Las palabras del Evangelio causaron la perplejidad en Tierra Santa en tiempos de Nuestro Señor, como ciertamente producen pasmo en todo tiempo, en todo el mundo.
Y es que la fuente de la doctrina sagrada que custodia la Iglesia reside en la verdad y la justicia divinas. Por eso, allí donde se reúne aunque sea un puñado de verdad y de justicia se levantan toda clase de perplejos: unos con afán vívido por lo cierto y lo justo. Otros, para combatir enrabietados lo recto y lo debido.
Algunos de estos elementos se han lanzado —casi como posesos— contra Ana Iris Simón en los últimos días. Doña Ana ha expuesto valientemente la verdad y ha reclamado justicia ante los acontecimientos tristes de Tierra Santa. El llamado Estado de «Israel» busca ultimar su matanza indiscriminada de inocentes, bajo pretexto de pintar como terroristas a mujeres, ancianos y niños. Hamás es ante todo su excusa, el paraguas bajo el que también se matan curas y se bombardean parroquias católicas, como la Sagrada Familia de Gaza, se coloniza Belén, donde nació el Mesías, o se arrasa el remanente cristiano en Líbano y Cisjordania.
Hamás es, en fin, la alfombrilla retórica para tapar el monto de civiles muertos a manos del Estado sionista, que asciende ya a varias decenas de miles. «Israel» justifica oportunamente con Hamás —organización que la propia inteligencia sionista fomentó— la destrucción de toda infraestructura civil de Gaza: hospitales, colegios, intendencia, comercios, viviendas. Y, bajo este pretexto hecho a su medida, fuerza a la población gazatí a la diáspora o a la aniquilación.
Porque pueden hacerse distingos, introducir matices y notar cuestiones adyacentes, como la disposición política que toca a la Palestina. Pero, como quedan muchos españoles que no somos idiotas, sabemos diferenciar entre los matices y los sofismas que justifican esta masacre impune.
Es curioso que el primer aprovechamiento de la Franja amparado en esos sofismas, a propuesta mutua del gobierno «israelí» y del genio negociante de Donald Trump, sea un resort turístico. Todo fines y medios nobles.
Como la verdad de esta sangre inocente clama al cielo, y como es justo exigir que termine la matanza, hacerlo ha granjeado a doña Ana Iris una recua de desalmados, que espurumajean las peores injurias. Contra lo cierto y lo justo arrojan sus falsedades y su iniquidad.
Que el lobby sionista @ACOM_es fantasee con mi violación y la tortura de mis hijos (con psicología inversa, eso sí, porque tontos no son) tiene consecuencias: sus esbirros acosándome con mensajes como este.
Son una organización dedicada a promover el odio. https://t.co/wj542tQJkB pic.twitter.com/bsBvS9PunV
— Ana Iris Simón (@anairissimon) September 21, 2025
Algunos de ellos, más sibilinos, se envuelven en una rojigualda para recriminar a Ana Iris Simón: ¿qué gana España reprochando a «Israel»? O ¿qué gana España con una defensa como la de Ana Iris Simón?
A estos, me animo a responder: no es preciso militar en esta Comunión para acertar en el bien o la justicia en ocasiones como ésta.
España gana con cada español que señala la injusticia. España gana con cada español que, fiel a su raíz, busca desprenderse de todo liberalismo disolvente. España gana con cada español que identifica a quién tiene parte en la esclavitud presente de la patria. España gana con cada denuncia al trampantojo yanqui y prosionista en nuestra tierra, que resulta antinatural aunque se trasvista con la enseña nacional.
Si existe alguna batalla cultural, sólo la hay en la medida en que sea instructiva y forme verdaderamente a los españoles. Y la única formación que merece ese nombre es la que instruye en la verdad y en la justicia.
Roberto Moreno, Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid
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