Crónica del Primer Paseo del Pendón Real, en Guadalajara de la Nueva Galicia

El pasado domingo 28 de septiembre, tras más de doscientos años sin ser realizado, se llevó a cabo en la ciudad de Guadalajara el Paseo del Pendón Real, el cual partió de la catedral de Guadalajara hacia el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, para luego volver a la catedral.

Reunidos temprano para oír misa en el templo de Nuestra Señora del Pilar, un grupo de amigos y correligionarios partió para defender un templo cercana de una marcha abortista, que se manifestaba en esa misma fecha. Con la ayuda de Dios, no ocurrió ningún acto de vandalismo, conformándose las facciosas a vociferar insultos. Después de lo cual, los ahí reunidos pasaron a desayunar y charlar fraternalmente, para después volver al templo del Pilar a reunir la comitiva.

El desfile se ordenó en primer lugar con el secretario del círculo, Jorge Castro, al frente como crucífero; don Edgar Fernández, cabeza del círculo, como alférez, portando el Pendón Real, con las armas de la Muy Noble y Leal Ciudad de Guadalajara de Indias; seguido de Luis Adrián Vidal, llevando la imagen de San Miguel Arcángel; por detrás seguía nuestro capellán, el padre Javier Ruiz Velasco (FSSP), junto a la bandera del círculo de la Nueva Galicia.

La marcha inició en la explanada de la catedral, en el centro de la ciudad, tras unas palabras de Don Edgar Fernández, remembrando los orígenes del paseo del pendón, hace quinientos años, tras la victoriosa batalla del gobernador Cristóbal de Oñate contra los cazcanes de Tenamaztle, el 28 de septiembre de 1541; la cual se atribuyó a la milagrosa intervención del Señor Santiago y del Señor San Miguel.

Con el acompañamiento de la banda infantil de cornetas y tambores del Apostolado Guadalupano, e intercediendo con gritos de “Viva Cristo Rey” y “Viva el Rey Legitimo”, se desfiló por la explanada, ante las miradas curiosas de los tapatíos; unas con ingenua admiración y otras con desdén no disimulado. Luego, la comitiva se dirigió hacia el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, donde se detuvo a fin de rendir homenaje a Nuestra Señora, y a los beatos mártires de la Guerra Cristera, cuyos restos están ahí presentes, Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza.

De regreso a catedral, la comitiva entró devotamente a al Sagrario Metropolitano, donde, frente al Santísimo Sacramento, se rezó un rosario. Después del cual, la comitiva se disolvió.

Ese día, tras 215 años de silencio, se retomó una tradición, real y concreta; un signo efectivo de nuestra herencia hispánica y católica, como también señal viva y abierta de nuestra fidelidad y continuación a la Monarquía Legitima y al orden social cristiano de nuestra tierra. Ojalá, y a partir de ahora, esta tradición no se vuelva a interrumpir.

André Camarena, Círculo Carlista de Nueva Galicia 

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