Bernardo Ruiz Cano, joven periodista, poeta y militante carlista, será beatificado en su ciudad natal junto a otros 124 mártires de la diócesis. Su vida breve, pero intensa, quedó marcada por la lealtad al reinado social de Cristo y al ideal tradicionalista, culminando en un martirio que lo elevó al altar de la historia.
Nacido en 1909 en una familia profundamente católica, Bernardo se formó en el Jaén de la Segunda República, impulsado por una tradición literaria y espiritual. Sus dos obras fundamentales —Ecos del corazón (1934) y Don Juan Varela en su vida y en su obra (1935)— reflejan el perfil de un intelectual volcado a expresar su fe en letras y columnas periodísticas.

Más que un simple grupo literario, el Círculo Tradicionalista «El Madroño»—extensamente tratado en La Esperanza— fue un núcleo de intelectuales jiennenses carlistas. Hemos citado en estas páginas a miembros como Eugenio Molina Ramírez de Aguilera, Ildefonso Vargas, Manuel Mozas Mesa, Francisco Blanco Nájera, Vicente Montuno Morente, Luis Carpio Moraga… y, por supuesto, Bernardo Ruiz Cano. Allí se debatían ideas, se cultivaba poesía y se alimentaba la esperanza de un orden espiritual en medio de tiempos turbulentos. Ruiz Cano era definido como «poeta y maestro… aglutinado alrededor de la persona del escritor Francisco Ureña Navas» , lo que confirma su inserción en una tradición intelectual de fuerte raíz católica.
Bernardo enlazó el hablar y el actuar. En sus columnas y discursos defendía la instauración de la autoridad cristiana, el rol central de la Iglesia y la defensa de la familia como célula natural. Como miembro activo de la Comunión Tradicionalista, se definía como católico combativo, contrarrevolucionario, defensor del orden monárquico y social cristiano .
Con el advenimiento de la Guerra Civil, Jaén cayó bajo control republicano y se desató una furia anticristiana. Iglesias y archivos fueron saqueados, religiosos perseguidos. Bernardo, por su perfil público y su adhesión carlista, fue arrestado a principios de septiembre de 1936. Tras ser interrogado y presionado para que renunciara a sus convicciones, se negó con serenidad, «orante y desafiante», según se relata.

El 24 de septiembre de 1936 fue fusilado extrajudicialmente en una cuneta cercana a Iznalloz, en Granada. Tenía 27 años. Aunque sus últimas palabras no se han documentado oficialmente, entre sus seguidores circula con emoción que exclamó «¡Viva Cristo Rey!», invocación emblemática del carlismo militante.
La Santa Sede, reconociendo que su muerte fue «in odium fidei», ha aprobado su beatificación junto a otros 43 carlistas conocidos de la diócesis de Jaén.
Para la Comunión Tradicionalista local y nacional, Bernardo representa la encarnación ideal del comunicador fiel: la palabra comprometida con la fe, capaz de denunciar la injusticia sin invertir su caridad.
Su figura resurge en este 2025 como puente entre generaciones: un joven cuya coherencia espiritual y literaria le costó la vida, pero cuyo testimonio ahora es elevado. El Círculo Tradicionalista de Baeza, prepara actividades para tamaña celebración.
El caso de Bernardo Ruiz Cano no concluye con su fusilamiento. Ha comenzado una nueva etapa en que su muerte madura en símbolo vivo. En las relecturas del legado del Círculo El Madroño y de la prensa tradicionalista andaluza se redescubre su relevancia. Su beatificación es un acto eclesial y político: revive un mensaje de fe militante, un reclamo a periodistas y católicos para que no cesen en testimoniar la verdad.
Él, el joven de Jaén que alzó su pluma por Cristo Rey, vuelve a sus correligionarios para ser proclamado bienaventurado. Y con fuerza renovada, la voz carlista se alza: ¡Viva Cristo Rey!, latido del pasado, impulso del futuro.
Roberto Gómez Bastida, Círculo Tradicionalista de Baeza
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