Tal como lo presentan los medios del sistema y los plomizos propagandistas que elucubran sobre amenazas de seguridad, lo mismo que antes divagaban sobre pangolines y murciélagos, la guerra por Ucrania sería una confrontación entre la proterva Rusia, mismísima reencarnación de la Unión Soviética y una ex-república suya que trata de sacudirse el yugo comunista como antes había tratado de zafarse de la opresión zarista.
La inversión luciferina que opera en todos los aspectos de la realidad hace que sea fácil inferir que lo que acontece es precisamente todo lo contrario. Ucrania no es más que un estado que toma la forma de la antigua república socialista soviética del mismo nombre, con las fronteras administrativas leninistas, ensanchadas por Stalin con la integración de Galicia, Bucovina y parte de Besarabia y distorsionadas aún más por Jrushev, quien alimentó la bestia haciéndola engullir incluso la península de Crimea.

Los que luchan por la integridad territorial de ese engendro geopolítico llamado Ucrania deberían tener en cuenta que luchan por conservar la grandeza de ese subproducto bolchevique moldeado a base de de-rusificar el mismo corazón de la Rus, sustituyendo el dogmatismo materialista marxista por otro de corte idealista nacionalista en el que la ensoñación de un pasado mitológico neopagano sirve como estimulante para exacerbar la rusofobia.
El internacionalismo apátrida marxista, con la federalización, indigenización y emancipación de entes artificiales surgidos de los territorios del Imperio ruso, creyó dar la solución, a costa de humillar a la Gran Rusia, a un problema imaginario, esto es, la opresión de las nacionalidades, pero en realidad originó un problema real, a saber, la semilla de una serie de estados cuya única razón de existir será, la de servir de ariete contra Rusia y de campo minado con bombas de relojería que el mismo gobierno mundial sinárquico que instaló el cáncer bolchevique irá detonando a su conveniencia en el momento oportuno.
Ucrania, cuya esencia metafísica es la hostilidad hacia Rusia como una suerte de anti-Rusia, es una de esas bombas de relojería cuya carga explosiva, la pretensa identidad nacional propia y enfrentada a la de Rusia, fue cebada minuciosamente al abrigo del poder comunista y detonada con la implosión de la Unión Soviética.
Bujarin, el discípulo predilecto de Lenin abogó por una discriminación positiva de Rusia hacia los nuevos entes nacionales para ganarse la confianza de las naciones oprimidas durante el zarismo. Es decir: menguar la grandeza rusa, humillar el orgullo ruso al tiempo que se engrandecen las nuevas invenciones nacionales. Y esto no es algo exclusivo de la Ucrania soviética sino que puede predicarse también del caso de Kazajstán, la siguiente detonación contra Rusia, o incluso de Bielorrusia.
En el «problema» de las nacionalidades, Stalin defendió un único ente federativo en el que estuvieran integrados todos los pueblos. Pero su propuesta fue tachada de chovinismo ruso y denunciada ante Lenin por los bolcheviques «nacionalistas» ucranianos y georgianos que abogaban por una mayor autonomía.
Entre los bolcheviques «nacionalistas» ucranianos destaca la figura de Nikolai Skrypnyk, cuyos méritos se glosan en la Enciclopedia de Ucrania. En la mentada obra, se define a Skrypnyk como «leninista dogmático» y se dice de él:
Como comisario del pueblo para la educación, ucranizó la prensa y las publicaciones, la educación primaria y secundaria , y, en gran medida, la educación superior . En 1927, convocó una conferencia panucraniana (a la que asistieron también especialistas ucranianos occidentales) para estandarizar la ortografía ucraniana.
Las innegables contribuciones de Skrypnyk a la cultura ucraniana y su defensa de la misma lo convirtieron en un símbolo de la lucha de Ucrania por la soberanía. Fue rehabilitado a mediados de la década de 1950. Sus políticas, opiniones, discursos, folletos (recopilados parcialmente en 4 volúmenes entre 1929 y 1930) y más de 800 artículos se han republicado en Ucrania en una edición selecta (1991).
Ahora se entiende por qué Stalin es visto desde el “mundo libre” como el peor de la banda bolchevique, y es porque, a pesar de todo, fue el menos eficaz para la destrucción de Rusia. En efecto, la Unión Soviética, una institución de transición, se forjó para destruir a Rusia y desapareció cuando para esa finalidad existían herramientas más eficaces y su misión histórica estaba agotada. Y en esa tarea de destrucción, la consolidación de estos entes nacionales artificiales o repúblicas socialistas soviéticas, fraguada durante setenta años, se ha revelado como lo más dañino en el aspecto geopolítico.
En España encontramos un modus operandi semejante al operado con la indigenización comunista, en la distorsión de los reinos y regiones hispánicas tradicionales, transformados según el antojo democrático en autonomías que, como en el caso de las repúblicas soviéticas, cumplen su función de ariete contra la España tradicional y al mismo tiempo justifican posturas recentralizadoras «jacobinas».
Por otra parte, España se ha metido en la boca del lobo, en la nueva cárcel de los pueblos que es la Unión Soviética Europea, la cual, como la versión rusa original, acabará extinguiéndose cuando haya consumado en acto su tarea potencial de aniquilar definitivamente lo que todavía queda de sano en España y Europa, primero estragando las almas y luego exterminando los cuerpos.
Pero, para salir de dudas, comparemos las dos versiones sobre de qué lado está el supuesto bolchevismo en esta guerra. En su discurso al inicio de la llamada «operación militar especial», el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin hizo mención en varias ocasiones del carácter leninista de Ucrania:
Comenzaré diciendo que la Ucrania moderna fue creada total y completamente por Rusia, o más precisamente, por la Rusia bolchevique y comunista. Este proceso comenzó casi inmediatamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus asociados lo hicieron de una manera muy cruda en relación con la propia Rusia: separándola, arrancándole parte de sus propios territorios históricos. Por supuesto, nadie preguntó nada sobre los millones de personas que vivían allí.
De hecho, como ya he dicho, como resultado de la política bolchevique surgió la Ucrania soviética, que incluso hoy puede llamarse con derecho “Ucrania de nombre Vladimir Ilich Lenin”. Él es su autor y arquitecto. Esto está totalmente confirmado por documentos de archivo, incluidas las duras directivas de Lenin sobre el Donbass, que fue literalmente comprimido dentro de Ucrania. Y ahora los “descendientes agradecidos” han derribado los monumentos a Lenin en Ucrania. Lo llaman descomunización.
¿Quieres la descomunización? Bueno, eso nos viene muy bien. Pero no hay necesidad, como dicen, de quedarse a mitad de camino. Estamos listos para mostrarle lo que significa la verdadera descomunización para Ucrania.
Del otro lado, como confesión de parte autoinculpándose de leninismo, tenemos el discurso de activistas como la ucraniana Hanna Perekhoda, historiadora de la Universidad de Lausana, quien reconoce abiertamente su añoranza por la labor antiimperialista de Lenin y la contribucion de éste a la formación nacional de Ucrania:
Con sus argumentos históricos irredentistas y revisionistas, Putin pretende destruir el proyecto de autonomía nacional de Lenin para justificar su guerra bárbara contra los ucranianos. Es tiempo de decir basta a esta negación de la subjetividad, no solo del Estado, sino también del pueblo ucraniano. Nuestra solidaridad debe estar del lado de los que tomaron las armas para combatir contra la fuerza imperialista, y también con todos aquellos que en Rusia, poniendo en riesgo su propia libertad, protestan contra la aventura militar del Kremlin.
Ucrania, como engendro y distorsión geopolítica, como ariete contra Rusia y como anomalía histórica, debe ser borrada del mapa para volver a su verdadero ser y esencia. Ucrania está afectada de la misma enfermedad de quien se cree un ser diferente del que representa su cuerpo, una patología muy de moda que conduce a amputaciones letales por parte de quienes quieren desgajarla del cuerpo al que pertenece. A Ucrania quieren operarla sus tutores y valedores liberales para transformarla en eso de lo que le han convencido que es: parte del occidente «civilizado» que sufre bajo la opresión de las hordas mongólico-rusas.
La aludida historiadora Perekhoda explica la labor civilizadora y redentora de la Unión Europea, tal como ha sido instalada a base de propaganda en países del este europeo como Ucrania:
Pero para los países europeos fuera de la UE, y particularmente para Ucrania, representa algo diferente. Sobre todo, «Europa» representa una aspiración, la idea de un futuro donde prevalezca el estado de derecho, las libertades individuales y un cierto nivel de prosperidad. Lo que es menos obvio para los europeos occidentales es que aquí la UE representa una alternativa a un modelo autoritario y opresivo, un modelo que Rusia impone a sus vecinos por la fuerza.
Así que para los ciudadanos de la UE, la UE es ante todo un proyecto económico. Pero para aquellos que no son ciudadanos de la UE, la UE es sobre todo un proyecto cultural y de civilización.
José María Morcillo, Círculo Tradicionalista Enrique Gil Robles de Salamanca
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