Don Javier de Borbón, Pío XII, y el Carlismo hispanoamericano

si bien los dirigentes carlistas volteaban para mirar hacia Hispanoamérica, esto era por disposición del entonces Príncipe Regente, S.A.R. Don Francisco Javier de Borbón Parma

Pío XII y Don Javier I

Ha concluido el mes de octubre, mes en el que conmemoramos el día de la Hispanidad, y a su vez celebramos grandes fiestas sagradas ligadas al orden temporal de la Hispanidad: Nuestra Señora del Rosario, con la victoria en Lepanto; el Pilar, con el descubrimiento y evangelización del Nuevo Mundo; la realeza social de Cristo Rey, con la unidad católica que definía a la Monarquía hispánica. No obstante, me gustaría rescatar un acontecimiento que considero relevante para el Carlismo hispanoamericano de nuestros tiempos, realizado por el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista a lo largo de varios meses durante el año de 1950. En este Consejo se produjeron distintas actas con pronunciamientos importantes, entre las que destaca el posicionamiento que tomaba la Comunión Tradicionalista para estrechar lazos fuera de la Península, y esto no tanto más allá de los Pirineos hacia la Europa surgida de la segunda Guerra Mundial y dominada por la política exterior yanqui, como hacia la América Española de aquellas patrias hermanas arrancadas de la regia protección paternal por la secesión decimonónica, y que tras visitarlas, habían suscitado en Don Carlos VII la aspiración hacia una confederación hispánico-católica.

Para poder precisar este posicionamiento de la Comunión Tradicionalista durante el Consejo de 1950, es necesario establecer que, si bien los dirigentes carlistas volteaban para mirar hacia Hispanoamérica, esto era por disposición del entonces Príncipe Regente, S.A.R. Don Francisco Javier de Borbón Parma—augusto padre de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, cuya vida guarde Dios muchos años—, y a su vez motivada —incluso se pudiera decir que convocada— por el Santo Papa, Pío XII. Esto lo podemos leer en el extracto de las Actas del Consejo donde se resume la voluntad conjunta del Príncipe Regente carlista y del Romano Pontífice, con las siguientes palabras: «En esta audiencia del Papa al Príncipe, le habló de la necesidad de difundir en el mundo católico un pensamiento político ajustado a las normas de la Iglesia. El Papa se refirió concretamente a nuestros ideales, con tanta fe en su pureza, que no hizo distinción con respecto a ellos, sino que los consideró como netamente católicos y dignos de difundirse en todo el mundo católico. Señaló el Papa la necesidad de que nosotros (…) contribuyamos a la difusión del pensamiento católico en la América española»[1].

Sobre el llamamiento hecho a la Comunión Tradicionalista por el Papa Pío XII, me gustaría resaltar dos puntos. El primero siendo que el Santo Padre consideraba como referencia el ideario carlista (algo que desconozco se haya pronunciado sobre algún otro movimiento político católico, aunque haya sido en una audiencia privada). Claro está que este punto para nosotros no es algo desconocido, sino que militamos en la Comunión Tradicionalista precisamente porque estamos convencidos de ello. Aunque desgraciadamente no exista la misma convicción al exterior de nuestra organización, y apenas en los que consideramos cercanos, refiriéndome al mundo tradicionalista-litúrgico, por ejemplo, o incluso entre el clero que dice combatir los errores de la modernidad.

El segundo punto que me gustaría resaltar sobre el llamamiento del Papa Pío XII a Don Javier de Borbón, es que, si bien es cierto que el Ideario carlista tiene aplicación en algunos o muchos de sus principios para todo el mundo católico, se insiste en la necesidad de difundir el ideario carlista en Hispanoamérica. Esto a su vez pone en manifiesto a los que buscan desautorizar al Carlismo hispanoamericano como una «utopía», cuando el Carlismo no es más que la continuidad auténtica de la vieja España, es decir, de la Monarquía Católica que por siglos mantenía unidos a todos los pueblos hispanoamericanos bajo su estandarte real; lo cual hace sus principios particularmente compatibles con nuestra auténtica constitución histórica. Sin ignorar las dificultades que se deben enfrentar después de dos siglos de regímenes de variantes republicano-totalitarios. El Consejo de la Comunión entendía esto, y es lo que se muestra en las Actas.

Ahora bien, para entender la importancia dada al llamamiento del Papa por el mismo Don Javier de Borbón, y que este último hacía propio dicho llamamiento —pues no podía ser de otra manera como depositario de la legitimidad dinástica de la Monarquía hispánica—, debemos acudir a la reunión plenaria del Consejo de la Comunión, dada el día 25 de junio de 1950, y presidida directamente por Don Javier de Borbón, mismo que dos años después sería proclamado rey legítimo de las Españas como Javier I. En palabras del santo monarca, y con las que concluía su discurso, podemos leer lo siguiente: «Nosotros, los católicos, debemos darnos cuenta de nuestro deber en el mundo y permanecer unidos. En favor de esta unión debemos trabajar. Y a la Comunión Tradicionalista le incumbe el deber de enseñar el camino en España. El segundo papel que corresponde a España es su labor en América Latina. La Hispanidad es la palanca fuerza del porvenir católico de América, como es Irlanda para los Estados Unidos y la Francia católica para el Canadá. El campo de nuestra actuación es inmenso. Esta conquista católica es la divina razón de nuestra victoria y la recompensa de nuestros sacrificios»[2].

Es así que el mismo Rey legítimo de las Españas, Don Javier I, manifestaba su convicción de que el Carlismo también mantenía un deber dentro de la América española (aunque use el vocablo de «Latina», se entiende a qué se refiere), haciendo una clara referencia a la «Hispanidad» en términos de una reconquista católica que coronaría los sacrificios del Carlismo, y de la dinastía legítima. Tal vez parezca descabellado para algunos, pero esto se podría incluso comparar con la primera gloriosa conquista y evangelización del Nuevo Mundo, que a su vez coronaba la reconquista de la vieja España por los reyes católicos, Doña Isabel y Don Fernando.

Reynaldo Avilés, Círculo Tradicionalista Celedonio de Jarauta.

[1] Manuel de Santa Cruz en «Apuntes y documentos para la historia del Tradicionalismo Español. Tomo 12-1950», Madrid, 1980, p. 49. (El uso de negritas para marcar el texto, es propio del autor de este artículo)

[2] Ibid., p. 37. (El uso de negritas para marcar el texto, es propio del autor de este artículo)

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