La Comunión es una «organización política de la Monarquía Católica», y nunca un partido

la Comunión Tradicionalista nunca ha sido un partido, aunque se le haya llamado así

Tertulia posterior a la conferencia, en la sobremesa de un aperitivo. FARO. D. Bara.

ESPAÑA, MADRID- El pasado sábado tuvo lugar la sesión mensual del Ciclo de lecturas tradicionales La luz de la Tradición. El Círculo Antonio Molle Lazo se reunió en un local madrileño, donde se expusieron en profundidad algunos de los aspectos de la doctrina política natural, a cuya luz se intercaló el análisis de varias cuestiones de nuestro tiempo.

Los asistentes disfrutaron de la conferencia, resguardados de la lluvia copiosa del día, y como en otras ocasiones compartieron un aperitivo con que se explotó la tertulia posterior.

La empresa universal a que debe servir la patria

La Unidad católica (Dios) es la brújula que ha de guiar todo régimen político cristiano (Patria). Es decir, que la pertenencia a la Iglesia Católica (Corpus Mysticum) sea el primer fundamento de gobierno, y el primer requisito para pertenecer a la comunidad política (Corpus politicum).

A ello se deben los gobernantes católicos, y en especial los Príncipes, espejo y epítome de la cabeza del orden político.  A que reine la Ley del Evangelio sobre las leyes temporales, siendo la regla y horma de las leyes, usos y costumbres.

Frente a esta empresa universal, a que deben subordinarse todas las patrias, se levanta la revolución. La revolución liberal no es sino la sistematización moderna de la rebelión primera, del non serviam. La subversión de la raíz creada de todo lo bueno, verdadero y bello.

Por esto, como constantemente ha predicado la Iglesia en los últimos siglos: el primer revolucionario es el demonio. El carácter de odio a la verdad y al bien de la revolución moderna tiene un carácter diabólico.

La bandera dinástica: la llave de la tradición

La Unidad católica (Dios) es lo que permite comprender, y está llamada a ser servida y defendida por la bandera dinástica (Rey). Esto se reconoce no sólo en el orden de los principios, sino que se aprecia con claridad en la circunstancia.

Al ser quebrada por la Revolución, la Cristiandad queda reducida a remanentes (Christianitas minima). Entre estos restos, puede distinguirse que unos conservan más vigor que otros: con mayor o menor pureza, con mayor o menor claridad, con mayor o menor extensión…

En el caso español, el carlismo, hallamos uno de los remanentes más vigorosos pese a las circunstancias y, como en toda obra humana, pese a más de un traspié. Ese vigor destaca tanto en la integridad de los principios, como en la claridad y prolijidad de su acción política, o en su extensión hasta fechas recientes.

Esa frescura y en general buen orden, la Comunión Tradicionalista pudo mantenerlo y fortalecerlo porque conservó algo que otros perdieron o despreciaron: la bandera legítima.

Conservar leales a los Príncipes, guarnecido el tradicionalismo por una robusta Ley sucesoria, la entrega de la dinastía a la causa de la Cristiandad española, preservó la pureza del ideal, que es la política natural y cristiana, y realizó la organización posible para resistir a la Revolución. Como ha hecho esta Comunión Tradicionalista en las cuatro guerras de 1833-1840, 1846-1849, 1872-1876 y 1936-1939, lo mismo que en el tiempo de armisticio.

Y es que la Comunión Tradicionalista nunca ha sido un partido, aunque se le haya llamado así. Ha sido una «organización política de la Monarquía Católica». La unidad católica entra dentro del principio de Dios. El carlismo no es nacionalista. Es patriótico.

Algunos corolarios de la Unidad católica

Difiere completamente la unidad católica de un Estado confesionalmente cristiano. El último admite una secularización de la política, una separación entre religión y política. Como España dilató largamente su unidad católica, en comparación con otros pueblos, en ella distinguimos más de cerca que la Unidad católica de la Cristiandad poco tiene que ver con la “confesionalidad” del Estado.

Cuando España apostata, España desaparece. De tal modo, nos encontramos con que restaurar España es restaurar la unidad católica, un reino cristiano, un régimen de Cristiandad, no un Estado confesionalmente cristiano.

El Círculo Antonio Molle Lazo anunciará en las próximas semanas la siguiente sesión, que tendrá lugar el sábado 13 de diciembre, a las once y media de la mañana (11:30), en la C.\José Abascal, nº 38, bajo izda., en la antigua Villa de Madrid. 7

Agencia FARO/Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid. R. Moreno.

Deje el primer comentario

Dejar una respuesta