Nuestra Señora del Pilar, la Hispanidad y Puerto Rico

Cada piedra, ladrillo, adoquín columna o soporte en las nuevas iglesias fundadas en América son una extensión simbólica del Pilar de Zaragoza, una red espiritual que une a España con el Nuevo Mundo bajo la protección de una misma Madre.

La historia de la Hispanidad no puede comprenderse sin mirar a aquel pilar de Zaragoza, donde la Santa Madre de Nuestro Señor, aun viva en carne mortal, se apareció al apóstol Santiago para sostener su fe y confirmar la misión evangelizadora que debía llevar la Luz del Evangelio hasta los últimos confines del mundo. Allí, en torno a aquel pilar, nació el primer santuario mariano de la historia de la Cristiandad, y con él, el primer vínculo espiritual entre el cielo y la adoración apostólica de España, que en aquel momento era la península de Hispania, parte del imperio romano.

El pilar no solo es la piedra materia, sino símbolo de la firmeza de la fe; la roca sobre cual se edifica la Cristiandad hispánica; la señal visible y tangible de que Nuestra Seria Inmaculada acompaña la misión de sus hijos espirituales aquí en la tierra.

Según la tradición, la Virgen María se apareció al Apóstol Santiago a orilla del río Ebro, prometiendo que la fe no desaparecería jamás de aquella Hispania. Este acto ocurrido en los albores del cristianismo, convierte a la Virgen del Pilar en el fundamento de la fe Ibérica, antes incluso del martirio de los apóstoles.

En el Antiguo Testamento, el pilar era signo de la presencia de Dios (Éxodo 13, 21). En el Nuevo, el Pilar de María se convierte en el símbolo de la Iglesia; firme, maternal y sobre todo, perpetua. España, al recibir esta promesa, fue elegida para ser columna de la Cristiandad Universal, portadora de la fe de las naciones.

Por eso el lema de Zaragoza «¡No he de caer jamás!» expresa la promesa divina de que, por intercesión de N. Sra. María, la fe católica permanecerá firme donde ella sea Venerada.

La devoción del Pilar viajó con los conquistadores y misioneros a América, especialmente con los aragoneses y castellanos, que consideraban a la Virgen su estandarte. Los estandartes de los Tercios llevaban su imagen, y los navegantes invocaban su protección antes de zarpar hacia el Nuevo Mundo.

Así la Virgen del Pilar se convirtió en la madre espiritual de la empresa evangelizadora. Mientras las potencias herejes sembraban colonias de saqueo, España, bajo el manto del Pilar, levantaba templos, universidades, hospitales, aldeas y ciudades enteras.  La conquista hispánica fue, con sus errores humanos, una obra de redención y civilización cristiana, inspirada en el mandato del evangelio.

Cada piedra, ladrillo, adoquín columna o soporte en las nuevas iglesias fundadas en América son una extensión simbólica del Pilar de Zaragoza, una red espiritual que une a España con el Nuevo Mundo bajo la protección de una misma Madre.

Puerto Rico, llamado por los cronistas «la llave del Caribe», fue desde sus inicios como «San Juan Bautista» consagrado a la Virgen María. La devoción del Pilar llegó a la isla a través de los aragoneses principalmente; pero tomó forma en la religiosidad popular, procesiones, ermitas, advocaciones marianas y la identidad misma de San Juan Bautista de Puerto Rico como bastión de la fe.

Durante siglos, las cofradías del Rosario, los dominicos y los franciscanos mantuvieron viva la devoción del Pilar como símbolo de fidelidad y resistencia ante invasores, piratas, guerras y persecuciones. El espíritu del pilar fue el de la firmeza ante la herejía, el mismo que sostuvo a los mártires hispanoamericanos que murieron en nombre de la evangelización y defendiendo la Cruz.

Hoy la Virgen del Pilar sigue siendo un faro de identidad para Puerto Rico. En una sociedad asediada por el secularismo, la ideología, la politiquería, el desarraigo y herejías varias, Nuestra Madre del Pilar nos recuerda que la raíz de nuestro pueblo es católica y su destino final es cristiano. Bajo su amparo Puerto Rico puede volver a encontrar esa unidad perdida, la moral pública y la dignidad social que solo florece cuando Cristo reina.

Teológicamente, el pilar siempre ha representado la encarnación de una fe firme; María como columna que sostiene a la Santa Iglesia. Sociológicamente, simboliza la cohesión espiritual del pueblo hispano, que durante siglos encontró en la fe católica el centro de su cultura política.

Negar el pilar, la raíz mariana de la Hispanidad, es negar nuestra historia, nuestra lengua, nuestra moral, nuestra patria, nuestra cultura y sobre todo, negar nuestra herencia histórica, la cual tenemos como labor llevar y pasar a las próximas generaciones con amor, orgullo y devoción. Por eso, el ataque contemporáneo a la Virgen, al catolicismo, a la tradición y la monarquía no son ataques aislados; son el mismo proyecto de disolución espiritual, iniciado por la Revolución de Lutero, la Revolución y consecuentemente la persecución francesa, el liberalismo y la masonería; en fin, los enemigos de la iglesia, que tanto buscan destruirnos, y aunque perdamos algunas batallas, la guerra ya está ganada (S. Mateo 16:18)

El carlista no defiende solo una forma política, defiende la civilización, aquella civilización apoyada en el Pilar. Allí donde la Virgen es honrada, hay justicia, belleza y orden. Defendemos una civilización que de donde se ha expulsado solo ha reinado desde entonces la ruina moral, la corrupción del cuerpo y la esclavitud del alma.

En fin, el Pilar es la promesa de Dios a la Hispanidad, que a través de su Inmaculada Madre, nos afirma que la fe no caerá mientras sus hijos permanezcan firmes en ella. 

Por eso mismo, tanto el resurgir de Puerto Rico, como el de toda la Hispanidad; desde la Patagonia, hasta las costas de Alaska; las islas Filipinas, Guam el Caribe y obviamente la Gran España peninsular; no vendrá de ideologías, nuevas o viejas, sino de volver a nuestras raíces; el altar, la familia y la tradición.

Cuando la Virgen del Pilar reina, Cristo su Santísimo Hijo, reina; y donde Cristo reina, la patria florece.

Por Dios, Patria, Fueros y Rey.

Sebastián Aquino Alfonzo

Deje el primer comentario

Dejar una respuesta