El 04 de noviembre de 2025 fue publicada en el Boletín de la Sala de Prensa Vaticana una polémica «nota doctrinal sobre algunos títulos marianos», elaborada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, bajo el título Mater Populi Fidelis. En él se aborda la cuestión de cuatro títulos marianos: «Corredentora», «Mediadora», «Madre de los creyentes» y «Madre de la gracia», con recomendaciones varias acerca del uso de los mismos, y promoviéndose, a su vez, el uso de un quinto título: «Madre del Pueblo Fiel».
El documento ha provocado escándalo entre los fieles y la publicación electrónica de innumerables comentarios y entrevistas a teólogos y sacerdotes, sobre todo la parte relativa al primer título (Corredemptrix, título que en una antigua versión de las letanías lauretanas se enuncia como Corredemptora humani generis), que el documento mencionado tacha de «siempre inoportuno» e «inconveniente» (núm. 22).
Dichos adjetivos, que parecerían abordar el uso del título desde una perspectiva más bien prudencial que dogmática, en adición a la naturaleza del propio documento, que no constituye un criterio definitivo sino una mera «nota doctrinal» que invita a la «reflexión», según dicen el propio cuerpo del texto y la aclaración posterior que el Dicasterio emisor ha hecho en la prensa, dejan en claro que no se prohíbe el uso del título señalado.
Sin embargo, el efecto mediático que ha tenido el documento es otro. Los protestantes, como cabía esperar, lo han tomado como aceptación, por parte de la Iglesia Católica, de que ellos siempre han tenido razón en minimizar el papel de Nuestra Señora en la obra redentora. Mientras entre los fieles ha tenido el efecto de escindir la opinión en dos campos.
De un lado, muchos lo han tomado como declaración terminante de la heterodoxia del título, prácticamente una condena, aunque dicha condena no vaya aparejada de una prohibición explícita ni de una sanción para quien lo use. Y del otro lado, ha tenido el efecto de propiciar su difusión, interesando a muchos fieles en el estudio de su significado. La Providencia se sirve a veces de medios inesperados para lograr sus fines.
Pero más allá del uso o desuso del término, así como de la cuestión teológica subyacente, quizá sea posible apreciar lo sucedido desde otro ángulo. Una persona cercana a nosotros sugería que el reciente nombramiento de una obispa como cabeza de la Iglesia de Enrique VIII, en adición a la insistencia de grupos progresistas infiltrados, podría haber movido a la jerarquía eclesiástica a adoptar tal medida para refrenar las presiones en torno a la aceptación del sacerdocio femenino. La reciente publicación de la negativa a aceptar el diaconado femenino por parte de la comisión encabezada por el Cardenal Petrocchi, parece dar la razón a dicha interpretación de los eventos.
No obstante, aun aceptando la existencia de factores circunstanciales que quienes no cargamos la pesada cruz del munus regendi no alcanzamos a ver, así como la hipótesis mencionada en cuanto a los hechos que motivaron tras bambalinas la emisión del documento, la cuestión no deja de ser problemática.
En primer lugar, porque la subordinación de los asuntos propios del munus docendi a las preocupaciones del munus regendi quizá tenga consecuencias negativas, como también podría tenerlas la toma de una decisión con influencia dogmática a partir de motivos meramente contingentes, aun cuando sean nobles. En segundo lugar, porque Nuestra Señora es corredentora, aun cuando se reduzca su participación a la redención subjetiva. No somos teólogos y no comprendemos muchos detalles del asunto, pero si incluso la tesis más reduccionista implica necesariamente la corredención mariana, ¿no sería la conclusión lógica que lo «siempre inapropiado» no es el uso del título, sino su abandono?
En todo caso, como hispanos, nada que sea mariano nos puede ser ajeno. Y si ya en el pasado la Providencia se sirvió de manos seglares para dar al clero un ligero empujón en la dirección correcta, como ocurrió tratándose de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, la pregunta que podemos formularnos, en espíritu de absoluta piedad filial hacia la Iglesia y hacia el clero a cuyas manos se ha encomendado ésta, es si tenemos algún deber en el asunto. Pregunta cuya respuesta creemos se vislumbra en la reyecía de Cristo y de su Santa Madre.
Cuando se revisa la lista de títulos por los que se dice que Cristo es Rey, se encuentra, entre otros, el de su reyecía por derecho de conquista, acaecida a raíz de su sacrificio redentor. No vamos a explicar dicho título en este artículo, pues no es el oportuno para ello, pero querríamos aprovechar la ocasión para señalar que quizá la Virgen María, además de ser partícipe de tal realeza por virtud de su maternidad, parece serlo también por título de conquista, detalle que atañe directamente a la redención objetiva.
No somos teólogos como para explicarlo con argumentos sistemáticos. Pero la tradición iconográfica e himnográfica oriental, empleada como fuente tanto histórica como teológica por el propio documento Mater Populi Fidelis (núms. 10 y 11), no es ajena a dicho tratamiento. El Akathistos más antiguo de que se tiene registro, relativo a la Anunciación, inicia con un verso directamente alusivo a dicho título: «A ti, temible generala y victoriosa» (Ti ipermákho stratigó ta nikitíria), verso que ha dado lugar a la escritura de algún ícono en dicho sentido. Y entre nosotros, en el Occidente latino, el tópico es también frecuente.
La iconografía del Sagrado Corazón, de directa revelación divina, además históricamente asociada a la causa de la reyecía de Cristo, lleva las marcas del título específico de conquista, mientras la iconografía del Inmaculado Corazón de María lleva un signo análogo en la espada que lo atraviesa. También parece signo providencial que nuestra Generalísima sea La Dolorosa, portadora de las mismas marcas.
La conclusión a que dichos elementos nos llevan, creemos, es que, así como la Santa Causa es universalmente conocida por su proclamación de la reyecía de Cristo, en la proclamación de la reyecía de la Virgen María, si a Dios place, bien puede encontrarse nuestra aportación al desfacimiento del presente entuerto.
¡Viva la Corredentora!
Rodrigo Fernández Diez, Círculo Tradicionalista Celedonio de Jarauta de Méjico.

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