El pasado dos de agosto de 2025, la fundación Idearium Caribe (registrada como Idearium Caribe Co en el Estado de Georgia, EE. UU.) realizó una digitalización de la obra titulada «Reivindicación del mariscal asturiano Bobes» de nuestro correligionario, en paz descanse, Jesús Evaristo Casariego (1913-1990), insigne prohombre del tradicionalismo hispánico y del carlismo. Sin dejar de lado su prolífica carrera como autor, escritor, catedrático e incluso polemista. La obra en cuestión, que ha sido curada y digitalizada con el fin de brindar a las nuevas generaciones las antiguas polémicas históricas entre los grandes hombres de las letras y las ciencias sociales. Brindaremos algunos detalles a modo de explicación preliminar para ahondar en una reseña general, si se puede, de la obra.
La fundación Idearium Caribe
La ya mencionada fundación surge en el año 2024 como la iniciativa de unos jóvenes venezolanos para promover, en primer lugar, el estudio de la sociedad venezolana (su origen, sus principios, sus valores y su signo nacional). La venezolanidad es el objeto de estudio, pues, de Idearium Caribe aunque la fundación, como ya veremos más adelante, no se reduce sin más al ámbito venezolano. Idearium Caribe es una oda a los principios fundacionales de la América española, pues lleva dentro de sí un espíritu tradicional, movido por la Cristiandad, la Hispanidad y la Latinidad. Como sociedad de estudios, aglutina un sinfín de jóvenes individuos dentro de los distintos ámbitos de conocimiento y los diversos estilos literarios que la plataforma, que es concebida también como una revista atemporal, aporta.
Ensayos, artículos, polémicas, reseñas literarias, reseñas cinematográficas, entrevistas e incluso boletines para informar sobre la actualidad hispanoamericana. El proyecto, a través de su boletín por ejemplo, ha aglutinado autores de todas las nacionalidades para colaborar con el esfuerzo común de recuperar la venezolanidad y la hispanoamericanidad. La fundación se ha caracterizado por recuperar libros, como sucede en este caso con la obra del señor Casariego, de difícil acceso, libros que están fuera de imprenta, que han desaparecido del mercado o que, con sus pocos ejemplares, están en mal estado o pésimas condiciones físicas. Entre los últimos logros de la fundación, está el haber colaborado con la Academia Nacional de Historia de Venezuela, la Academia Nacional del Táchira, el Ateneo del Táchira y la Red Historia Venezuela. Gracias a esta colaboración, por ejemplo, se han puesto a disposición varios repositorios de obras sobre la historia republicana de Venezuela.
El proyecto Idearium Caribe, a diferencia de otros, no es ideológico y no se propone agendas políticas de ningún tipo, sino que se dirige a la regeneración de las virtudes tradicionales del hombre hispanoamericano, digno heredero de una civilización como la española y la romana.
La adquisición de la obra
La obra fue adquirida en una librería argentina de nombre El Shinkal. Gracias a la diligencia de los proveedores, se envió el libro en condiciones decentes a los Estados Unidos de América para ser digitalizado con un CZUR ET25 PRO, uno de los escáneres a disposición de la fundación Idearium Caribe. El proceso de digitalización tomó unas pocas horas gracias a la tecnología empleada y a la fiabilidad del artefacto. Según la investigación hecha por el equipo de Idearium Caribe, se trata de uno de los poquísimos ejemplares vivos de la obra en cuestión. Gracias al arduo trabajo, hoy contamos con una versión digitalizada con la mayor calidad del libro sobre el caudillo asturiano José Tomás Boves, figura enigmática dentro de la Guerra de independencia venezolana.
La obra: una polémica historiográfica
La obra no es un libro en sí mismo, sino que es una polémica recopilada por el señor Jesús Evaristo Casariego. A raíz de escribir un artículo denominado «Simón Bolívar y la Hispanidad», publicado entonces en la revista de Madrid Fotos. El artículo, que viene a ser un balance sobre la independencia y sus resultados, genera malestar en círculos cercanos a la legación diplomática venezolana y produce la sobria contestación del señor, e insigne historiador venezolano, Caracciolo Parra-Pérez. Estamos, como reconoce cuarenta y tantos años después Casariego, en una polémica entre un joven mozo (pues Casariego estaba en su segunda década de vida) y un veterano historiador aclamado en Venezuela no solo por su seriedad, carácter científico y producción literaria, sino por su carrera política y diplomática.
Aquí yace recopilada la correspondencia entre los dos señores, Casariego y Parra-Pérez. El primero defiende el realismo de José Tomás Boves, mientras que el segundo, fiel a la historiografía venezolana, sostiene que Boves no peleaba por el rey, ni por nadie, sino por y para Boves. Ambas contestaciones son magníficas e incluso podrían considerarse parte de un diálogo, más que de una simple polémica. Es cierto, el tono sube en las cartas pero en otros momentos baja y hay intercambios muy interesantes. El señor Casariego es fiel a la tradición de historiadores como Luis Bermúdez de Castro, que ya había escrito una obra sobre José Tomás Boves y es referenciado continuamente entre las cartas.
Casariego, que ya le conocemos por aquí en el carlismo, es orgulloso en la defensa del honor peninsular y realista. Parra-Pérez es republicano, por supuesto, pero no es un detractor de la civilización hispánica en América, ni mucho menos. Al contrario, hace referencia a que la reivindicación de Boves haría un flaco favor al hispanismo por los crímenes cometidos por el señor Boves pero, como dice Casariego en la introducción que agrega producto de la segunda edición de la obra, la crueldad es parte de la historia y esta no ve de bandos, mucho menos en las contiendas civiles. En fin, uno de los detalles que hay que resaltar sobre la mirada historiográfica peninsular de la figura de Boves, un poco menos difundida que la óptica venezolana y americana, es la vida del señor Boves antes de los acontecimientos de la independencia. Por ejemplo, el que estuvo en la Marina mercante española, que estudió Náutica y que todavía en Venezuela, guardaba correspondencia con su madre. Apreciamos también aquella polémica entre si era Bobes o Boves, unos defendiendo un punto y otro aunque, en honor a la verdad, Boves sea también Bobes, ya que nació Bobes y terminó escribiendo su nombre, como apreciamos en decretos y órdenes firmadas por su persona, como Boves. Esta polémica es de obligatoria lectura para todo aquel que quiera estudiar la Guerra de independencia venezolana y la figura de José Tomás Boves, que si bien no es angélica (pues nadie es querubín en guerra), hay que estudiarla con la misma fuerza con la que se estudia a Bolívar u otros personajes del período.
Casariego, cuya sed de conocimiento y vigor intelectual conocemos de sobra, en la segunda edición aporta unos apéndices sobre la figura de Boves (algunos interesantísimos, como aquel que explica el origen de su apellido, sobre su familia y el despacho póstumo oficial a favor suyo) y una amplia bibliografía que también vale la pena revisar. De esta polémica extraemos muchas conclusiones y aunque uno solamente pudiera tener la razón, porque es la norma, no siempre es blanco y negro como también reconocerá Casariego en la introducción a la segunda edición. En sus propias palabras: «Es posible que algunos lectores se pregunten (como me pregunté a mi mismo) si mantengo los ideales y las valoraciones que se manifiestan en estas páginas. Y les respondo y me respondo que sustancialmente sí, aunque con diferencias de matices, incluso de matices de gran importancia. Y ello es lógico: ningún hombre a los sesenta y tantos años ve las cosas de este mundo como las veía a los veintitantos». Jesús Casariego también reconoce la solvencia y el valor de las pruebas historiográficas aportadas de lado y lado: «Pero respondo, por lo que a mi texto se refiere, que todas las citas son exactas (prueba de ello es que el Dr. Parra no las rechazó); y como menciono los títulos y añado una bibliografía, es posible comprobarlas. Y lo mismo me atrevo a decir del texto del señor Parra, dada su solvencia científica y la seriedad de toda su obra. Él era entonces un verdadero maestro veterano y yo un mozo tan sobrado de audacias y de bríos como falto de experiencias y de maduro reposo para mis conocimientos librescos de aprendiz de erudito».
Los debates historiográficos deben ser difundidos, revisados y actualizados según las necesidades históricas. Los debates en materia histórica siempre tienen vigencia, aunque hoy día queramos prescindir de ellos creyendo que han sido superados. La verdad detrás de todo el asunto es que siempre, pero siempre, vendrán nuevos hallazgos o nuevos elementos probatorios. Los debates revivirán eventualmente, aunque los demos por cerrados. La clave del diálogo, del entendimiento, entre españoles peninsulares y españoles americanos está en el entendimiento de la historia común, pues si algo hay que decir es que la historia republicana, en el caso nuestro, es tan sólo un segmento pequeño de la historia patria. Lo mismo en el caso peninsular: la historia nacional, de la España cerrada, isabelina, liberal, es tan sólo un corto segmento o episodio de la historia patria.
Alejandro Perdomo Fermín, Círculo Tradicionalista Pedro Menéndez de Avilés
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