Continuamos con la meditación del primer misterio del rosario por los Mártires de la Tradición, organizado por las margaritas hispánicas. Aquí está el texto correspondiente y, en este enlace, el vídeo.
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Cristo, Rey de reyes, cayó sobre su rostro (procidit in faciem suam). Los discípulos duermen. No han sido capaces de velar con el Rey ni una sola hora. Caballeros pusilánimes que tras la Resurrección serán convertidos por la gracia en Mártires del Rey. Pero ni esta soledad ni la angustia que pasa el Señor cambian ni matizan una verdad inmutable que se nos ha sido revelada y enseñada: Cristo es Rey.
Y reina sobre todas las cosas, sobre todas las realidades, sobre ti y sobre mi, sobre nuestros pensamientos y nuestros proyectos, sobre nuestras fuerzas y debilidades, pero también sobre nuestra ciudad y nuestra patria y los destinos que las rigen. Y reina sentado en el Trono o de rodillas sobre el suelo. Reina en el Cielo y en la tierra, en el jardín de Getsemaní y en nuestras casas, ayer y hoy y siempre, reina en el sufrimiento y abandono que experimenta y reina en la acogida entusiasta del Domingo de Ramos. Su reinado es perpetuo, no pasa, nos sobrevive, es inmutable…
Cristo aparece ante nuestros ojos como Rey, no sólo cuando triunfante sobre la muerte ocupa su lugar en el trono, a la derecha del Padre, sino también, cuando abandonado de todos, de rodillas, con la garganta seca como una teja, ora al Padre.
Cristo es Rey, no sólo en 1925, cuando SS. Pío XI lo proclamó solemnemente e instituyó la festividad, sino también hoy, cien años después, cuando parece que todos, de nuevo, lo hemos abandonado:
- Abandonado en lo espiritual: yendo detrás de falsos dioses, falsas espiritualidades, falsas, religiones, yendo detrás de otros consuelos o fuentes de vida y de paz, yendo tras falsas felicidades y personas vitamina que no consuelan nuestro corazón ni nos dan la vida. Olvidándonos de Él.
- Abandonado en lo temporal: de las leyes inicuas incapaces de defender a quien más lo necesita, incapaces de poner un freno a la «libido dominandi», que decía San Agustín, a la lívido o voluntad del poder bruto que se cierne sobre el débil, la familia, los más pequeños, el bien, en su más absoluta sencillez…
- Abandonado en la vida política con políticos y eclesiásticos que relegan la realeza de Cristo al último rincón de la sacristía o de nuestros corazones, de una manera frontal o, peor, por crear mayor confusión, de una manera sibilina, con los conceptos del mal menor, laicidades positivas, sanas democracias, derechos humanos, capitalismo «con rostro humano», valores humanistas, pluralismos, doctrina social o justicia…
- Abandonado por los ciudadanos que no buscan el bien común sino la propia prosperidad en una carrera de dinero y placer que parece nunca terminar.
Es un «pobre Rey», decía el P. Castellani, aparentemente, que hoy día no reina mucho, puesto que si reinara, el mundo andaría mejor. Una gran parte del mundo ni siquiera lo conoce; otra parte lo conoce y reniega de él, como los judíos: Nolumus Hunc regnare super nos –no queremos que Éste reine sobre nosotros; finalmente otra parte lo reconoce en las palabras y lo niega prácticamente en los hechos; que somos los cristianos cobardes.
Y, sin embargo, sigue siendo el Rey de todas estas cosas.
Para que Cristo sea realmente Rey, por lo menos en nosotros, hemos de vencer el miedo, la cobardía, la pusilanimidad; no ser «hombres para poco», como decía Santa Teresa. Hoy, contemplándolos sufriente de rodillas, pidamos que todos los hombres escuchen la llamada de Cristo a servirle como buenos caballeros, a velar con Él, a permanecer junto a Él, a reconocerlo como Rey Eternal.
Rvdo. P. Juan Retamar
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