Los pésimos proyectos de grado universitarios (I)

Estos factores combinados traen como resultado a estudiantes que no pueden redactar un sencillo párrafo ordenando sus ideas, por más que ya cursen el último semestre de su carrera

Libro quemándose / Novostí i reportazhi

Elaborar un proyecto de grado es una tarea titánica que sirve de filtro para ver quiénes merecen la licenciatura y quiénes no. Lamentablemente, en la actualidad, el proceso para elaborar aquellos documentos académicos adolece de problemas. Hablaré del tema desde mi experiencia como tutor de proyectos para postulantes a defensa de grado en universidades privadas en Bolivia, pero seguramente las situaciones aquí descritas se pueden extrapolar a otros países.

El tiempo del estudiante es crucial para elaborar un buen proyecto: es humanamente imposible producir algo decente si el plazo es corto. Resulta que algunas universidades exigen al alumno que cursa último semestre cumplir una carga horaria adicional. En el caso de cierta universidad boliviana, se le pide hacer trabajo dirigido (prácticas en alguna institución) y «proyecto integrador» (dizque «soluciones creativas a problemas reales»).

Cuando pregunté a un director de carrera de esa universidad acerca del poco tiempo que se da a los alumnos para elaborar su proyecto, me respondió «ni modo», argumentando que así es como se tienen que acostumbrar los jóvenes a administrar su tiempo para «no dormir», con tal de cumplir con los plazos de entrega de avances de su proyecto, porque «la vida laboral es así». Parece que la persona en cuestión olvidó que la situación actual de las cosas no tiene por qué ser tal cual es, y que los hechos no cambian los principios.

Otro factor es la deficiente formación de los jóvenes en redacción académica, fruto de dos frentes de batalla donde les disparan con facilidad: la escuela y la tecnología. Por un lado, en la primaria y secundaria, se les brinda a los muchachos una insuficiente instrucción en ortografía, sintaxis y gramática, y muchos carecen de capacidad de síntesis o de interpretación literaria.

Por otro lado, en la costumbre popular hipertecnológica, muy arraigado está el vicio de sobrecargar la mente de contenidos digitales, sobre todo los peligrosísimos videos de TikTok, reels de Instagram y de Facebook o shorts de YouTube, lo cual habitúa al cerebro a la información breve y a llenarlo de estímulos sin meditar sobre los datos recibidos. Claro está que lo malo no es consumir ese contenido en sí, sino hacerlo sin moderación, pero lo cierto es que el consumo inmoderado tiene más probabilidades de ocurrir en mundanos, o para decirlo más «suavecito», en almas incrédulas que no piden el auxilio de la gracia para moderar sus apetitos.

Además, está el hecho de que, debido a la rapidez con la que se producen los contenidos para captar obsesivamente la atención de la audiencia, los negocios y marcas que publican videos para redes sociales descuidan con mucha frecuencia la redacción de su material. Esto genera en el receptor del mensaje (en nuestro caso, los jóvenes universitarios) la idea de que no hay problema si escribimos como nos da la gana, y que nadie nos va a controlar ni a exigir que expresemos bien nuestras ideas por escrito.

Estos factores combinados traen como resultado a estudiantes que no pueden redactar un sencillo párrafo ordenando sus ideas, por más que ya cursen el último semestre de su carrera. En consecuencia, no aplican como deberían las normas de la American Psychological Association (APA) en su 7.ª edición.

Al parecer, los docentes tampoco exigen mucho a sus alumnos, pues parece que se rindieron ante la ineptitud estudiantil. Fruto de esa laxitud es que hay docentes aprueban fácilmente a los alumnos sus proyectos de grado en todas las fases de avance, llegando el trabajo a la defensa final con muchísimos errores no solo de redacción, sino también de metodología; eso es lo que yo he visto.

Hablando de metodología, enseñar a investigar con rigor académico puede requerir hasta 2 semestres, pero hay universidades donde solo hay una asignatura de metodología de la investigación, con un solo docente que debe guiar, revisar y retroalimentar a 30, 40 o 50 estudiantes a la vez, leyendo cuidadosamente los trabajos de investigación de todos ellos. Humanamente, eso no alcanza para capacitar bien a tal cantidad de alumnos, además de que el bajo salario de la institución tacaña no motiva.

Y un detalle muy interesante que noto es que a la mayoría de los alumnos se les permite y alienta a usar encuestas y entrevistas como únicas técnicas de investigación. Raros son los casos que he visto donde se implemente la recopilación documental, que hasta ayuda a ahorrar tiempo y dinero respecto a otros métodos, ¡y el requisito primordial es saber leer!… salvo que el alumno no sepa interpretar y sintetizar, como parece ser el triste caso de la mayoría.

Lucas Salvatierra, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista.

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