nihilismo luterano que está en la base del americanismo.

Es cierto que hay que ser cautos. No podemos saber si la declaración de Dugin obedece también a razones maquiavélicas.

Se equivoca Dugin, por otra parte, al sostener que la alternativa al Occidente proceda de la civilización euroasiática. Expresión ambigua que podría abrir el camino a opciones como las del alemán Schelling o del italiano Evola, esto es, a opciones que liquidan el Occidente proponiendo una visión panvitalista y pansexualista. En este caso, con el individuo, desaparecería también el sujeto (humano), que es la conquista de la mejor filosofía griega, perfeccionada por la Revelación cristiana».

No es el momento de seguir. Bastaba con, a propósito del hecho doloroso que le ha golpeado, dejar unas líneas sobre las ambigüedades y peligros del pensamiento de Alexander Dugin.

LA ESPERANZA