I. Roma habla: un documento breve, un movimiento profundo
El 4 de noviembre de 2025 el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó la Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación, conocida ya por su subtítulo: Mater Populi Fidelis. El texto, firmado por el prefecto y su secretario, y expresamente aprobado por el Papa, pretende fijar «criterios» sobre el uso de ciertos títulos marianos, en particular dos que han marcado la teología y la piedad de los últimos siglos: Corredentora y Mediadora de todas las gracias.
En su faz amable, el documento insiste en la maternidad espiritual de la Virgen, fomenta expresiones como «Madre del pueblo fiel», «Madre de la Iglesia», «Madre de la gracia», y ofrece una panorámica bíblica general sobre su presencia en la historia de la salvación. Pero el núcleo real de la Nota se condensa en unas pocas afirmaciones:
- Que el título «Corredentora» es «siempre inoportuno» para expresar la cooperación de María en la obra de la salvación, pues podría «oscurecer la única mediación salvífica de Cristo» y crear «desequilibrios» en la presentación de la fe.
- Que el título «Mediadora», aunque presente en la tradición, debe entenderse solo en un sentido muy amplio y subordinado, evitando fórmulas como «Mediadora de todas las gracias», consideradas hoy «ambiguas» o teológicamente problemáticas.
No estamos ante una mera nota de pie de página. En la práctica, un dicasterio romano, con la firma pontificia, pide a la Iglesia que retire del vocabulario vivo dos nombres que, durante generaciones, han sido pronunciados sin rubor por santos, doctores, papas, predicadores y fieles: María Corredentora, Mediadora de todas las gracias. No se los declara heréticos; se los declara «inoportunos». Es un matiz que, leído con calma, revela un desplazamiento más serio de lo que su brevedad dejaría suponer.
II. El nuevo criterio: de la verdad a la «oportunidad de comunicar»
La nota se presenta como un ejercicio de equilibrio: pretende superar, dice, los «maximalismos» marianos y los «minimalismos» fríos, proponiendo un «justo medio» que conservaría lo esencial y evitaría excesos. S e apela una y otra vez a la pastoralidad del lenguaje, a la necesidad de ser comprensibles, a la preocupación ecuménica y a la armonía de las verdades.
Nada de eso sería problemático si el criterio último siguiera siendo el de siempre: la fidelidad a la Tradición viva de la Iglesia, tal como se expresa en los Padres, en los Doctores y en el magisterio preconciliar. L o llamativo es que el metro de medida que se deja entrever no es éste, sino otro: la «oportunidad de comunicar» en un contexto marcado por cinco siglos de crítica protestante a la mariología católica.
El documento no demuestra que llamar a María Corredentora sea teológicamente falso; sostiene que es «siempre inoportuno». No prueba que la expresión «Mediadora de todas las gracias» contradiga un dogma definido; sugiere que su uso puede «confundir». El criterio deja de ser, así, la coherencia con lo que enseñaron San Alfonso, San Bernardo, San Ildefonso, San Pío X, Benedicto XV o Pío XII, para convertirse en algo mucho más movedizo: que resulta soportable para la sensibilidad religiosa hoy dominante, moldeada por una cultura donde la figura de María ha sido sistemáticamente reducida.
Ahí se ve el punto delicado: lo que durante siglos fue reproche externo —«los católicos exageran con María y oscurecen a Cristo»— se convierte hoy en autocensura interna. El discurso oficial de la Iglesia comienza a revisarse no desde la plenitud de su propia fe, sino desde la incomodidad del interlocutor protestante. En lugar de proponer la verdad recibida con paciencia y claridad, se tiende a rebajarla para que no choque demasiado. La mariología se reescribe a la baja para no parecer «demasiado católica».
Es precisamente ahí donde cabe hablar, sin estridencias, de una protestantización silenciosa: ya no hace falta negar doctrinas de frente; basta con declararlas «inoportunas» y empujarlas hacia los márgenes hasta que, por desuso, se desvanezcan. (Continuará)
Óscar Méndez
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