El liberalismo en Ramiro Ledesma (I)

Ramiro Ledesma Ramos

La figura de Ramiro Ledesma ha tenido una indudable importancia en el fascismo español, encapsulado en los años treinta. Figura enigmática y singular, agnóstico (parece que finalmente converso, pese a sus ideas), voluntarista y existencialista de formación; un ejemplo relevante de las modas del momento en prácticamente todos los sentidos.

Con frecuencia encontramos lecturas que vendrían a señalar el papel revolucionario radical en la figura de nuestro autor, pretendiendo una lectura más exaltada dentro de la revolución nacionalsindicalista. Sin embargo, conviene profundizar en este juicio que, sin negarlo, puede llevarnos a conclusiones significativas, tanto en lo tocante al autor como al movimiento ideológico que sostuvo.

Una primera consideración temática debe mirar hacia la relación falangismo-socialismo. Es evidente que el falangismo pretende un Estado socialista, acaparador de la sociedad a través del sindicato vertical. Sin embargo, el falangismo se opuso al marxismo. ¿Por qué razón? Ledesma nos da la respuesta. Según el autor, el problema del marxismo o socialismo científico radica en lo siguiente: «Las masas proletarias tienen casi toda la razón al solicitar reivindicaciones de tipo social y económico. En lo que no tienen ninguna razón es en las ideas y en los sentimientos antinacionales sobre que basan la movilización de su poder» («La incorporación proletaria», Libertad, Valladolid, año II, nº 50, 23 de mayo de 1932, p. 1). Parece que el autor no comprende el avance revolucionario y pretende volver a darle el papel central a la Nación, como sujeto político frente al internacionalismo marxista. Sin embargo, esta pretensión es netamente liberal pues fue el liberalismo decimonónico el que hizo a la Nación el sujeto que precisaba del Estado para ejecutar la voluntad general. Las atribuciones personales a la Nación la conciben como sujeto, sujeto con voluntad, en el caso falangista imperial. La concepción de la voluntad nacional no es sino la vieja voluntad general liberal, revestida con ropajes del momento.

Esta concepción es apreciable en la concepción del Estado. Ledesma Ramos asume el Estado moderno como monopolizador de la actividad política de la comunidad. Su cosmovisión, impregnada de dialéctica histórica, encuentra que el Estado liberal deja paso al Estado marxista, más perfecto que el anterior y, tras éste, viene el Estado nacional; esto es, el autor pretende una síntesis de las concepciones estatistas que vayan superándose entre sí (Ideas sobre el Estado en Roberto Lanzas, ¿Fascismo en España?, Madrid, Conquista, 1935). El liberalismo se aprecia en dos sentidos. Por un lado, la impronta hegeliana constituye el primer bloque en lo relativo al principio emancipador del hombre respecto de las categorías dictadas por el orden natural, sustituyéndose éste por una suerte de pseudo orden voluntarista nacido de la emancipación. Por otro, la miopía del autor le lleva a entender el Estado liberal como meramente económico, burgués, olvidando el peso de la Nación política, que él reclama, y que fue el estandarte de las revoluciones liberales de los años 1820, 1830 y 1848.

(Continuará)

Miguel Quesada, Círculo Hispalense