Terminado el seminario cerca de las 18:15, una buena parte de los numerosos participantes, que se comenzaron a tocar con boinas rojas y blancas, se encaminaron a la Catedral de San Justo, donde esperaban otros amigos, y donde en la puerta se fueron formando numerosos y animados corrillos que mezclaban con frecuencia castellano e italiano. Cerca de las 19 horas fueron ocupando las sillas dispuestas al efecto mirando al altar de la capilla de San Carlos Borromeo, primera de la nave de la epístola, donde están enterrados los restos del Rey Carlos VII y de sus antecesores los Reyes Carlos V, Carlos VI y Juan III, la Princesa de Beira y otros miembros de la Familia Real española. El altar estaba adornado con el «paliotto», o revestimiento delantero, que lleva bordadas las armas de España y las iniciales del Rey Carlos VII y su mujer la Reina.
Monseñor Ignacio Barreiro, capellán del Papa, y nuestro también, por qué no, salió igualmente revestido de antiguos ornamentos litúrgicos que llevaban las armas de España, contrastando con el negro fúnebre. Cuando sale, apenas ha ocupado su sitial en la presidencia S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, mientras que frente a él se sitúa el joven Miguel Gambra, que porta la bandera del Tercio del Rey, con restos de sangre, de nuestra Cruzada de Liberación, traída con cariño por Íñigo Pérez de Rada.
Momento sin duda emocionante, pues Don Sixto Enrique presidía la Misa de aniversario del centenario por Don Carlos VII en el mismo lugar donde cien años antes su padre, que luego sería el Rey Don Javier, había ocupado también un puesto en la presidencia de los funerales. La diferencia, quizá, radicaba en que esta vez, a diferencia de aquélla, y no hay más que leer –quien quisiere– las páginas del Melchor Ferrer, Don Sixto Enrique se encontraba solo, sin otros príncipes reales. Aunque, eso sí, rodeado de leales.
La liturgia, pese a alguna dificultad gracias a Dios al final solventada, se celebró en el rito inmemorial de la Iglesia codificado por San Pío V, y no faltó detalle, como el de los misales entregados a los asistentes con el común y el propio de la «Missa in anniversario defunctorum», «en sufragio de S.M.C. Don Carlos VII, Rey legítimo de las Españas».
Monseñor Barreiro pronunció un hermoso sermón sobre el profundo sentido católico del Carlismo, con referencia al pensamiento político-religioso de Don Carlos VII. Al alzar rindió la bandera el alférez. Finalizada la Misa un coro gregoriano venido de Venecia y Bolonia, procurado por nuestros queridos amigos, la doctora Alessandra Codivilla y el profesor Fabio Marino. Tras despedirse del párroco, Monseñor Giorgio Carnelos, que saludó al Duque de Aranjuez, los presentes se congregaron en la puerta para cantar el Oriamendi.
En este Escorial legitimista en el exilio se encuentran a disposición de los visitantes unos folletos, gentileza de la Fundación Ignacio Larramendi, que explican en tres idiomas (español, italiano e inglés) el significado de la capilla y los restos que allí reposan.
Desde San Justo, de nuevo hacia el paseo marítimo, al Club Náutico Adriaco, uno de los más característicos y relevantes de la ciudad, para la cena de clausura, con platos típicos de pescado y excelentes vinos locales. El presidente, Nicolò di Manzini, se hizo presente para saludar a todos y, en especial, al Abanderado, quien en la mesa presidencial sentó, entre otros, a la profesora Dianella Gambini, a Monseñor Ignacio Barreiro, al Marqués de Jaureguizar, a Luis Infante, a José de Armas y al profesor y conde Salvatore Olivari de la Moneda. Buena representación de academia, clero, nobleza y gobierno.
En una segunda, con Maurizio Di Giovine y su encantadora esposa Anna, se sentaban –también entre otros– el doctor Giovanni Salemi y una representación de tradicionalistas meridionales, además del profesor milanés Giuseppe Manzoni di Chiosca y su hermana. En la tercera, junto al director del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, veíamos –por una parte– a José Antonio Gallego, Íñigo Pérez de Rada y Ana Enríquez, y –por otra– a las profesoras Marina Carrese y Mariolina Spadaro.
La quinta mesa reunía a los miembros de las Juventudes Tradicionalistas (entre ellos Javier Martínez-Aedo, Miguel Gambra, Jorge de la Puente, Fernando Andina, etc.) con otros jóvenes italianos como Benedetta Di Giovine. En diversas mesas se veía también al secretario del CEH Felipe II, profesor Juan Cayón, a Estanislao García, a Eduardo Fernández-Pintado, al General De Bernardini, a Luigi De Rosa, etc. Cerraron la cena un brillante brindis de José de Armas y las palabras, intensas, agudas y penetrantes, de Don Sixto Enrique de Borbón.
Círculo Cultural Antonio Molle Lazo
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