El mundo pagano está lleno de deidades y filosofías dualistas, varios son sus demonios, el Ying y el Yang, el Karma y el Darma, y demás animales con brazos y colores espectrales. No fue extraño tampoco a las herejías primitivas —que siempre renacen fuera de la Iglesia en las múltiples sectas, el Marcionismo quiso postular también esta falsedad enfrentando a un mono de Dios en el Antiguo Testamento con una visión buenista del Evangelio, error condenado que resuena entre quienes buscan reinterpretaciones de la Escritura para alimentar su dialéctica liberal.
Todos se juegan el falso bien y el mal, que siempre es falsedad del bien. No es coincidencia que los racionalistas entronizaran a una diosa Razón con sus sacerdotes civiles de la primera derecha después de la diabólica revolución francesa, a juego que le seguiría el satanismo ateo norteamericano (de matriz Talmúdica pseudosemítica), pues si bien su finalidad compartida es la blasfemia para vejar al Régimen Real aparentemente vencido, su verdadero origen es de las logias y los gnosticismos como instrumentos del demonio para abolir al Principio de Autoridad, el Katejon, y aperturar la tiranía del hombre de la perdición, el Anticristo, en múltiples errores como son el Naturalismo en Filosofía, con su hijo político Rousseau, considerando al hombre de pretendido estado natural «no corrompido por la sociedad» como «bueno» por completo, y el Maquiavelismo como el máximo exponente de la desmoralización de la política justificando los medios por el supuesto fin, fantasma de perversa inspiración de tantas dictaduras corruptas que en su afán de absolutismo ilustrado han alimentado el ambiente que hoy empobrece y violenta en carne y alma a los hombres de este siglo.
Su herramienta ideológica ha sido así, a través de las tesis de Hegel, postulando un falso bien, que puede adoptar varias causas reales cuya defensa aislada es inane, el aborto, la familia, la dañina libertad de expresión, la portación de armas, el pueblo Palestino (para la Derecha el Sionismo), y creando males de paja como las señoritas de tintes multicolor, los afeminados y enfermos mentales.
No cabe duda de que el reciente y cobarde asesinato del comentador Charlie Kirk se convertirá en la nueva fachada de la derecha para denunciar los males del liberalismo alimentando al mismo cuervo que ha sacado los ojos a la disociedad estadounidense. Pero la diabólica izquierda, la honesta herencia del demonio, no ha olvidado verdades que el pusilánime conservadurismo sí. Ellos sí se alegran de la muerte de sus enemigos, la desean, y les dan muerte de espada (con absoluta injusticia), usan la censura, consideran (o fingen hacerlo) a los marginados y pobres, a los enfermos, hacen artificiales sindicatos para los gremios e imprimen (o roban en tributos) notas bancarias para pensiones paupérrimas.
Hasta que los adscritos a Panismos, Republicanismos MAGA o Never-Trump, Voxers, Groypers, y cuanto grupúsculo existente en la Derecha, no den con esas mismas verdades cuyos pretendidos adversarios les han velado, y con la mayor de ellas, la Realeza Social de Cristo en su entereza, siempre serán oposición gatopardista a los regímenes modernos.
La lucha del demonio no es una «guerra civil», es una rebelión contra Cristo Rey y su Esposa la Iglesia. Contra las dos espadas de Nuestro Señor. No somos de Baal, de Bugnini, del Concilio, de los confederados ni de Lincoln, somos de Cristo Rey, solo a Él debemos ser sus vasallos en las Segundas Causas que la Divina Providencia ha dado en su bondad para cada cual según su patria, en el caso español de todo el orbe, al Rey Legítimo Don Sixto Enrique de Borbón, y según la gracia, en la Santa Madre Iglesia Católica y Apostólica.
Sea vuestro hablar si, si, no, no. Todo lo demás viene del demonio.
Tu autem Domine, miserere nobis.
Deo gratias.
Juan González Flores, Círculo Tradicionalista Celedonio de Jarauta
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