Nuestro Señor, hijo de Dios y encarnado por nuestra salvación, a diferencia de los dioses de los paganos, que son demonios, nos enseñó que si la verdad es callada hasta las piedras hablarían.
Como una de estas criaturas inertes, un hombre supuesto senador del ilegítimo Congreso Mexicano mencionó hace poco que la no tan nueva «Suprema Corte de Justicia de la Nación» carece de legitimidad de origen. Esta es una absoluta realidad jurídica innegable para el verdadero jurista civil que pueda estudiar las secesiones americanas, pero dicha ilegitimidad no comienza con la reforma que introduce el teatro del principio electivo para la designación de los titulares del Poder Judicial, es espuria desde que se creó el tejido sintético de este ropaje del masónico emperador; por el contrario, la izquierda mejicana no es sino completamente congruente al informar los enunciados constitucionalistas a todo el andamiaje burocrático del Leviatán.
Este tema es de nuevo subrayado por la toma de protesta de los nuevos ministros el día 1 de septiembre, que comenzó con un teatro de bendición «invocando» falsas deidades indígenas, y terminó con la apertura de puertas de la Corte mientras los mismos sostenían un «bastón de mando».
Lo más característico de estas teatralidades es la forma en que se enunció la «oración» a Quetzalcóatl, en un tono muy parecido a la oración protestante. ¿Estos hombres de verdad creen que un demonio les pide menos que una guerra florida o sacrificios humanos? Claro que no, saben perfectamente que es un teatro, así como tampoco tienen fe en Nuestro Señor, ni honra a sus padres que los libraron de esas despreciables costumbres y les dieron patria cristiana, ni intención pública alguna de seguir la verdadera justicia civil (que comienza obedeciendo al Católico Rey y abandonando falsas políticas), pero ese cinismo tan potente a cualquiera con un poco de inteligencia le debería importar suficiente evidencia para advertir la ilegitimidad de todo desde sus conspiraciones decimonónicas, no desde el 2018. Y si algunos desprevenidos no lo saben, he aquí: Solo Nuestro Señor, sus santos y su única Iglesia son el medio de salvación y civilización, los paganismos indianos además de barbáricos no son nada pedagógicos al hombre, y si algo tienen es completa extranjería a sus prácticas de yogas y vibras, es imposible rezar a Tláloc por la lluvia, por menos de un execrable sacrificio humano no les darán siquiera un grano de maíz.

Así, mientras algunos peninsulares con menos hidalguía que los tlaxcaltecas se preocupan por sudamericanos de tez oscura ocupando sus individualistas puestos de trabajo protestantoides y teniendo dos hijos en lugar de perritos como ellos, al sonar del reguetón y la llamada a la idolatría a la Meca en la calle donde ellos han cesado las procesiones por ir contra el espíritu del Concilio, los que sirven a las varias mezclas de fachadas de logias derechistas (a sabiendas o en ignorancia) llaman en América a resistir por medio de juicios de amparo (que ya no se radicarán siquiera), o de la ocupación de los puestos como una «infiltración» (ejercicio inane por el diseño del antisistema).
Esto es una contradicción lógica y jurídica. Para ejemplo, el aparato de naturaleza penal, que parte de errores epistemológicos sobre el conocimiento de la verdad y con una institucionalización del punitivismo como justicia, a la vez inmisericorde y propiciador de la impunidad, esto por la letra de sus leyes fundamentales, que demanda absoluta observancia sin lugar alguno a lógica y analogía, salvo por la razón de varias notas fiduciarias del banco central, pero eso es casuístico e inaplicable a los «santos» como ellos; más se invita a ver cuántos funcionarios en su ponencia, fiscales y pares siguen el imposible ejemplo a la Rousseau o Maquiavelo.
¿Qué pensar entonces? Mejor el enemigo pagano frontal, que el laicista que se juega amigo, ya que se bautiza o se enfrenta, hoy, desde la recta formación y el verdadero ejercicio político a través de los Círculos fieles al Rey Legítimo desde su Secretaría Política.
Mejor el ficticio copal a Quetzalcóatl, demonio y falseario, que el Te Deum entonado por un independentista bajo la careta de Fernando VII. Ya se ha vencido uno, y llegará el triunfo del Inmaculado Corazón sobre la misma serpiente.
Juan González Flores, Círculo Tradicionalista Celedonio de Jarauta.
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