La «divina pomada»

No me creeré la «divina pomada» para decirle a la gente qué hacer, pero yo invito a todos a ofrecer esas misas donde no se baila

Cardenal Castillo dando una homilía. Fuente: REUTERS/Remo Casilli

En su sección del diario El Comercio, fechada el 11 de agosto de 2017, la lingüista Marta Hildebrandt, manifiesta que «la expresión coloquial la divina pomada se documenta aquí, en Panamá y Bolivia con el sentido de «persona o cosa de cualidades asombrosas»» .

Menciono esto porque en la homilía del IV Domingo de Cuaresma, el cardenal Carlos Castillo, comparó al hijo mayor de la parábola del hijo pródigo «con los sectores más antiguos de la fe cristiana que nos dicen que no debemos celebrar moviéndonos tanto y que ni bailemos ni cantemos… sino que quieren una misa en latín, tristes y que ni entienden siquiera y sin embargo se creen la divina pomada».

El arzobispo de Lima, sucesor de Santo Toribio de Mogrovejo, nos ha acusado a los que asistimos a misa en su rito romano tradicional de creernos «personas o cosas de cualidades asombrosas», además de calificarnos de «tristes» y de no entender la misa «en latín».

Por poder puede haber algún asistente a misa tradicional de un narcisismo tal que se crea poseedor de cualidades asombrosas, yo no los conozco a todos (aunque somos siempre los mismos, sin embargo, hay cada vez más gente nueva, y quizás eso sea lo que molesta a quienes odian la misa) pero si fuese así, si el Cardenal afirma lo que afirma es que lo conoce o a muchos así. No obstante, yo, que asisto a Misa Tradicional no los he visto. ¿Cómo lo afirma el Cardenal? ¿Los conoce a todos?

Otra afirmación es que somos tristes y esto es justamente la más triste de las afirmaciones. Yo he asistido a la misa novus ordo cuando era joven y en la actualidad cuando tengo que llevar a alguien o cuando hay una boda. Cosas puntuales, y he visto de todo, desde cosas graves como el sacerdote dando la espalda al sagrario o la comunión en la mano. Hasta cosas que, sin duda, nadie calificaría como tristes, como chistes (cuando no herejías) en las homilías, relatos y anécdotas de la vida del cura, (para eso le invito una cerveza) hasta bailes, mascotas, marionetas o en la misa de Domingo de Ramos a un sacerdote entrando a la parroquia montado en un burro vivo. (he dudado en narrar esto último para no darles ideas dada la cercanía de la Semana Mayor). Y en la época de las redes hemos visto en todo el mundo, sacerdotes bailando, haciendo coreografías, usando pistolas de agua para echar agua bendita, disfrazados, etcétera, etcétera. ¿Por qué, digo, que esto es triste siendo tan festivo? Por el lugar, por el momento. El Gólgota no es lugar para bailes y diversión, es lugar para contemplar el misterio de la redención y adorar a Cristo en la Cruz, como hacían Nuestra Señora y San Juan. ¡Y todos los ángeles del Cielo! Quienes celebraban eran los judíos, los soldados romanos. ¡Y todos los demonios del infierno!

El afirmar que no entendemos la misa creo yo que puede ser juicio temerario. ¿Cómo lo sabe?, la misa tradicional se sigue con un misal no así la novus ordo, pero ni siquiera es necesario, el precepto es oír misa. No tienes que entenderla necesariamente, aunque lo básico lo hemos entendido siempre desde el virreinato, siendo indios recién bautizados hasta hombres modernos nacidos después del Concilio Vaticano II bombardeados con una fe oscurecida y en templos objetivamente feos. Eso básico es la Presencia Real. A pesar de todo lo que rodee, está ahí, y eso es lo que importa.

Soy sin duda un peor cristiano que el Cardenal Carlos quien es mi padre y pastor y por quien rezo todos los días. Celebro que los fieles estén despertando ante los abusos y persecución que en todo el mundo cometen obispos e incluso el Papa. No me creeré la «divina pomada» para decirle a la gente qué hacer, pero yo invito a todos a ofrecer esas misas donde no se baila, que son tristes para el mundo y que ese mundo no entiende, por Su Eminencia, por su conversión y santidad, para que vuelva a la fe de su infancia y sea un obispo santo que en algún momento descubra que es realmente esa misa que desconoce tanto. Le cambiará la vida.

Marcos Vásquez Mazzotti, Círculo Carlista Blas de Ostolaza

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