El Yunque, Revuelta y VOX: una vieja lección

La madeja de nombres envueltos en el trasiego apunta no sólo a la formación verde (los casos de «doble militancia» en los bandos enfrentados oscurece la cuestión a más no poder), sino también a la omnipresente asociación Hazte Oír

La última polémica que ha puesto una vez más los tales nombres en el disparadero mediático trae causa en las acusaciones de opacidad en la gestión de las donaciones a los damnificados por las riadas de Valencia del año pasado que señalan directamente a los responsables de la organización juvenil Revuelta. Tales acusaciones, formuladas (más de un año después) por los propios colaboradores de la organización, y cuya veracidad habrán de dirimir los tribunales si es menester, sugieren también una guerra sucia (si es que la hay limpia por estos lares) por el control de dicha organización por parte de los cuadros de VOX. La madeja de nombres envueltos en el trasiego apunta no sólo a la formación verde (los casos de «doble militancia» en los bandos enfrentados oscurece la cuestión a más no poder), sino también a la omnipresente asociación Hazte Oír, que es como el perejil de todas las salsas, detrás de cuyo nombre sobrevuela siempre el del Yunque, que ya ha ocupado algunas de nuestras páginas y no pocas de nuestras preocupaciones.

Obviando lo verdaderamente trágico de la cuestión, a saber, que las víctimas de Valencia se ven una vez más arrastradas por el fango de los intereses políticos, no podemos evitar acordarnos de una vieja lección sobre activismo y malas compañías de nuestro querido Julián Oliaga de hace ya un par de años. Y no por el frívolo prurito de tener razón, sino porque en tiempos de disociedad nunca se repite lo suficiente.

En ella distinguía nuestro correligionario entre la composición orgánica de aquellas asociaciones de fines claros y definidos que «no se han formado artificiosa o ideológicamente, ni desde la distancia, sino para defender el bien común de cuerpos sociales concretos», del «espíritu anónimo» de aquellas otras que «aprovechan acontecimientos políticos de importancia —escándalos, polémicas, aprobación de iniquidades estatales o autonómicas— para convocar (o para reconducir hacia su rédito) manifestaciones o rezos en la vía pública». Si en esos acontecimientos se incluyen catástrofes como la de Valencia y si a las manifestaciones o los rezos hay que sumar las donaciones de dinero, es cosa que juzgará el lector según los acontecimientos. Pero no hay duda de que se trata de un estilo de activismo perfectamente reconocible y tristemente habitual en nuestros días. Habiendo desaparecido todo rastro de organicidad en nuestra sociedad, el puro lobby sustituye a las «opciones a favor de los cuerpos intermedios» y los partidos se comportan como sectas y las sectas como partidos.

Manuel Sanjuán, Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella

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