El Reino de Cristo en el Padre Nuestro

Discurso del rvdo. pbro. don J. M. Sellas, del Círculo sacerdotal Cura Santa Cruz

Discurso del rvdo. pbro. don Juan María Sellas, destacado miembro del Círculo sacerdotal Cura Santa Cruz, con motivo de la Cena de Cristo Rey madrileña. FARO, D. Bara

Transcribimos el discurso del rvdo. pbro. don J. M. Sellas, del Círculo sacerdotal Cura Santa Cruz, con motivo de la Cena de Cristo Rey madrileña a los 100 años de la Quas primas

El próximo viernes, 31 de octubre, se van a cumplir 89 años del martirio de mi bisabuelo, Manel Sellas Cardalus, que era militante de la Comunión Tradicionalista. Pertenecía al círculo carlista de Olot y el día 31 de octubre del año 1936, después de varios días de estar en prisión, lo asesinaron vilmente en el Camp del Triay, en Olot, dejando cinco hijos y una mujer viuda. Yo quisiera que estas palabras fueran un homenaje a todo el pueblo carlista y a todos los Mártires de la Tradición, en la figura de mi bisabuelo.

Conocemos la historia por el testimonio de muchas personas, yo en concreto lo conozco por el testimonio de mi abuelo, que entonces tenía 11 años. Mi abuelo, que se pasó toda la vida diciéndome no te veré ordenado el sacerdote, no podré ir a tu primera misa. Vino a mi primera misa; siempre me decía no sé si sabré contestar ya al Introito.

La cuestión es que yo lo enterré un año después de mi ordenación sacerdotal, y quisiera en este discurso hablar cuál ha sido mi historia hasta estar hoy aquí. Y también explicar un poquito una aproximación doctrinal, muy pequeña, muy sencilla, de qué es el reino de Dios. Lo voy a ir entremezclando, porque creo que nos puede ayudar mezclar las dos cosas.

Mi bisabuelo murió gritando ¡viva Cristo Rey!, y, dicen los testigos, mi abuelo, que era niño, no estaba tan seguro de que hubiera dicho eso. Pero los testigos del momento afirman que dijo «Delante de Dios os perdono. Pero, delante de los hombres, no os perdono. ¡Viva Cristo Rey!». Y entonces lo mataron.

Viva Cristo Rey nos habla del reino de Dios. Quería exponerles a ustedes muy brevemente una aproximación de qué puede entenderse por reino de Dios con las palabras del Padre Nuestro. Porque fíjense: Aristóteles, cuando habla de las cuatro causas que nos pueden ayudar a explicar la realidad de las cosas, dice que hay una causa final, una causa formal, una causa material y una causa final, y una causa eficiente.

Fíjense: «Padre Nuestro, que estás en los Cielos». El Reino de Dios finalmente es la Gloria del cielo. Qué poquito pensamos en las postrimerías, qué poquito hablamos del cielo y del infierno los sacerdotes.

«Santificado sea tu Nombre». Porque el Reino de Dios, si finalmente es la gloria del cielo, formalmente es la gracia en nuestras almas. Por eso no tendría sentido que un carlista viviera en pecado ufanamente.

«Venga a nosotros tu reino» nos habla de la causa eficiente. Quien hace el reino y quien lo trae es Cristo. En su segunda venida vendrá a juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin. Cristo es el que trae el reino en la parusía, en su venida mesiánica. Él lo traerá.

Pero «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Si bien el reino de Dios eficientemente el reino lo traerá Cristo en su última venida de modo perfecto, también Nuestro Señor materialmente el reino de Dios es aquello que llamamos el Régimen de Cristiandad, el orden social cristiano. Que nosotros tenemos que hacerlo, en lo que podemos poner, cumpliendo la voluntad de Dios como los ángeles la cumplen en el cielo.

Del mismo modo que los ángeles en el cielo cumplen la voluntad de Dios, nosotros tenemos que cumplir aquí en la tierra y también en el orden político la voluntad de Dios. Y eso es lo que llamamos el reinado social de nuestro Señor Jesucristo. El Régimen de Cristiandad.

El Papa San Pío X dice que no puede haber régimen de cristiandad, no podemos instaurar la Cristiandad con las instituciones sociales y políticas que nos ha traído la revolución. Álvaro d’Ors dice que Spinoza afirma a la vez la independencia radical del orden político respecto de la creencia religiosa y la necesidad también absoluta de la intervención de lo político para garantizar la libertad de conciencia. Y, dice, la absolutización y exaltación de lo político en la modernidad es el Estado absoluto de Spinoza, el Estado soberano. Que ha conducido, a mi modo de ver, a dos posturas erróneas entre los cristianos.

Primera postura: la de ver la política como única instancia salvadora de todo lo humano. Esto lleva a la actitud del posibilismo en la actuación de los creyentes en la vida pública, sin tener clara la verdad cristiana como orientadora. Y cayendo en toda una serie de enjuagues del llamado liberalismo católico. Este posibilismo, de anidar en un grupo como éste, sería lo que Canals llama un carlismo no tradicionalista, es decir, un hecho sin sentido.

Y segunda consecuencia de esta absolutización de lo político de Spinoza: el desprecio de la política, al ver en ella un instrumento de evasión eclesial, un elemento distractivo para la santificación del cristiano y de instancia peligrosa en donde anida el espíritu anticrístico. Es decir, la política como algo malo, no nos metamos en política, dediquémonos a rezar. Aquí es donde estaría lo que Canals llama un tradicionalismo no carlista, es decir, un sentido. ¿Por qué les digo esto? Les digo esto porque mi abuelo no heredó el carlismo de mi bisabuelo.

Y yo, cuando nazco, mi universo familiar es un universo donde ser franquista, falangista, carlista, de la PFP y de Fuerza Nueva… Era todo lo mismo y era todo bueno. Y yo crecí así, pensando que ser falangista y ser carlista y ser franquista y todo era lo mismo y todo era bueno. Y hay dos momentos en mi vida que hay como dos gracias.

La primera es cuando yo tengo 16 años, que no sé por qué, no me acuerdo, me puse a leer el laureado Tercio Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, de Su Ilma. D. Salvador Nonell Brú. Hay dos libros en mi vida que leyéndolos he llorado como un niño. Ése fue uno.

Con 16 años leí ese libro. Para mí los requetés eran gente muy valiente. Pero 10 años después, cuando tengo 26 años y estoy estudiando en el seminario, en mi último año, apareció en el seminario, cosas de la Divina Providencia, un correligionario que ahora es sacerdote. Podemos decir cómicamente que me hizo un lavado de cerebro. Bueno, la cuestión es que yo quiero aprovechar en este discurso para darle gracias a Dios, porque este correligionario fue para mí la causa segunda que la Divina Providencia tenía destinada para que me abriera los ojos en todo esto que yo no sabía.

Y si podemos decir, lo podemos decir, nuestro correligionario me convirtió al legitimismo carlista. Fue un año maravilloso. Los que lo conocen, saben que es una personalidad arrolladora, encantadora. Yo aprendí muchísimo, fui entendiendo muchas cosas y quería agradecer a Dios por la gracia de encontrarme a nuestro amigo en el camino. Me quedaba un año para ser sacerdote sacerdote. Y también le quiero dar gracias a Dios porque poquito a poco, muy poquito a poco, pero también mis padres y mis hermanos y mi familia van entendiendo.

Mi madre siempre ha dicho que yo no he podido dar sino lo que he recibido. Hubo un corte, sabemos que el régimen franquista persiguió el carlismo, y mis abuelos son gente buenísima, sencilla, gente de campo, gente religiosísima. Yo he aprendido el amor a España de mis abuelos. Pero hubo un corte, hubo una falta de transmisión y yo he nacido en ese universo, el universo conservador, facha, llámenle como quieran.

La Iglesia es intolerante en los principios porque cree, pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la iglesia son tolerantes en los principios porque no creen, pero son intolerantes en la práctica porque no aman. El correligionario de quien hablo me amó porque se mantuvo firme e intolerante a la hora de enseñarme la tradición que yo no conocía, o no conocía plenamente, o que conocía muy deslavazadamente. Pero a la vez fue tolerante con esa caridad, ese apostolado político que permitió que hoy yo no sólo sea sacerdote de Jesucristo, sino que milite en la Causa carlista, que es la causa de nuestros mayores.

Entonces yo quisiera animarles a todos ustedes en este centenario de las Quas primas, donde el Papa en la encíclica nos habla de imitar a Cristo, que se hizo servidor de todos, y que imitemos la humildad de Cristo de ponernos a servir al hermano. El Papa se queja de la apatía y de la cobardía y de la timidez de los buenos. Si este correligionario no hubiera perdido (entre comillas) su tiempo para hablar conmigo, para conversar conmigo, para recriminarme, para decirme, para corregirme, yo hoy no estaría aquí delante de todos ustedes y no habría vuelto a la casa de mi bisabuelo.

Entonces, quiero animarles a todos a que sean apóstoles de Cristo Rey, apóstoles de la Tradición carlista, y que pensemos que hay mucha gente como mi familia. Mi familia es gente muy buena. 

Hay mucha gente, creo, que no conoce el carlismo porque los carlistas no estamos siendo los apóstoles que tendríamos que ser. Había una segunda parte, pero creo que hay bastante con esto.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva las Españas! ¡Viva el Rey legítimo!

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