En 1592 volvió a Méjico para informar al virrey, al arzobispo y al Provincial de la Compañía. Por el camino el rector del colegio de Michoacán le predijo el martirio detalladamente. El virrey le prometió una guarnición militar en San Felipe, cerca de la misión. La promesa se cumplió pero cuando ya era tarde. En el viaje de vuelta otro hermano de la orden le volvió a predecir el martirio.
Una plaga de viruela hizo que muchos indios perdieran confianza en los misioneros cristianos y volvieran a la idolatría. Un indio intentó quemar la casa de Tapia, pero consiguieron apagar el fuego y escapó al monte.
Un terremoto aumentó el partido de los descontentos con la nueva religión, dirigido por los hechiceros. Los acontecimientos se precipitaron y los conspiradores encargaron de ejecutar la sentencia a Necabeba y Tahaa. Hubo una filtración y avisaron al P. Tapia, pero él no se asustó y no quiso huir.
Murió el domingo 10 de julio de 1594. Se acercaron a él mientras rezaba y le golpearon la cabeza. Le cortaron la cabeza y el brazo izquierdo, los pusieron en lo alto de sendos palos, y con ellos al frente de una procesión de indios recorrieron las misiones de la región, quemando y saqueando los pueblos y obligando a sus habitantes a volver a la vida nómada. Intentaron asar la cabeza y el brazo, pero el fuego no prendió y comieron la carne cruda. Fue el primer mártir en la historia de Méjico.

Los misioneros de la región se concentraron en San Felipe con los pocos colonos españoles de la zona, fortificaron el pueblo y esperaron la llegada de refuerzos.
Una serie de calamidades se precipitó sobre la región: tormentas, huracanes, terremotos, hambruna, sequía y una erupción volcánica. Muchos indios se arrepintieron y pidieron hacerse cristianos. Pero la guerra de Sinaloa se prolongó hasta 1598. Necabeba antes de morir también pidió hacerse cristiano.
Si hubiera vivido el P. Tapia habría llevado el cristianismo no sólo a Sinaloa, sino también a California, adelantándose en 200 años a fray Junípero Serra, a Nuevo Méjico, a Tejas y quizá Florida. Pero a pesar de su corta vida, entre 1591 y 1594 le dio tiempo de fijar las normas para el establecimiento de misiones, normas que se siguieron en toda América durante los 200 años siguientes.
La biografía del Padre Tapia aún tiene muchas lagunas. Durante la guerra de la Independencia los franceses quemaron y saquearon la casa solariega de su familia en Quintana Raneros, destruyendo toneladas de libros, documentos y obras de arte que su familia había acumulado durante más de mil años, desde el siglo VIII al siglo XIX. Junto a la casa, de la que sólo se conserva parte de la fachada, estaba la Huerta de las Siete Fuentes, que tampoco se conserva; una obra maestra de jardinería en la mejor tradición de la jardinería romana, que se siguió practicando en España durante mucho tiempo, y que dio origen a la jardinería española actual. Cerca está el restaurante «La Catedral de las Bodegas», llamado así porque es la bodega más grande de la provincia, y que también formaba parte del conjunto palacial. Entre lo poco que se salvó hay varios cuadros en el coro de la iglesia de Quintana Raneros que representan diferentes momentos de la vida del Padre Tapia.
En YouTube se pueden consultar varios vídeos bien documentados hechos en Méjico sobre su vida, pero sólo cuentan los años de su estancia allí. En Méjico se desconocen los años de formación en España y sus antecedentes familiares. Varios mejicanos han venido a León a visitar los lugares de su infancia, pero no han encontrado quien les orientara. Alguno dijo a quien esto escribe que dentro de la iglesia de Santa Marina se sentía como en Méjico. Es una iglesia fundada por los jesuitas en el siglo XVI en el más puro estilo barroco que España llevó a América.
Cuando Carlos III expulsó a los jesuitas en 1767 se trasladó aquí la parroquia, porque la iglesia antigua amenazaba ruina. El 7 de mayo de 1994 se inauguraron dos placas en la fachada de la iglesia de Santa Marina, para conmemorar el cuarto centenario del martirio del Padre Tapia y sus compañeros mártires. En la sacristía de la iglesia de Santa Marina hay un cuadro de grandes dimensiones que es un retrato suyo con escenas del martirio. Es una copia. El original, que era del siglo XVIII, se perdió cuando se cayó la pared del presbiterio en 1970. Esta copia, hecha poco antes, fue pintada por un pintor aficionado vecino del barrio, Rodrigo Blanco, que tiene más obras en esta iglesia. En lo alto tiene cuatro ángeles, el de la izquierda es un retrato del hijo de Rodrigo Blanco, que tenía cinco años cuando pintó el cuadro.
Hace unos cien años se comenzó el proceso de beatificación. Eran los tiempos del presidente Plutarco Elías Calles y la guerra de los Cristeros, y el gobierno masónico de Méjico amenazó al Vaticano con hacer un baño de sangre si aquello seguía adelante. Por eso el proceso está paralizado desde hace cien años.
Francisco Javier Mielgo Álvarez, Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella
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