La Iglesia en el oriente boliviano (II)

R. Tomichá Charupá. Sacerdotes y yuracarés en el Hospicio de Cochabamba

Continuando con la descripción que hace el libro La Iglesia en Santa Cruz: 400 años de historia (1605-2005), vamos a repasar mediante pinceladas las diferentes tribus originarias en los llanos altoperuanos, actualmente Bolivia. Aquí, los conquistadores se encontraron con gorgotoquis, chanés, chiquitos, parecíes, morotocos, itatines, xarayes, tamacocíes, jores, chiriguanos y yuracarés.

La ciudad de Santa Cruz de la Sierra en el Alto Perú virreinal tenía en sus cercanías a los gorgotoquis y chanés. En el territorio de los primeros, don Ñuflo de Chávez fundó la ciudad de Nueva Asunción en 1559, aunque para principios del siglo XVII, el idioma de estos nativos ya había desaparecido. Los segundos vivían dispersos más ampliamente y fueron sometidos por la etnia de los chiriguanos. Las tribus de ambos grupos se diluyeron con el paso del tiempo, debido al mestizaje y a enfermedades.

Al norte de los llanos cruceños se ubicaban los chiquitos y parecíes. Los primeros se llamaban así porque tenían casas muy pequeñas, con puertas difícilmente accesibles y camillas angostas donde había que encoger las piernas para dormir. Es por ello que las misiones jesuíticas de los llanos se llaman «chiquitanas». Los segundos fueron descubiertos a fines del siglo XVI. Tras perder varias batallas contra los españoles, huyeron al Matogroso y a Cuyabá, donde los portugueses los exterminaron en 1740.

Al sur, por el chaco, se hallaban los morotocos, antepasados de los actuales ayoreos. Documentos de 1585 ya los mencionan, pero fueron alcanzados por la misión evangelizadora recién en 1711. Por otro lado, al oriente, en el río Paraguay, se ubicaban los itatines y xarayes.  Los primeros son antepasados de los actuales guarayos y los segundos, de los actuales guatos. Los chiriguanos itatines eran una etnia guerrera que esclavizaba a los vencidos y los xarayes eran más pacíficos.

Al oeste, en torno al río Guapay, se encontraban los tamacocíes y los jores.  Los primeros realizaban constante intercambio comercial con otras tribus y con los españoles, según indican testimonios de 1602. Los segundos mantenían contacto cultural con los chiquitos.

Por último, los Llanos del Grigotá albergaban a los chiriguanos y yuracarés. Los chiriguanos fueron quizás la etnia más violenta de los llanos altoperuanos, pero a la vez bien organizada con una férrea jerarquía. Debido a sus batallas contra los españoles, donde cayeron mujeres, niños y tres sacerdotes, el virrey Francisco de Toledo lideró una expedición bélica contra esta etnia y sus aliados: terminó derrotado. Sólo en 1714 los mercedarios lograron instalar una misión chiriguana en Porongo, al norte de la ciudad de Santa Cruz.

Por su parte, los yuracarés no representaban peligro alguno para la conquista española, al menos durante los primeros 50 años de evangelización. Sin embargo, desde comienzos del siglo XVII hasta comienzos del XVIII, los yuracarés asaltaban a los viajeros comerciantes que transitaban entre los Andes y los llanos altoperuanos. En 1776, el padre Francisco Marcos fundó la misión de la Asunción de María Santísima, comenzando así la evangelización de esta etnia indígena.

Aarón Mariscal de Zúñiga, Círculo de San Juan Bautista.