El consistorio de la capital cambia por primera vez en 20 años el logotipo comunicativo de la ciudad

define muy bien el estado de las capacidades comunicativas de los tiempos actuales, que precisan resumen constante, tanto verbal, como textual, audiovisual y gráfico

El escudo ya estaba «hecho logo» previamente, aunque hasta ahora la diferencia entre uno y otro era la mera simplificación de colores del escudo histórico para el uso en elementos administrativos como vehículos y uniformes de servicios públicos, redes sociales, página web etc. 

El escudo es el mismo, no se ha cambiado, es aquel que se dispuso en 1222 en tiempo de Gonzalo Rodríguez Girón, con la Osa trepando el Madroño y las siete estrellas de la constelación.  Estos elementos, en cierto modo también se contienen en la nueva imagen del ayuntamiento. De forma iconográfica, al menos. Así lo ha expresado el alcalde, José Luís Martínez Almeida :bResume muy bien el espíritu de la ciudad. «Supone una adaptación a los tiempos modernos, a tiempos de comunicación, donde la identidad gráfica en el ámbito de la comunicación digital es extraordinariamente importante y que supone que tenemos un nuevo logotipo que respeta los elementos básicos»

Antiguo escudo

Puede decirse, que no es el primero en hacer un cambio así y bajo premisas similares. Hemos visto estos cambios en multitud de administraciones. Véase la propia comunidad de Madrid, que omite desde hace décadas el escudo oficial en cualquier marca administrativa, no sea que se intuya algo de identidad, castellana, en los dos castillos que representan el lugar de la provincia, como puente entre Castilla la Vieja y la Nueva.

También hay constantes conflictos entre entidades deportivas y su masa social por cambios constantes en los escudos, en ocasiones fracasados, como ocurrió con Atlético de Madrid y Real Valladolid. 

El argumento es siempre el mismo: «adaptación a las necesidades comunicativas de los tiempos actuales». Esto define muy bien el estado de las capacidades comunicativas de los tiempos actuales, que precisan resumen constante, tanto verbal, como textual, audiovisual y gráfico. Así hasta reducir cualquier difusión en un exabrupto gutural, sea cual sea el formato y por elemental que sea, aunque sea la orgullosa enseña e identidad de una ciudad, como puede ser su escudo. 

Forma parte del proceso de desarraigo irrenunciable para mercantilizar cualquier cosa. En este caso vender una ciudad a postores de todo el mundo, como manifiestan abiertamente tanto el alcalde como la presidenta de Madrid. Por algo existen en la región ventajas fiscales a inversores inmobiliarios extranjeros de las que no gozan los nacionales. El antifuero, privilegios al extraño. 

No es de extrañar, que el color elegido para el logo, desde hace décadas, sea el azul pepero, es una declaración de intenciones de la formación más orgullosamente liberal del país.

 «Madrid y sus gentes están en alquiler y venta».

Pedro Albendea, Círculo Cultural Antonio Molle Lazo

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