Colombia: crónica de la peregrinación a Monserrate

Así, la fe de los presentes quiso manifestar su adhesión total al Señor

Desde antiguo, el espíritu de los católicos de reunirse en un lugar santo es motivo de alegría; rezar, ofrecer sacrificios, pedir gracias especiales, todo en pos de dar gloria a Dios. Así lo concibió la Iglesia cuando en los años jubilares pedía a los cristianos de hacer peregrinaciones para poder ganar la indulgencia plenaria.

Este sábado 12 de julio, el Círculo Carlista Santa Fe de Bogotá se unió a este sentir de la Iglesia y de las tradiciones que encierran los valores de la Hispanidad. En medio de un día nublado y amenazado de lluvia, nuestros correligionarios se dieron cita en la entrada al Santuario de Monserrate. Sí, doble sacrificio nos esperaba porque no era solamente subir el cerro, era ir en actitud orante, entre cantos que pregonaban la realeza de Nuestro Señor, el auxilio a la Patria y el amparo de Nuestra Señora; el rezo del Santo Rosario y las letanías al Sagrado Corazón y a la Santísima Virgen; y algunas confesiones de un sacerdote que se unió a nuestra empresa con gran disposición, culminamos nuestro recorrido cantando el himno de las vísperas de Cristo Rey «A ti, oh Cristo Rey de las naciones», y un enérgico ¡Viva Cristo Rey!, que interpelaba a los cientos de turistas en la explanada del Santuario.

Tras llegar, nos dirigimos al comulgatorio del Santuario para dar gracias a Dios por este gesto de devoción tan olvidado y a la vez tan importante para la piedad de los pueblos. Entonando el Te Deum el padre Luis Carlos nos alentaba a cantar con gran orgullo ese himno antiquísimo y, tras rezar juntos por las intenciones del Santo Padre, recibimos la bendición que la Santa Romana Iglesia nos presenta para después de una peregrinación en el ritual romano.

Acto seguido, el padre nos asperjó con agua bendita y saliendo de manera recogida de aquel Santuario en el que tantas lágrimas se conjugan por los miles de peregrinos que van a diario cumpliendo promesas o pidiendo gracias especiales, nos reunimos de nuevo en el atrio de la iglesia para cantar, sin demora, la marcha de Oriamendi y concluir nuestro peregrinar con un clamor venido del alma a Cristo Rey y a Don Sixto, como nuestro rey.

A esta empresa tan noble se unieron los siguientes correligionarios: don Carlos Escobar, presidente del círculo de Bogotá; el padre Luis Carlos Bernal, capellán de la Universidad Nacional; Rossember Adler, Wilmer Camelo, Sergio Cortés, Julián Sánchez, David Torres, Julián Retis, Andrés Cano y Carlos Daniel Pachón; Al igual que con una de nuestras margaritas: Yancy León. En el santuario se nos unieron don Francisco Flórez e Ignacio Carvajal.

No podríamos irnos sin hacer hincapié en los símbolos que nos rodearon, pues no solo el aspa de Borgoña nos acompañó, sino también estandartes en honor a Santiago Apóstol, la bandera de la Santa Sede y una bandera con el Mandylion. Así, la fe de los presentes quiso manifestar su adhesión total al Señor. No cabe en nuestros corazones la dicha de haber podido compartir este espacio de fervor como círculo carlista y, en medio de todo, ver que la gente, al mirar ese pequeño grupo que subía con piedad, manifestaba algo que, en medio de la vorágine del mundo, parece perdido.

Julián Andrés Sánchez Clavijo, Círculo Tradicionalista Santa Fe de Bogotá

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