Sí, la inmigración supone un problema que tenemos que resolver. Pero no hizo falta que vinieran extranjeros para que España tuviera un problema migratorio interno con el éxodo rural. Este último, de hecho, se exacerbó durante la dictadura, con la industrialización del Plan de Estabilización de 1959, que provocó un abandono de los pueblos y una saturación de las ciudades.
Ni tampoco hizo falta que vinieran extranjeros para que hubiera un descenso de la natalidad. Hablamos de un promedio de 34 nacimientos por cada 1000 habitantes a principios del siglo XX. Número que, aun cuando siguió siendo el más alto en Europa, había descendido lenta pero constantemente a poco más de la mitad antes de dar comienzo la década de 1970.
Ni hizo falta inmigrante alguno para poner a España en manos de oligarquías que obedecen a un sólo amo, el dinero. No hizo falta una importación de mano de obra extranjera para que los gobiernos de España se plegaran a intereses, ésos sí, extranjeros y para que doblegaran a los pueblos de España a esos intereses. Empezando por los liberales de Cádiz, siguiendo por la usurpación liberal del trono español por la camarilla isabelina y llegando a la dictadura vitalicia de Franco. En esta última, con el sometimiento de España al interés del gringo, y, a la muerte y por disposición del caudillo, con la coronación de esa dictadura republicana, otra vez, por la rama usurpadora del trono de las Españas, como no se podía esperar de otra modo.
Algunos podrán pensar que es una solución dirigir las curas a los síntomas más vehementes de una enfermedad, para que, librado de ellos, el organismo se pueda recuperar por su propia virtud. Pero si cayó en la enfermedad por otras causas que siguen actuando, no veo por qué hay que suponer que se recuperará una vez aliviados los síntomas.
Muchos toman como referencia ese ejemplo envenado de la historia reciente de España que fue el franquismo y su apariencia, mera apariencia, tradicional, poniendo tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias.
La España de hace poco más de medio siglo no tenía un problema de inmigración extranjera, pero es entonces que los pueblos quedaron vacíos; no tenía un déficit tan pronunciado de nacimientos, pero no hizo nada por solucionar la tendencia de los hogares que se iban quedando cada vez más vacíos. Vacío quedó también el trono de la monarquía católica de las Españas por causa del régimen político de Franco, supuestamente católico. Y, como la naturaleza aborrece el vacío, en el trono volvieron a sentar a los usurpadores. Los hogares se vienen llenando de mascotas más que de niños. Y la sociedad, en estas condiciones tan precarias, se llena de una inmigración masificada con condiciones no menos precarias, siendo tal situación útil sobre todo a las oligarquías plutocráticas que siguen doblegando y parasitando a los pueblos.
Con esto no queremos decir que la inmigración no sea un problema a resolver. Pero los problemas de España ni empiezan con la inmigración ni acaban con la deportación. Y los que nos engañaron en lo primero, es obvio que nos engañan en lo segundo.
Hilario Estévez, Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid
Deje el primer comentario