Cristo reinará en Filipinas/ Christ will reign in The Philippines

(English Version below)

Cuando Nuestro Señor se apareció al Beato Bernardo de Hoyos, el joven jesuita describió el encuentro de la siguiente manera:

«Después de comulgar, tuve la misma visión del Sagrado Corazón… rodeado de la corona de espinas y con una cruz en lo alto… Me hizo comprender que no debía gustar las riquezas de este Corazón para mí solo, sino que otros debían gustarlas por mí. Pedí a toda la Santísima Trinidad el cumplimiento de nuestros deseos. Y pidiendo esta fiesta (del Corazón de Jesús) especialmente para España, donde parece que no hay memoria de ella, Jesús me dijo Reinaré en España y con más veneración que en otras partes».

Esta gran promesa del Sagrado Corazón confiada al Beato Bernardo es la de extender el reinado de Cristo especialmente en la vieja España y en todos los territorios que constituyen las Españas de entonces: la actual España, Filipinas e Hispanoamérica. De hecho, la cúpula de la basílica de la Gran Promesa está decorada con los escudos de todos los reinos hispanos, de las Américas e incluso de Filipinas. Se erigieron dos altares para la patrona de los territorios españoles de ultramar: Nuestra Señora de Guadalupe para la América española, y Nuestra Señora de la Paz y del Buen Viaje (Antipolo) para Filipinas. La réplica de Nuestra Señora de Antipolo se hizo en Filipinas y peregrinó por el país antes de ser enviada a la basílica.

En esta campaña de defensa de la restauración de la Realeza de Cristo en Filipinas a través de la Unidad Católica de las Españas, la promoción de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús debe ocupar el primer lugar. Además de todos los efectos saludables y de las gracias especiales que contiene esta devoción tan especial, se pueden añadir dos cosas para Filipinas:

  1. Recordar el pasado. Tal vez, la canción «No hay más amor que el tuyo», se refiera a esta promesa cuando dice: «Ha tiempo que esperamos tu imperio en el oriente». Gracias a los frailes misioneros españoles, que, por amor a Dios, habían renunciado a padre y madre, amigos y perspectivas mundanas, para pasar su vida, año tras año, sin esperanza de recompensa terrenal, en estos parajes, bastante lúgubres para el turista ordinario, pero para ellos luminosos y alegres, por ser los puestos que la Divina Providencia les asignó para la extensión en nuestro archipiélago hace quinientos años del Reino de Jesucristo. Con este trabajo para Cristo surgió un nuevo Reino español que ahora todos llamamos Filipinas. Siendo parte de las Españas católicas, Filipinas se convirtió en la extensión de la Cristiandad Menor o Hispanidad, y está destinada a extender dicho Reino por toda Asia.
  2. Pedir ayuda para la lucha actual. Filipinas se ha alejado mucho de sus principios fundacionales. Con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nuestra nación reconocerá que el lugar más alto se debe a Cristo Rey mismo y se someterá enteramente a Cristo mismo y a su legítimo representante civil terrenal, por la Gracia de Dios, el Rey Legítimo de las Españas. Esto dirigirá a nuestra nación hacia el mayor bien común, que es Dios mismo. Al mismo tiempo, se concederá la asistencia divina a nuestra tierra, pues al consagrarla al Sagrado Corazón, el demonio queda aterrorizado ante esta poderosa arma contra él. Entonces, marcharemos y lucharemos por la restauración y la defensa de nuestra cultura católica, que ahora está empañada por el secularismo, el consumismo y, tristemente, por el comunismo. Marchar bajo el estandarte del Sagrado Corazón como los campesinos de La Vendée de Francia, los cristeros de Méjico y los carlistas de la vieja España.

¡Y entonces la victoria será coronada con las Filipinas consagradas al Sagrado Corazón por quienes gobiernan la nación! Como la de nuestro legítimo rey, Don Javier de Borbón, que consagró la vieja España en su calidad de legítimo reclamante del trono, o al menos como la de Polonia (27 de julio de 1920) que llevó a la derrota de las fuerzas soviéticas que intentaban atravesar Polonia. En realidad, el 2 de diciembre de 1956, el presidente Ramón Magsaysay consagró Filipinas al Sagrado Corazón, pero sólo a título particular, ya que el problema del americanismo, con la proliferación de sectas protestantes, causó un gran revuelo contra tal acto, que era contrario a la política filipina moderna con su nefasta doctrina de «separación de la Iglesia y el Estado».

La centralidad de la fe católica es esencial para la restauración de la Realeza de Cristo devolviendo a Filipinas a la Hispanidad. Sin embargo, es muy fácil restar importancia al papel de la espiritualidad en esta lucha por la restauración de la hispanidad de Filipinas, ya que nuestro pueblo tiende a enfatizar (y a emocionarse fácilmente) con lo que no se ve y es arduo. Nuestro Santo Padre, Pío XI, el Papa del reinado de Cristo nos recuerda: «Es necesario no perder nunca de vista que el objetivo de la Iglesia es evangelizar, no civilizar. Si civiliza, es por la evangelización». Así debieron pensar nuestros primeros misioneros, que utilizaron las herramientas de la civilización (tecnologías, construcciones, etc.) para predicar eficazmente la fe católica.

Por supuesto, no hay nada malo en apreciar y promover esos instrumentos de la civilización filipina que muchos hispanistas en Filipinas hacen, como en la conservación del patrimonio y la estética, por ejemplo, pero no son igual de importantes que la promoción de la fe católica. La primacía se debe a Dios, y si tales instrumentos se dirigen a Él, creemos que todos estos «submovimientos» alcanzarán sus objetivos. De hecho, con la fe y la doctrina, la gente podrá pensar según las normas del Evangelio, y decidir según lo que es agradable a Dios. Y esa forma de pensar dará vitalidad y sustancia a esos aditamentos de la tradición filipina y mejorará la forma en que la gente ve la importancia de la conservación del patrimonio, de la preservación de nuestras costumbres y tradiciones, de nuestras danzas, de nuestra literatura y de nuestra lengua, nuestro idioma español.

Si queremos devolver a Filipinas a la Hispanidad, debemos hacer lo que hicieron los fundadores de nuestra tierra: establecer el Reino de Cristo mediante la santidad de las vidas y la predicación activa de la genuina doctrina católica. Tanto en lo privado como en todas sus lógicas aplicaciones a la sociedad pública. Es reunir de nuevo a nuestro pueblo bajo la campana. Para ello, los católicos de Filipinas deben aferrarse a esta promesa del Sagrado Corazón de Jesús a los filipinos: «Reinaré en España y con más veneración que en otras partes».

Juan Carlos Araneta, Círculo Carlista Felipe II de Manila

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(English Version)

Christ Will reign in The Philippines

When Our Lord appeared to Blessed Bernardo de Hoyos, the young Jesuit described the encounter as follows:

«After receiving communion, I had the same vision of the Sacred Heart… surrounded by the crown of thorns and with a cross at the top… He made me understand that I was not to taste the riches of this Heart for myself alone, but that others should taste them for me. I asked the whole of the Most Holy Trinity for the fulfillment of our desires. And asking for this feast (of the Heart of Jesus) especially for Spain, where there seems to be no memory of it, Jesus told me: I will reign in Spain and with more veneration than elsewhere».

This great promise of the Sacred Heart entrusted to Blessed Bernardo is to extend the reign of Christ especially in Old Spain and in all of the territories which constitute the Spains at the time: the present Spain, Philippines and the Spanish America. In fact, the dome of the basilica of La Gran Promesa is decorated with the coat of arms of all the Hispanic nations, including the Philippines. Two altars were erected for the patron of the Spanish overseas territories: Our Lady of Guadalupe for the Spanish America, and Our Lady of Peace and Good Voyage (Antipolo) for the Philippines. The replica of Our Lady of Antipolo was made in the Philippines and had a pilgrimage around the country before it was sent to the basilica.

In this campaign for the defense for the restoration of the Kingship of Christ in the Philippines through the Catholic Unity of the Spains, the promotion of the devotion to the Sacred Heart of Jesus must occupy the first place. In addition to all the salutary effects and special graces contained in this very special devotion, two things may be added for the Philippines:

  1. To remind ourselves of the past. Perhaps, the song «No hay más amor que el tuyo», may have been referring to this promise when it says: «Ha tiempo que esperamos tu imperio en el oriente». Thanks to the Spanish missionary friars, who for the love of God, they had given up father and mother, friends and worldly prospects, to spend their lives, year in and year out, without hope of earthly reward, in these spots, dismal enough to the ordinary tourist, but to them bright and cheery, as they were the posts alloted to them by Divine Providence for the extension into our archipelago five hundred years ago of the Kingdom of Jesus Christ. With this work for Christ brought forth a new nation which we now all call the Philippines. Being part of the Catholic Spains, the Philippines became the extension of Cristianidad Minor or Hispanidad, and is destined to spread such Kingdom throughout Asia.
  2. To ask assistance for the present struggle. The Philippines has gone far away from its founding principles. With the devotion to the Sacred Heart of Jesus, our nation shall recognize that the highest place is due to Christ the King Himself and she shall submit herself entirely to Christ Himself and His legitimate earthly civil representative, by the Grace of God, the Legitimate King of the Spains. This will direct our nation towards the the greatest common good, which is God Himself. At the same time, divine assistance will be granted to our land, for by consecrating to the Sacred Heart, the devil is terrified of this powerful weapon against him. Then we shall march and fight for the restoration and defense of our Catholic culture, which is now marred with secularism, consumerism, and sadly, with communism. To march under the banner of the Sacred Heart as those of France’s La Vendee peasants, the Cristeros of Mexico, and the Carlists of Old Spain.

And then victory shall be crowned with the Philippines consecrated to the Sacred Heart by those who rule the nation! Like that of our legitimate king, don Javier de Borbón who consecrated Old Spain in his capacity as the legitimate claimant to the throne, or at least like that of Poland (July 27, 1920) which led to defeat of the Soviet forces who were attempting to cross Poland. Actually, on December 2, 1956, President Ramón Magsaysay consecrated the Philippines to the Sacred Heart but only as a private citizen, as the rampant problem of Americanism with the proliferation Protestant sects caused an uproar against such an act was inimical to Modern Philippine Politics with its nefarious doctrine of «separation of the Church and State».

The centrality of the Catholic faith is essential to the restoration of the Kingship of Christ by returning the Philippines to Hispanidad. However, it is very easy to downplay the role of spirituality in this fight for the restoration of Hispanic culture of the Philippines as our people tend to emphasize (and easily get excited) with what is not unseen and arduous. Our Holy Father, Pius XI, the Pope of the Kingship of Christ reminds us: «It is necessary never to lose sight of the fact that the objective of the Church is to evangelize, not to civilize. If it civilizes, it is for the sake of evangelization». Such must have been in the minds of our early missionaries, who used the tools of civilization (technologies, constructions, etc.) to effectively preach the Catholic faith.

Of course, there is nothing wrong to appreciate and promote such instruments of filipino civilization that many hispanists in the Philippines do, as in heritage and aesthetic conservation for example, but they are not equally important as the promotion of the Catholic faith. Primacy is due to God, and if such instruments are directed to Him, we think all these ‘sub-movements’ will reach their objectives. In fact, with faith and doctrine, people will be able to think according to the standards of the Gospel, and to decide according to what is pleasing to God. And such way of thinking will provide a vitality and substance on those accoutrements of Philippine Tradition and improve how the people view the importance of heritage conservation, of preservation of our customs and traditions, of our dances, of our literature, and of our language–our Spanish language.

If we wish to restore the Philippines back to Hispanidad, then we must do what the founders of our land did: establish the Kingdom of Christ through the holiness of lives and active preaching of the genuine Catholic doctrine. It is to gather once more our people under the bell (bajo la campana). To do this, Catholics in the Philippines must cling to this promise of the Sacred Heart of Jesus to the filipinos: «I will reign in Spain and with more veneration than elsewhere».

Juan Carlos Araneta, Círculo Carlista Felipe II de Manila