Perú: el primer ministro en una ceremonia masónica

se usaron testimonios de sus hermanos de logia que están dando que hablar del primer ministro debido a que este propulsó reconocer a una fundación ligada a aquel contubernio para hacer «obras de caridad»

En un reportaje emitido hace una semana, el programa Cuarto Poder denunció al actual primer ministro, Eduardo Arana, por su aparición con allegados suyos de la Gran Logia del Perú—en la cual él es maestro e inspector con el mayor grado, treinta y tres— que ocupan puestos de gobierno en calidad de asesores del Congreso.

No deja de sorprender que el énfasis de la denuncia se relacione con la preocupación de que las logias sean usadas como organismos de corrupción. También mostraron unas declaraciones de índole «machista» del primer ministro en una de sus lecciones a compañeros de logia. Dejando de lado las conocidas y continuas condenas del magisterio pontificio a esta sociedad gnóstica, la masonería siempre ha operado primariamente como un club político, sea buscando mantener el rito gnóstico de manera elitista o como una fraternidad populista. En otros países la masonería tiene un papel hegemónico; en el caso del Perú ocupa un estamento burocrático, en el cual sus miembros, agitadores, buscan aplicar su perenne guerra contra la Iglesia, y con el indiferentismo de sus miembros atosigan y confunden a las generaciones —incluyendo sacerdotes— manteniendo el quiste de un laicismo que bloquea cualquier iniciativa religiosa.

En el reportaje se usaron testimonios de sus hermanos de logia —entre ellos un miembro del consejo supremo, el empresario Mario Venero— que están dando que hablar del primer ministro debido a que este propulsó reconocer a una fundación ligada a aquel contubernio para hacer «obras de caridad» y trabajos supervisados por los empresarios que son parte de dicho consejo. Entre estos trabajos se pueden citar los programas de cooperación con el Ejército —institución que, lamentablemente, tiene en parte una larga historia republicana vinculada a los hijos de la viuda. Es una pista adecuada sobre lo que Arana busca, donde además de poner a hermanos de la logia en algunos puestos de interés es parte de una aparente rivalidad con el caído en desgracia y exministro del Interior Juan José Santiváñez, el cual detenta poder en el Ejecutivo, mientras que el actual primer ministro la posee desde el ministerio de Justicia.

Es cierto que la masonería, aparentemente, ha perdido la influencia que tanto temía la gente de buena fe tiempo atrás, seguramente por la transformación de las logias en un club de viejos o de enchufados. Pero no por ello quita que vivamos los efectos de su acción, más aún cuando el debate público ignora las verdaderas consecuencias de esta clase de controversias.

Maximiliano Jacobo de la Cruz, Círculo Tradicionalista Blas de Ostolaza.

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