La organización política y el bien común

La Secretaría política siempre ha sido designada por Don Sixto Enrique de Borbón, para administración de los asuntos de sus derechos dinásticos, derechos que sin lugar a dudas llevan a la idea de restaurar la monarquía legítima en España y de garantizar que los reyes, como en antaño, reinen

La verdad es que, siguiendo a Santo Tomás de Aquino, la política no es un fin, sino un medio y ese medio está dirigido al bien común, por lo que la política está supeditada a la ética. El fin de toda sociedad política es su perfeccionamiento moral y espiritual. Es decir, su trascendencia y salvación. De allí a que el príncipe cristiano siempre deba encarnar esta ética y servir como modelo de referencia, siguiendo las leyes divinas, naturales y del reino, para que pueda asemejarse, de la forma más prístina, a Dios.

Bien decía Réginald Garrigou-Lagrange, en relación a los derechos y las leyes que rigen la vida individual, familiar, social y política, que éstos no pueden tener fundamento en realidades contingentes y pasajeras, sino en el Bien mismo, en la razón suprema, en Dios. Si la política, en consecuencia, se nos muestra como necesidad humana, producto de la razón natural, indudablemente organizaciones como la nuestra, en pleno seguimiento de los preceptos divinos y católicos, han de defender la asociación política. No hay acción posible sin la presencia de un gobierno y ese es, pues, el espacio que ocupa, en nuestro contexto particular, la Secretaría política. La Comunión Tradicionalista tiene razón de existir, muy a pesar de quienes postulan la impertinencia de una cúpula política. Ha sido la voluntad de S. A. R. Don Sixto Enrique de Borbón, nuestro Enrique V.

La Secretaría política siempre ha sido designada por Don Sixto Enrique de Borbón, para administración de los asuntos de sus derechos dinásticos, derechos que sin lugar a dudas llevan a la idea de restaurar la monarquía legítima en España y de garantizar que los reyes, como en antaño, reinen. Ha sido Su Alteza Real el más interesado en la cuestión organizativa, todavía en los duros tiempos de la enfermedad y de la vejez. La existencia de la organización política es la materialización del gobierno, es el esfuerzo conjunto de todas las energías e intelectos de los seguidores, súbditos y colaboradores del carlismo, que es la forma más auténtica de tradicionalismo en las Españas, en las Indias y en el mundo, por ser el movimiento contrarrevolucionario de más larga duración en la historia. Don Sixto no es un conspirador, como bien quisieron denominarle unos señores periodistas, pues no hay conspiración en lo que es legítimo y justo, en la lucha por una serie de derechos que vienen del nacimiento, de la sangre e incluso del ejercicio, si tomamos en cuenta el hecho de que nuestro Don Sixto, en respuesta a la actitud liberal y traidora de su hermano, decidió iniciar una cruzada por la restauración de los perennes y auténticos principios de la monarquía tradicional. Insistamos en que la creación de la Comunión Tradicionalista, de la que D. Sixto fue artífice, no fue un capricho, ni responde a la erección de un partido político; es la materialización del espíritu cruzado representado por el carlismo desde su primer respiro en aquellos días posteriores a la muerte de Fernando VII.

La Secretaría es un instrumento, no un fin en sí mismo y no hay Secretaría sin rey legítimo, sin abanderado de la Tradición, y es por esa razón que la Secretaría ha trabajado incansablemente, de la mano de su rey, para optimizar todos los asuntos dinásticos con la mayor prudencia y celeridad. Hay quienes, sin conocimiento de los asuntos políticos, contra toda prudencia y buena política, consideran que la Secretaría ha de revelar todos sus mecanismos de acción, todos sus planes y contingencias en la cuestión dinástica. ¡Se atreven a dudar, como si hubiera que rendir cuentas a cualquiera! Dudan como si la Secretaría no hubiera sido erigida por Don Sixto y los titulares de la misma no gozaran de la confianza de él. Creen los detractores de la disciplina carlista que la Secretaría avasalla a su rey cuando es al revés; la Secretaría es vasalla de Don Sixto, sirve y vive para Don Sixto. Ningún asunto político concerniente a la figura de Don Sixto, y de su sucesión, se escapa de las manos de la Secretaría porque de ser así, la Secretaría no podría considerarse digna de la labor que ejerce legítimamente por iniciativa de su líder y principal figura. Por tanto:

  1. La Secretaría política es un instrumento de organización política, cuyos miembros han sido encomendados por Don Sixto Enrique de Borbón para lograr los cinco motores que alguna vez dictó Don Alfonso Carlos: la religión católica, la constitución natural orgánica de las Españas, la federación histórica de las regiones, la auténtica monarquía tradicional y por último, los principios del Derecho viejo, en contra del Derecho nuevo, liberal, moderno.
  2. La Secretaría política, que preside a la Comunión Tradicionalista, representa los intereses de Don Sixto Enrique de Borbón y los seguirá representando en la medida en que Don Sixto no muestre oposición a la misma, cosa que nunca ha sucedido. La Secretaría persigue los fines de Don Sixto, que son los fines de todas las Españas en razón de su orden histórico y tradicional.
  3. La Secretaría política, en continuidad con esos cinco principios anteriormente mencionados, aspira al bien común de todos los pueblos y regiones de las Españas. Sólo es posible llegar al bien común a partir de la restauración de la rama legítima, de la monarquía legítima y de la constitución natural de esos pueblos. El liberalismo es algo contra natura.
  4. Es imposible aspirar a la monarquía legítima, al orden tradicional de las Españas, sin la presencia de una organización política que aglomere, junte y administre todos los asuntos de naturaleza política con la mayor unión de fuerzas, intelectos y acciones. Todo ideario exige de una aplicación, de una praxis efectiva. El carlismo aspira y trabaja con potentísima energía porque goza de toda una estructura destinada a ese noble fin de restaurar el orden tradicional de las Españas.

La organización política es una necesidad de los carlistas y sobre todo de los carlistas disciplinados. La indisciplina es una actitud luciferina, principalmente favorecida y practicada por los revolucionarios. Bolcheviques los hay, incluso con boina. El mayor servicio que puede hacérsele a la causa carlista, a la causa de Don Sixto y su reyecía, es la disciplina política. Tenemos que favorecer, en nombre suyo, la disciplina y la obediencia de las estructuras de las que él mismo ha venido aprovechándose, porque es disposición suya, desde la fundación de la Comunión Tradicionalista. No hay más.

¡Viva Enrique V!

Alejandro Perdomo Fermin/Círculo Tradicionalista Pedro Menéndez de Avilés

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