El pasado sábado 22 de noviembre de 2025 el Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta estrenó una actividad en la agenda de actos y, a juzgar por el buen resultado, es previsible que se repita en los cursos venideros.
Atendiendo a las demandas de algunos simpatizantes y con el objetivo de ampliar la gama de actividades, de forma que se pudiera combinar una jornada más distendida con las tradicionales sesiones doctrinales, se decidió impulsar una convivencia campestre.
El acto se concibió como una jornada que permitiría estrechar lazos de amistad entre los miembros, socios y simpatizantes, sin perder de vista el fin propio y político del Círculo. Para ello, consideramos alejarnos de la urbe y aproximarnos al privilegiado entorno natural del litoral mediterráneo.
En concreto, se organizó una ruta por el parque natural de la Sierra Calderona, comenzando a las 10:30 en las proximidades de la Cartuja de Porta Coeli, fundada en 1272. Las sucesivas reformas han dejado su huella con distintos estilos arquitectónicos: el impresionante puente de acceso al monasterio de finales del XVIII, el acueducto medieval, los distintos claustros góticos… Todo ello ha compuesto un conjunto monumental asombroso que es, a la vez, bello y austero, intrigante y diáfano, con ese aspecto de fortaleza asentada sobre roca firme tan característico de muchas de nuestras iglesias, hijas de la Reconquista.
La modernidad es especialista en vaciar lo sagrado para llenar ese vacío con falsos ídolos, si no opta por simplemente dejar el vacío. Fruto de una civilización incapaz por sí misma de crear belleza -en un sentido pleno-, pero que vive sumida en la fascinación por sociedades donde los hombres sabían que Cristo es Rey, surgen los numerosos museos en los cuales nos asombramos por las creaciones de nuestros antepasados. Especialmente inquietantes son los templos desacralizados, algunos convertidos en «espacios culturales», donde no es difícil sentir que algo está roto al ver que la obra se ha desviado por completo de su fin.

Sin embargo, la Cartuja de Porta Coeli no es un espacio de belleza sin vida o espiritualidad sin verdadero Dios; el monasterio es un ejemplo perfecto de cuerpo intermedio vivo y antiquísimo -como dijo nuestro presidente mientras debatíamos sobre el concepto cristiano de la propiedad-. El visitante dejará su curiosidad insatisfecha al comprobar que no puede aproximarse al monasterio y debe observar desde una distancia de un par de cientos de metros el complejo. Desde allí observará unos bien cuidados campos de cultivo entre el edificio principal y la valla que circunda la propiedad y que prácticamente impide la visión. La tradición monástica de los cartujos se caracteriza especialmente por la soledad ordenada a la contemplación de Dios, y en este monasterio unos 18 monjes aún la preservan, dotando al lugar de una solemne dignidad.
Aproximadamente a las 12h, en las inmediaciones de la cartuja, rezamos el Ángelus imbuidos por el espíritu monacal. Posteriormente, bordeamos la cartuja e iniciamos la ascensión a la Cueva de la Venerable Inés, que toma el nombre de una ermitaña que habitó el lugar en el siglo XV y, desde entonces, es un lugar de peregrinación y devoción regional.
El principal organizador de esta jornada, un miembro del Círculo caracterizado por su arrojo y entusiasmo, nos presentó el paseo como una ruta «sencilla». La realidad es que, aunque no demasiado extenso, el ascenso a la cueva de la anacoreta se alejaba bastante de lo que sería una vuelta vespertina por la Malvarrosa. Tras un corto pero intenso esfuerzo llegamos a la gruta, donde descansamos, dialogamos y comimos, nos encomendamos a la Beata Inés y, desde las alturas, iniciamos el descenso.
El mundo actual, que es el reino de lo efímero, lo fluido, cambiante, relativo, igualitario y contingente, siente fervor por lo cuantitativo, por producir aquello que material y sensorialmente es más, por lo mensurable, despreciando lo cualitativo y diferencial. Un correligionario pudo padecer en sus pies este hecho: sus botas de montaña, obsolescentemente programadas para desintegrarse, comenzaron en la ascensión el lamentable proceso, pasando definitivamente en la cueva a ser pulverizadas, consumidas como la telebasura o la comida rápida. Nada que ver con las botas de cuero con las que mi bisabuelo recorrió la Guinea Ecuatorial hace 100 años y que aún conservamos en casa, en perfecto estado. No obstante, el correligionario, haciendo honor a sus raíces vascas y asumiendo con entereza la penitencia, completó el trayecto de regreso descalzo.

Hacia las 15:30h finalizamos el trayecto de vuelta y a las 16:00 horas tuvimos la ocasión de tomar un refrigerio y de mostrar que en el Círculo no sólo se imparten conferencias de calidad y se editan estupendos libros, sino que también hay calidad futbolística.
En definitiva, consideramos que la convivencia fue un éxito. Como siempre, aunque de un modo más distendido, hubo conversaciones variadas de lo más interesantes sobre temas relacionados con la actividad del Círculo. Por mencionar algunas de las cuestiones tratadas informalmente, se habló sobre la economía y propiedad desde su concepción cristiana según el orden natural; se habló del papel del carlismo durante la Cruzada del 36; se discutieron propuestas sobre cómo llevar un buen apostolado en el mundo actual; se compartieron inquietudes personales sobre la conciliación las obligaciones que impone la vida con el compromiso político, etc. Éstas fueron algunas de las muchas cuestiones que se trataron en un ambiente de hermandad, ocasión propicia para estrechar vínculos entre amigos y miembros del Círculo. Viendo el buen resultado, organizaremos más encuentros como éste en un futuro.
Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia)
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