Treinta años de columnismo tradicional

Prada «desprecia la calderilla de la fama y pondera el oro de la posteridad»

Juan Manuel de Prada, junto al director de ABC, Julián Quirós, y el también columnista Ramón Palomar, en el acto de conmemoración del trigésimo aniversario de su colaboración como columnista en el diario. FARO.

ESPAÑA, MADRID El Aula de Cultura de ABC inauguró ayer su nuevo curso académico con un homenaje a Juan Manuel de Prada, en el trigésimo aniversario de su colaboración como columnista en el diario. Frente a la numerosa concurrencia, la tertulia evocó con emoción sus inicios en 1995, cuando, con apenas veinticinco años, publicó Recuerdos, texto en el que ya latía la impronta de un estilo llamado a marcar la opinión española.

Acompañado por el director de ABC, Julián Quirós, y el también columnista Ramón Palomar, Prada conversó distendidamente con sus contertulios con ocasión de las tres décadas de escritura en las que, sin dejar de ser novelista de fuste, ha cultivado el artículo periodístico como forma literaria y como testimonio de nuestro tiempo.

El acto, que tocó numerosos palos sobre los entresijos del periodismo, la peculiar figura del colaborador y repasó a modo de ejemplo acontecimientos recientes y antiguos, sirvió no sólo de celebración de una trayectoria, sino también de reflexión en torno al destino de la prensa escrita y al papel del columnismo en la vida cultural.

Con la misma vehemencia que le ha caracterizado, Prada expresó su deseo de concluir sus días escribiendo en ABC, medio al que elogió, especialmente en las figuras de su actual director, Quirós, de Luis María Anson, primer director al que conoció, y de Santiago Castelo.

El colaborador, tesoro de la prensa convencional

Quirós introdujo la tertulia remarcando la relevancia de la figura del colaborador o columnista. Prada, junto con él y Palomar, departieron rápidamente la diferencia entre el colaborador y «el militante» de consigna editorial, perfil ideológico.

El colaborador que se busca habitualmente en prensa, tipo que Prada encarna con un genio propio, no se alinea necesariamente con la línea editorial del medio. El columnista de valor, en este sentido, lo cobra por dar un aire y un tono propios a sus escritos.

De este modo, le vale al medio convencional como «respiradero» simbiótico, librándole de tentaciones monolíticas, y si es talentoso arrastra y lleva a una serie de lectores fieles al medio.

Así, Quirós, como Palomar, encarecieron la imprevisibilidad y el juicio propios de Prada, que ubicaban en la médula de su éxito como columnista, con más de 6.000 artículos a sus espaldas, entre ABC y XL Semanal, y en su veteranía pese a la juventud para lo que es este oficio.

El oficio de «escritor de periódicos»

Con el matiz de artesanía que ha de caracterizar este oficio, Palomar rescató el término decimonónico de «escritor de periódicos» para describir el desempeño literario de Prada en este formato. La tertulia, sin caer en sórdida sesión de periodismo, legó criterios expertos y de prudencia para los interesados en la labor, que en LA ESPERANZA anotamos con atención.

Prada expuso claramente la perspectiva del columnista en esa contribución al periódico. ¿Cómo se concreta esa artesanía, o esa imprevisibilidad? Cuando uno escribe en prensa, ha de ser consciente del contexto, y de alguna manera hay que tener en cuenta el agrado del lector.

Pero aquí aparece el primer gran peligro para el escritor: la tentación de «halagar al lector». Con el riesgo de quedar secuestrado por parte de su público. En esto se derrumba cualquier imprevisibilidad o juicio propio con los que se quería pintar al escritor de periódicos modelo.

El otro gran riesgo, naturalmente, es que la línea editorial del medio quiera plegar al columnista, y que éste se deje, de modo que se convierta en ese cierto gacetillero militante de la directiva de que antes se habló. Aquí se llega a uno de los elementos de la politización de la prensa, fenómeno periodístico de nuestro tiempo.

«El oro de la posteridad»

Quirós planteó una de las cuestiones más interesantes: ¿ha cambiado el columnismo en esos treinta años de labor? En cuanto columnista, Prada adujo que la reducción de espacios, forzada por la inmediatez de la lectura, es un cambio.

Poniéndolo en relación con esa politización partidista de la prensa, el elemento digital y las redes sociales han comportado muchos trastornos. La inmediatez habitual de consumo ocioso de contenidos está directamente relacionada con un deterioro intelectual de la población.

Una mayoría de personas que cada vez leen más, en realidad leen menos. Estamos ante una masa, digitalizada día y noche, que comprende peor lo leído hasta llegar a graves bajuras civilizatorias. Hay una incapacidad frecuente de diferenciar el uso enunciativo y el uso figurativo del lenguaje. Sentenció: «internet ha destruido las mentes».

No es sólo un asunto tecnológico, como tampoco la tecnología es social o políticamente neutra. En las últimas décadas ha sucedido una degradación antropológica que nos lleva a considerar con ironía no la evolución de las especies, sino una hipótesis de la «involución de las especies». 

En esta degradación, azuzada política y económicamente, el régimen del 78 ha tenido un rol principal con el fin de envilecer a los españoles. Otros aspectos coyunturales a la politización de la prensa es la proliferación mediática de tertulias políticas desde hace décadas, donde los periodistas de todos los medios han encontrado acomodo. El asunto político ha ido copando las parrillas de la prensa, y los medios han ido transfigurándose en armas partidistas casi plenas.

En este escenario, el columnista ha perdido su influencia canónica, pues ha mermado el número de lectores convencionales. Pero, por otra parte, su potencial impacto se ha visto incrementado indefinidamente, en general para mal: cualquier artículo rutinario puede llegar a hacerse «viral», como sucedió a Prada cuando habló el octubre pasado de la cuestión palestina, o cuando dio un «pertinente puñetazo en la mesa» ante las negligencias criminales de la gota fría de Valencia.

Cuando esto sucede, hay, por un lado, cierta organización detrás. Suelen ser los detractores quienes movilizan una presión sistemática contra un tema o una persona. Por otro lado, esto sólo es posible con el manejo de masas cretinizadas de diversos negociados que actúan ciegamente, como por resorte, ante estas mociones.

Mantenerse durante 30 años en estas procelosas aguas es un logro verdadero. Y hacerlo con honra sólo es posible manteniéndose insobornable a la lisonja de los poderes y a la esclavitud del público agradado. Palomar parafraseó un personaje de la Mil ojos esconde la noche, última novela de Prada, para describir la actitud de don Juan Manuel: «desprecia la calderilla de la fama» y pondera «el oro de la posteridad».

Varios miembros del Círculo y de la Junta directiva del Antonio Molle Lazo, de Madrid, pudieron acudir a este acto señalado y disfrutar de un reconocimiento más que merecido para don Juan Manuel de Prada.

Estuvieron también presentes, saludando a don Juan Manuel, don Miguel Ayuso, presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, y el laureado jurista don Fernán Altuve Febres, miembro de número del Consejo y presidente de la Academia Peruana de Ciencias Morales y Políticas.

Agencia FARO/Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid. R. Moreno.

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