La colección De Regno, del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, dirigida por su presidente, el profesor Miguel Ayuso, recoge una serie de textos de relevantes autores tradicionalistas, por lo común contemporáneos, pero también de los maestros pertenecientes a la generación anterior, de Rafael Gambra a Francisco Elías de Tejada y de Federico Wilhelmsen a José Pedro Galvão de Sousa. Por no hablar de clásicos como la Breve historia del legitimismo español de Melchor Ferrer. Publicamos a continuación la presentación redactada por Juan Oltra, presidente del Círculo Alberto Ruiz de Galarreta de Valencia, del que ha partido la iniciativa. El director de la colección señala en un Pórtico que han concurrido igualmente a la edición dos sacerdotes valencianos que están acompañando al Círculo desde su fundación, el padre Juan Retamar y don Tomás Minguet, así como que se han incorporado dos escritos preliminares, de sendos discípulos del profesor Gambra, Daniel Herrán y Elena Risco. «No he renunciado, sin embargo, a añadir estas líneas, necesariamente escuetas», sigue Miguel Ayuso, «pues como director de la colección que lo acoge he introducido hasta ahora todos los títulos y no debería dejar de hacerlo en este caso». «Aunque sólo sea para subrayar mi satisfacción por la iniciativa, ya que hace justicia al quehacer del autor durante toda una vida en el seno de la Comunión Tradicionalista. Valgan, pues, para significar el sincero homenaje de ésta, en su totalidad, a quien la sirve con generosidad y entrega».
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PRESENTACIÓN
Cuando los editores le remitimos el borrador inicial de esta compilación al Prof. José Miguel Gambra, éste, con su humildad consueta, nos expresó francamente sus dudas acerca del valor y actualidad de los textos recogidos. Y, ya en marcha el proceso de maquetación, pero ralentizado por culpa de quien firma estas líneas, el profesor nuevamente nos invitó a no preocuparnos en exceso por sus escritos, pues, según nos decía, «ni valen la pena ni corren prisa alguna».
Sin embargo, estamos objetivamente ante un libro necesario por muchos y muy fundados conceptos. Mencionemos sólo los dos motivos principales. En primer lugar, y, sobre todo, por la calidad moral e intelectual de su autor: un maestro consumado de la tradición católica, que ha consagrado su vida y su prestigio a la restauración del orden político cristiano y a la difusión de los saberes clásicos en un mundo que no sólo es descreído, sino conformista, y que, por tanto, rara vez aprecia y muy frecuentemente desprecia a los pocos sabios que aún combaten, como pueden, contra la indigencia de los tiempos en que Dios ha querido colocarlos a modo de guía y consuelo para quienes por ellos transitan con el alma despierta.
Los dos prólogos que a continuación se estampan ilustrarán más autorizadamente este primer y principal motivo de la obra compilatoria, que aquí apenas hemos apuntado. Pues ambos prologuistas, Elena del Rosario Risco y Daniel Deogracias Herrán, más que «alumnos» del Prof. José Miguel Gambra son propiamente sus discípulos: no sólo recibieron unas lecciones académicas, sino ante todo un vivo ejemplo de servicio y lealtad, de arraigo y compromiso —por utilizar términos gratos a Rafael Gambra— con la tradición española que el Carlismo encarna y custodia.
A los editores nos toca, por tanto, subrayar principalmente la segunda razón decisiva que aconsejaba la publicación de esta obra: la calidad de los propios textos que aquí se antologan. Es cierto, sin duda, que la mayoría de los escritos recogidos pueden calificarse como «de circunstancia», pues fueron dictados por la urgencia de acontecimientos graves o quizá escritos con el apremio que a menudo conlleva preparar un discurso para un acto político. En este sentido, el que tiene usted ahora en sus manos no es un libro comparable a La sociedad tradicional y sus enemigos, obra que ha supuesto para muchos jóvenes (también para muchos de nuestro Círculo) el instrumento que necesitaban para abrazar definitivamente el Carlismo y que seguramente es —parafraseando a Luis Infante (q.e.p.d.) en la que fue su última intervención pública— la mejor introducción que hasta ahora se ha escrito a la doctrina política tradicional.
Pero si lo que acabamos de decir es cierto, no lo es menos que de la lectura de estos artículos y discursos brotan inmediatamente las doctrinas y los principios permanentes desde los que fue «auscultada» e iluminada la coyuntura pasajera. Y ésta es tarea de la prudencia política, virtud moral por excelencia. Más aún: el paso del tiempo, que tantas veces suele evidenciar la incorreción de los análisis contingentes, en este caso no sólo ha dejado intacta la vigencia de los juicios centrales aquí expresados, sino que incluso ha puesto de manifiesto el acierto de muchas consideraciones políticas concretas: pensamos, por poner un ejemplo significativo, en el juicio rotundamente negativo que le merece al autor el fenómeno de «VOX» y de la mentalidad liberal-nacionalista que lo anima. Fenómeno que por entonces (2018) aún estaba irrumpiendo, lo cual acrece el mérito y la sagacidad del diagnóstico.
Sin duda, refulge con particular fuerza que estamos ante un asiduo cultor de la lógica y el recto pensamiento, que aborda con el mayor rigor y acribia cada uno de los temas tratados. Por supuesto, no excluye el recurso a la autoridad ni la cita conveniente en el momento oportuno, pero sí prioriza la exposición más diáfana posible —incluso en los asuntos de una cierta complejidad— del discurso racional, de la ilación argumentativa que nos permite acceder a las certezas más profundas de su pensamiento y asumirlas como propias, en tanto verdaderas.
Pero su condición de lógico se abraza armoniosamente con sus dotes pedagógicas, dando así en una prosa tersa, sencilla y transparente, que no conoce la contorsión lingüística y que —sin sacrificar la corrección ni la elegancia— otorga clara prioridad a la transmisión límpida de una doctrina por sobre las galanuras literarias. También en ésto, me parece, sigue a su padre y a su maestro Leopoldo Eulogio Palacios, ejemplares ambos en su «transparencia intelectual», usando las elocuentes palabras que escogió el primero de ellos para dar título al artículo necrológico que escribió sobre el segundo.
Sabemos, pese a todo lo dicho, que a don José Miguel Gambra no le agradan los homenajes. Sigue en ésto también al titular de nuestro Círculo, el gigante Alberto Ruiz de Galarreta, quien los rechazaba siempre del modo más enérgico. Habrá de disculparnos, sin embargo, el Prof. Gambra, pues por nuestra parte no podíamos dejar de cumplir el deber de gratitud y reconocimiento que tenemos contraído con él: más que de un homenaje o elogio, se trata de un sencillo acto de justicia y de piedad hacia aquel que —desprovisto de todo énfasis o pretensión— ha dejado impreso, en cada pequeño detalle de su obra (escrita o no), el sello del mejor magisterio. En efecto, no estamos ante un mero erudito o filólogo, sino ante un verdadero filósofo; ante un auténtico sabio y, como tal, nada «resabiado». No es un simple teórico, en fin, sino un gentil caballero al servicio de la verdad. Tradicionalista de una pieza, dignísimo continuador natural de ese «tradicionalismo integral» que en Rafael Gambra encontrara el Prof. Miguel Ayuso, y que nuestro hombre aprendió y vivió desde niño, del modo más connatural e íntimo.
Para terminar, permítasenos una coda. Esta sucinta presentación no estaría completa si no subrayásemos una cosa más respecto al contenido que ofrece este libro. Y es que, junto a los elementos más doctrinales o teoréticos, en los textos aquí reunidos también encontramos —destacadamente en el tercer capítulo— algunas pautas prudenciales directamente ordenadas a orientar la acción política concreta. Los más importantes de estos criterios se encuentran, sintetizados a modo de decálogo, en el último de los textos recogidos y que hemos situado deliberadamente al final del libro como colofón, ya que constituye una suerte de examen de conciencia para el apostolado político que cotidianamente desarrollamos en los Círculos carlistas y en las restantes asociaciones o fundaciones amigas de la Comunión Tradicionalista.
A toda ella le ofrecemos, además de al propio autor, los buenos frutos que pueda dar este pobre pero sincero tributo de gratitud que hemos intentado rendirle al maestro, correligionario y amigo de corazón que es don José Miguel Gambra.
Juan Oltra, Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia)
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