Inmovilismo con barniz de Hispanidad

es necesario pensar mal

Congresista de izquierdas, Jaime Quito, con un cartel que dice «Dina, el pueblo te repudia» en el más reciente mensaje a la Nación. Fuente: Radio Exitosa

Se ha cumplido el 204 aniversario de la separación del Perú de la otrora monarquía hispánica. El aniversario de este hecho es siempre ocasión de ceremonias concentradas para legitimar aquella sucesión de eventos. Una de las más notorias es el discurso presidencial.

La señora Dina Boluarte, actual huésped de la casa de Pizarro, nos regala el irrenunciable sopor de oír, en los últimos tres años, interminables discursos que son más una relación de actividades con alguna que otra floritura pretendidamente elegante. En esta ocasión nos motivó con la excelente enumeración de las muchas obras que dice haber realizado, y con la oportunista mención de la elección del prelado Robert Prevost como pontífice León XIV. Dicha elección le sirve como elemento potenciador del turismo en el norte del Perú y también como muestra de su legitimidad en cuanto depositaria —aunque esto más bien sea un abuso— de su confianza para alcanzar la estabilidad del país, extendiendo en el clímax de su comodidad, un discurso todavía más largo que el del año pasado.

Pero estas no fueron las más descaradas perlas de la diadema soporífera que se brindó. Si bien en el discurso del 2023 se instrumentalizó el centenario del maestro Ugarte del Pino, en esta ocasión apeló sorpresivamente al origen hispánico del país, señalando correctamente cómo es forjado por la síntesis castellana y andina. Además de mencionar el valor histórico del virreinato en la formación americana, también recordó la matriz cristiana de nuestra cultura.

Autorías aparte de este, hay que reconocer que es sorpresiva la lucidez que emana el discurso, pero, es necesario pensar mal.

Más que relacionarse con una deriva o cambio de paradigma del gobierno, es bueno recordar que la actual ocupante de la silla presidencial está allí en parte por pertenecer al gobierno de Pedro Castillo, en el cual no es necesario hablar de su identificación izquierdista y su rescate del mariateguismo.

No debemos engañarnos, aquella parte del mensaje fue pensada tanto para complacer a la derecha política —no es necesario recordar la vergonzosa ambivalencia del alcalde de Lima con ella— como también para intentar captar a algunos ingenuos hispanistas haciéndoles pensar que el gobierno está a su favor.

Se trata de una demostración simple de la razón de Estado (mejor llamada, la razón del diablo) además de la aplicación de la ley de hierro de la oligarquía, ahora aplicada de manera que actúe de soporte del gobierno de la ocupante del sillón presidencial, apareciendo como su protectora. Es de interés que haya un peso de voces que buscan mantener la memoria católica y rescatar la memoria hispana de nuestro país, pero este discurso es posible por la desorganización tanto doctrinal como operativa de aquellos grupos que pueden acabar siendo usados para motivos tan oportunistas como el de legitimar un gobierno fracasado.

Para terminar, si usamos la máxima mellista de poner «los tronos a las causas y los cadalsos a las consecuencias» tenemos que recibir esta clase de mensajes con un sano escepticismo. Aunque puede ser una de señal que ese legado hispano que defendemos tiene un peso al retomar los palcos de gobierno, nos debe poner alerta frente a motivos banales que buscan instrumentalizarlo.

Maximiliano Jacobo de la Cruz, Círculo Blas de Ostolaza

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