ESPAÑA, MADRID – El carlismo madrileño celebró este pasado sábado la tradicional Cena de Cristo Rey. En vísperas de la fiesta, como desde mitad de los años veinte vinieron haciendo los Círculos carlistas al calor de la encíclica Quas primas, también en esta ocasión se reunió el Molle Lazo en oficiosa y amena cena de hermandad.
Cerca de un centenar de correligionarios y simpatizantes del Círculo de Madrid se dieron cita para la presentación de tres volúmenes, y luego en el mencionado ágape, donde por la superación de aforo numerosos amigos no pudieron reservar asiento.
La política es acción
El profesor don José Miguel Gambra, presidente de la Candidatura Tradicionalista, presentó junto con don Juan Oltra el primer volumen de las obras completas de don Alberto Ruiz de Galarreta: «La restauración de la política católica».

Por su dilatado trato con don Alberto, el profesor pudo plantear varios de los motivos medulares de la obra de Galarreta desde el frescor de su experiencia personal. No acostumbrarse a vivir con el mal en lo cotidiano; no dispersarse en batallitas, asuntos particulares de los que algunos hacen causa única, impidiendo la salvaguarda íntegra de la tradición católica moral y política y su defensa justa y eficaz…
Pero, ante todo, Galarreta comprendía que la política en su realidad es un asunto práctico: mandar y obedecer, donde mande a quien le corresponde en lo que le toca, y donde obedezca el que debe. Sin lo cual, caben todas las teorías políticas que se quieran, casualmente siempre las espurias, pero no se sirve al verdadero mandato de caridad en que se cifra la política.
Porque la atención especial que Galarreta dio a la unidad de religión, como fundamento de la comunidad política, el Dios del cuatrilema, es algo que procurar de modo práctico. A ello exhorta la encíclica, providencialmente procurada para el combate contra la revolución rampante.
Cien años de Quas primas
Don Juan Oltra, presidente del Círculo valenciano Alberto Ruiz de Galarreta, donde han procurado esta cuidada edición de los escritos de quien da nombre a su Círculo, destacó el orden temático del volumen en consonancia con esos motivos rectores en la obra de don Alberto.

Galarreta fue un autor de artículos realmente prolijo. Se estima que unos 4.000 salieron de su puño y letra, quizá más. En esta primera edición se recogen 43 excelentes escritos, y no sólo sobre la unidad católica.
Pues si recibió buena parte de sus atenciones, le disputa el puesto la dedicación al análisis, debelación y crítica de la ideología europeísta. Esto es, el ataque a las corrientes disolventes del europeísmo, y al globalismo inane de raíz iluminista que concreta en estructuras como la OTAN, la UE o la ONU su dominio perverso sobre las naciones. Desde aquí se desarrolla parte de su desenmascaramiento del paganismo fascistizante, del perennialismo y de la nueva derecha.
Entre otros temas rectores, hay que resaltar la fina consideración providencial que realizó Galarreta de la Cruzada de 1936. Y su malogración posterior. La entrega heroica de la España católica sin aditivos, encabezada por la Comunión Tradicionalista; y la subsiguiente traición del régimen franquista a los propios del Alzamiento. El amargo aplastamiento de la raíz viva de España, la persecución del carlismo, las multas, los destierros, las cárceles, la expropiación, el ostracismo…
Terminó Oltra leyendo un breve artículo de Galarreta sobre cómo el Carlismo adoptó la celebración de la fiesta de Cristo Rey con gran entusiasmo. Cómo, de modo orgánico y natural, con motivo de la fiesta, los Círculos desde los años 20 organizaron actos, comidas y reuniones de hermandad por Cristo Rey como los que hoy se mantienen. Relata el artículo cómo sucedió en Madrid, cómo en los 60 y los 70 se rescató la celebración, tras el lesivo periodo de relajación posconciliar generalizada, y cómo se perpetúa robustecida e ininterrumpida desde hace más de un cuarto de siglo.

El laicismo: el liberalismo en su mayoría de edad
Después, don Miguel Ayuso, presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, revisó «El dogma de la Realeza de Cristo», último libro que vio publicado en vida su autor, don Juan Fernando Segovia, q.e.p.d.
El profesor Segovia, dotado de una finura de análisis filosófico fuera de lo común, y de una capacidad de trabajo también extraordinaria, preparó hace pocos años unos 31 puntos con ocasión del mes de Cristo Rey excepcionales, concisos y contundentes para LA ESPERANZA. Que, en la preparación de un trabajo por el centenario, podía servirse reunido.
Pero el profesor ya tenía otra cosa nueva y genuina, esta obra donde profundiza en el aspecto político del Reinado de Nuestro Señor. Tan delineado en toda la Tradición desde los apóstoles y Nuestro Señor mismo. Tan evidente en la encíclica. Tan ocultado por muchos quienes quizá debieran predicarlo.

Don Juan Fernando también realizó como nueva aportación una codificación de la encíclica en «Cristo Rey. Teología, filosofía y política ante el centenario de la encíclica Quas primas». Ésta obra colectiva, orgánica y sistemática a diferencia de otras, es el fruto de la LXI Reunión de Amigos de la Ciudad Católica de 2024.
Don Miguel Ayuso entrelazó también alguna vivencia de Alberto Ruiz de Galarreta al comentar este volumen. El cuál nació, de algún modo, siguiendo uno de los preceptos prácticos que solía repetir Galarreta: adelantarse a la revolución. Golpear primero. Hacer que se retraten los enemigos, declarados o no.
Grandes contribuciones componen este tomo, que ha sido recientemente traducido al francés: John Rao, hilando la continuidad desde las Escrituras, pasando por los padres de la Iglesia y los doctores, del dogma de Cristo Rey presente en la Tradición y Magisterio ordinario… Julio Alvear, notando la desnaturalización doctrinal y litúrgica efectuada sobre la fiesta y el dogma a partir del Concilio Vaticano II…
Javier Fernández Sandoval, con una contribución dedicada a los seguidores y los enemigos de Cristo Rey en el último siglo. Porque no son peores los declarados que los enemigos solapados, o los aparentes amigos o grupos que parecen defender la Realeza de Nuestro Señor, pero, a la hora de la verdad, desparraman.
Importa destacar que la finalidad de la encíclica es confrontar el laicismo. Y el laicismo no era un mal nuevo, sino la expresión propia de la revolución moderna. Su Santidad Pío XI carga contra ello con estricta noticia de qué es lo que enfrenta. El laicismo es el liberalismo en su mayoría de edad, llegado a ser lo que debía, como no podía ser de otro modo.
Cien años de Cenas de Cristo Rey
Perpetuando esta costumbre tan amena como ya venerable, que viene haciéndose desde hace un siglo, tras la presentación de estos libros se celebró la tradicional Cena de Cristo Rey de Madrid.

En animada conversación, correligionarios y simpatizantes dieron cuenta de las vituallas de rigor, y hasta alguno se atrevió a culminar la noche con unos castizos callos. En un momento dado, a pesar del barullo comprensible, algunos comensales pudieron disfrutar del tañido de un rabel, de excelente factura, obra de uno de los correligionarios del Círculo.
A los postres, hablaron Dña. Karina Ramírez de Arellano, subdelegada de Margaritas Hispánicas; D. Juan Andrés Oria de Rueda, presidente del Círculo Lirio y Burgoa, de Valladolid; y el Rvdo. Pbro. D. Juan María Sellas, destacado miembro del Círculo sacerdotal Cura de Santa Cruz.
¡Viva Cristo Rey!
Doña Karina, casi recién desembarcada de la Ciudad de Méjico junto a Jimena Méndez, habló con verdadera unción de la entraña católica e hispánica del verdadero Méjico. Que es alumbrado por la diligencia cristiana de nuestra Serenísima Reina Doña Isabel la Católica, sembrado por misioneros, santos y mártires.
Porque no todo Méjico es el verdadero Méjico. Hay un pseudo-Méjico, el Méjico liberal, que ingenia una Historia ficticia y extranjerizante, y que usurpa el verdadero desatando un poder descristianizador.
El grito ¡Viva Cristo Rey!, inspirado por la fiesta celebrada, fraguado en las guerras cristeras desde 1926, se traslada a la España peninsular en el 36 porque brota del mismo corazón de lo que es la Cristiandad y de lo que son las Españas.

Después habló don Juan Andrés Oria de Rueda, en cuya intervención quiso destacar a tantos que, desde Juana de Arco y desde antes, pueden ser llamados mártires de la Tradición, en cuanto pugnaron por la Realeza de Nuestro Señor reconocida y establecida en el orden político.
Son sus padecimientos los que nos han traído el dulce nombre de Cristo, y de alguna manera su sangre también nos ha engendrado, como la de nuestro Redentor, porque está unida a la Suya.
El presidente del Círculo de Valladolid destacó además el notable crecimiento que, labrado con tanto esfuerzo, está cuajando actualmente la Comunión Tradicionalista. Llamó además la atención hacia las reacciones sanas que surjan en la sociedad, a las que debemos atender para aproximar a todos los españoles leales. En este sentido, rememorando las palabras de su propia abuela, hay que conservar lo recibido y trabajar para instaurar el Reinado de Nuestro Señor.
Finalmente, clausuró el turno de discursos el Rvdo. Pbro. don Juan María Sellas. Comenzó con una emotiva memoria de su bisabuelo, mártir que fuera correligionario del Círculo de Olot. A quien, en 1936, martirizaron y asesinaron los rojos en odio de la fe, dejando a su mujer viuda y con cinco hijos. Heroicamente, murió proclamando ¡Viva Cristo Rey!
Ilustrando a partir de esta memoria la ruptura y la religación de la tradición política acaecida en España, don Juan María aproximó la idea del Reino de Dios con un claro y breve comentario del Padre Nuestro.
Tras este vibrante discurso, se entonó el Oriamendi.
Agencia FARO/Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid. R. Moreno.
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