ESPAÑA, MADRID- El Círculo Antonio Molle Lazo ofreció ayer un responso por el alma de fieles difuntos carlistas enterrados en Madrid. Algunos correligionarios acudieron a las sepulturas de don Cándido Nocedal y de Juan Vallet, que adecentaron antes de rezar el responso y oraciones de réquiem y realizar una ofrenda floral.
Con este modesto acto de piedad, y otros que acostumbra a hacer, el carlismo madrileño cuida en lo posible la memoria y sepelios de los muertos honrados. Acto de misericordia especialmente conveniente para aquellos mayores nuestros que se encuentren quizá como ánimas penitentes, y necesario para el sostén de un recuerdo vivo de quienes nos han precedido en la trinchera de Cristo y del Rey legítimo, la España cristiana y verdadera.

La memoria de los fieles difuntos carlistas
Los santos mártires mueven a la devoción de una manera destacada, porque por su semejanza a Cristo sacrificaron su vida junto con él. A lo largo de toda la Historia de la Iglesia, y de modo extenso entre las filas del legitimismo español, hay muchos que han vivido y han muerto por los sagrados derechos de Dios, por la Realeza de Cristo.
Así, estos difuntos fieles, hayan recibido o no la palma del martirio en su final, nos mueven y admiran por constituir monumentos de piedad, desde la envergadura de su recuerdo, desde la piedra de su lápida. Y también nos obligan especialmente a adherirnos a su ejemplo virtuoso.
Ante la soledad de la tumba, entre el frío de los cipreses de noviembre, que en algunos momentos puede parecernos desoladora, sobre todo en la calamitosa situación religiosa y política atraviesa España, hay un consuelo y un reconstitutivo.
Se trata de la Comunión de los Santos, en que estos difuntos esperan, que misteriosamente comuna a los santos triunfantes en Cristo con ellos y con nosotros, y que nos brinda también una firmeza en la pugna frente a este mundo. Por los derechos de Dios, por la Realeza de Cristo, a semejanza de ellos.
Porque también don Cándido o don Juan la recibieron, y así también nosotros. Conocedor el católico de esta Comunión, puede mantenerse sereno incluso en las situaciones que parezcan más solitarias. Y sobre esa serenidad, en la soledad que parece desierta, podrán luego fraguar, si Dios lo quiere, los cimientos del régimen cristiano, como desde antaño se ha hecho, continuando la estela de nuestros difuntos abnegados por la Santa Causa de la Iglesia y de España.
Rogamos oraciones por las almas de don Cándido Nocedal y don Juan Vallet de Goytisolo, por la de todos los mártires de la tradición, y por todas las ánimas benditas.
Agencia FARO/Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid
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