En las pequeñas comunidades indígenas del centro de Méjico se llevan a cabo una serie de danzas tradicionales llamadas «Santiagueros» o «Moros y Cristianos» o simplemente «Moros», las cuales son ejecutadas en las fiestas principales de los pueblos. Los pocos estudios que hay al respecto caen en el error leyendanegrista y este articulo propone exponer su sentido real a la luz del tradicionalismo español.
Son llamadas danzas militares o danzas de conquista las cuales no son solo bailes, sino representaciones teatrales en verso octosilábico con danza y música que representan la guerra de Carlomagno y los 12 Pares de Francia contra Fierabrás y los demás caudillos mahometanos que pelean por la recuperación de las santas reliquias. Estas danzas fueron traídas por los misioneros franciscanos y enseñados a los indígenas que gustaban adornar sus fiestas con danzas desde antiguo. Hay documentos donde consta que estas danzas se hacían ya hacia 1530. Las danzas son embellecidas con vistosos trajes, los moros llevan trajes rojos, capas con símbolos mahometanos, máscaras de monstruos y coronas de hojalata y cascabeles a la manera arábiga y los cristianos visten de azul con yelmos o celadas y en sus capas llevan imágenes de santos, de Santiago Apóstol y de la Santísima Virgen María.

Estas danzas las encontramos principalmente en la zona nahua, los actuales estados de Puebla, Tlaxcala, Guerrero, Michoacán y Estado de México. Dos asuntos son interesantes aquí: primero que estas danzas son elevadas por los gobiernos nacionalistas como las más altas expresiones culturales de los pueblos indígenas, y segundo que expresan la victoria del cristianismo y sin embargo el danzante se identifica con el vencido. Claro que después de doscientos años de propaganda anticatólica e indigenista, la idea reinante entre los danzantes contemporáneos es que ellos son los moros y que los españoles vinieron, conquistaron y mataron a todos.
De esta interpretación surge la siguiente pregunta: ¿Cómo un pueblo va a representar por casi 500 años una danza que representa su derrota? Podría entenderse si fuera una extravagancia de algún pueblito en particular, pero son cientos de pueblos los que año con año, a través de mayordomías y de tradición familiar transmiten la danza y la representan en las fiestas más importantes. Incluso se llega a decir que «sin moros no hay fiesta». ¿Cómo puede sobrevivir una tradición así? Ya sabemos que los indigenistas gastan falacias contra la evidencia para justificar sus fantasías contra la realidad.

¿Por qué las comunidades indígenas mantienen con tanto arraigo estas danzas? La respuesta es muy sencilla: porque las comunidades indígenas no son las vencidas sino las vencedoras. Hay que recordar por enésima vez que la conquista no fue una guerra racial de españoles contra indios, sino una cruzada de cristianos contra paganos. Y que la guerra la ganó el cristianismo. Las tropas indígenas bautizadas que conquistaron el Nuevo Mundo se identificaron con Carlomagno y los 12 Pares que peleaban contra los infieles representados en Fierabrás y los mahometanos. La danza de «moros» se arraigó tanto entre las comunidades indígenas porque en ella se representa su propia victoria como cristianos contra los infieles, la victoria de Cristo sobre el mal, la victoria de la verdadera religión católica contra las falsas religiones.
Visto de este modo, que es el modo católico de verlo, se entiende que una danza de conquista sea repetida una y otra vez, año con año, en las fiestas patronales. ¿Por qué un pueblo en la falda del Popocatépetl celebraría la victoria de Carlomagno? ¿Por qué es su victoria! Es la danza y los fuegos pirotécnicos que sobreviven el paso del tiempo y el asedio de la modernidad. Estas representaciones populares hacen de la escena hispánica algo único en el mundo.
Ángel D. Reyes Rosas, Círculo Tradicionalista Nuestra Señora de los Remedios
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