Los tradicionalistas mártires del terrorismo

Víctor Ibáñez publicó en 2017 el libro Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo (Pamplona, Auzolán, 227 págs.). Lo acompañaron, nada menos, un prólogo del profesor Andrés Gambra y un epílogo de Alberto Ruiz de Galarreta Mocoroa (bajo su nom de plume de Manuel de Santa Cruz).

Andrés Gambra sintetiza en pocas líneas el objeto y el valor del libro. Respecto del primero  señala que la atención del autor, en el marco amplio de la acción criminal de ETA, «se centra en un segmento concreto de sus víctimas, el integrado por personas vinculadas al tradicionalismo, en parte principal de adscripción carlista, habitantes de Vasconia y de Navarra». Se trataba tanto de antiguos carlistas, alejados de una militancia efectiva, como de quienes perseveraban en un Carlismo plenamente operativo. Resulta, claro, pues, que no fueron agresiones casuales, sino dotadas de alto sentido, debido a la significación de ese grupo en la sociedad vasco-navarra. En lo que toca al segundo, consiste en rescatar un episodio trágico y heroico a la vez de la historia reciente del Carlismo. Silenciado por resultar incómodo no sólo al discurso «nacionalista», sino también al conocido como «constitucionalista». Al primero ya que –sigue el prologuista– ETA asesinó brutalmente a carlistas «vascos que se sentían españoles, que manifestaban de un modo u otro su fidelidad a España, siendo a la vez vascoparlantes y amantes de la cultura de su patria vasca; los portadores postreros de una cultura que el nacionalismo se ha empeñado en distorsionar para acomodarla a sus pretensiones». Y al segundo, porque –como afirma la carlista ondarresa Pilar Badiola en un texto que aparece en el libro– «no luchábamos por una Constitución a la que votamos NO por atea y antiespañola. Luchábamos por Dios y por España, por Euskalherria Foral y Española». Alberto Ruiz de Galarreta, por su parte, en el epílogo, se pregunta si el Carlismo pudo haber hecho más. Y responde que si no pudo hacer más, aun habiendo hecho mucho, es porque había sido machacado permanentemente y sin misericordia por el franquismo, porque el clero tradicional había sido menospreciado hasta ser sustituido por otro progresista y porque, trágicamente, Carlos Hugo desmanteló a la Comunión, pretendiendo sustituirla por la aventura izquierdizante del que se llamó Partido Carlista.

El libro, verdaderamente interesante, merecía la reedición. Más aún cuando su contenido ha sido enriquecido con nuevas informaciones y material gráfico a los que el autor ha tenido acceso precisamente de resultas de la primera edición y por medio de la consulta de nuevos archivos. También desde su aparición se han aclarado algunos hechos, como el incendio del Hotel Corona de Aragón, hoy calificado de atentado por sentencia firme, y en el que murieron doña Concepción García Llorente y su sobrina Genara García O’Neill, margarita de veintitrés años. En el nuevo capítulo se muestra cómo han sido los desvelos de sus familiares, en una dura y larga batalla técnico-legal, con una investigación pericial inapelable, los que han logrado acreditar que no fue un accidente, aun cuando la autoría del atentado no haya quedado esclarecida.

Gaspar Lamarca, Círculo Cultural Antonio Molle Lazo