Ayer domingo 4 de diciembre el presidente de la llamada «Autonomía de Andalucía» rindió homenaje a los mahometanos que ocuparon España, representados en el símbolo de la bandera mora que escogió el Régimen del 78 para referirse al sur de España.
Pero el conservador del Partido Popular, Juanma Moreno, ha decidido ir un poco más allá en la perversión de la Historia y traición a las generaciones que entregaron su vida durante la Reconquista y que configuraron lo que hoy es España. Moreno ha establecido por decreto el primer «Día de la Bandera de Andalucía», respondiendo a una petición del histórico dirigente andalucista Alejandro Rojas-Marcos, para conmemorar las manifestaciones que tuvieron lugar tal día como éste en 1977 en las capitales de provincia andaluzas en pro de la «autonomía» de la región.
La «arbonaida», que así se conoce por los que anhelan volver a ser tierra mora, fue aprobada por la Asamblea de Ronda, celebrada los días 13 y 14 de enero de 1918 en el Círculo de Artistas de la ciudad malagueña. Allí se adoptaron lo que, el converso al mahometismo, Blas Infante, que es considerado padre de la patria andaluza, denominó «las insignias de Andalucía»: la bandera –de franjas horizontales verde, blanca y verde de igual anchura– y el escudo –en el que figuran las columnas de Hércules, domando a dos leones, y la leyenda «Andalucía para sí, para España y la Humanidad».
La primera referencia que menciona una bandera blanca y verde es la que ondeaba en la Alcazaba de Almería, el año 1051, apareciendo en un poema de Abu Asbag Ibn Arqam, poeta natural de Guadix y visir del rey Almotacín de la taifa de Almería.
Posteriormente, en 1195, otra referencia a los colores blanco y verde aparece tras la victoria almohade en la batalla de Alarcos. Según algunas fuentes históricas, sobre el alminar de la mezquita mayor de Sevilla ondeó una enseña verde (color del mahometismo) junto a otra blanca para celebrar la victoria.
Como en casi todos los delirios, existe un mito que crea y recrea la fantasía colectiva, que la empuja hacia un paraíso, cual Parnaso, donde la felicidad está asegurada, y en este caso hace referencia a un «santón», que predicaba en los pueblos del Atlas, que tuvo una visión en la que un ángel le revelaba un imperio unido a las orillas del Estrecho de Gibraltar, con el verde paraíso de Al-Ándalus y el blanco Magreb de los almohades.
Tanto ha entrado en las entrañas institucionales los enemigos de España, que sin rubor y con ignorancia pasiva, recogen en el himno de «Andalucía» el deseo de volver a ser mahometanos:
La bandera blanca y verde
vuelve tras siglos de guerra
a decir paz y esperanza
bajo el sol de nuestra tierra.
¿Fernando III el Santo, reconquistador de Jaén, Córdoba y Sevilla? ¿Español, Santo y Rey? El régimen no lo puede soportar justamente por eso: por español, santo y rey.
Roberto Gómez Bastida, Círculo Tradicionalista de Baeza