En la tarde del pasado domingo 25 de enero, en la ciudad de Valencia, el Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta desarrolló su primer encuentro mensual del año 2026, quinto del ciclo político en curso, centrado esta vez en la evolución del concepto de democracia.
Entre los 25 participantes tuvimos la satisfacción de encontrar nuevas incorporaciones y de reencontrar a viejos amigos, junto a algunos de los socios y simpatizantes más leales en el seguimiento de nuestros trabajos. Ha de mencionarse, entre estos últimos, una nutrida presencia sacerdotal, destacando especialmente la asistencia del P. Juan María Sellas, que ya es un habitual de nuestras reuniones y un animador nato de las tertulias, y que en este caso dirigió las oraciones iniciales de la sesión.
Las exposiciones, riquísimas en contenido, corrieron a cargo de dos vocales de la Junta del Círculo. Próximamente publicaremos buena parte del material elaborado, por lo que en este papel nos ceñiremos a ofrecer una breve reseña.
En primer lugar, nuestro correligionario Antoni Sala impartió una enjundiosa y trabajada ponencia sobre las características fundamentales de la democracia clásica en contraposición con la que Jean Madiran (referencia básica en la primera mitad de su intervención) apodó moderna. Si aquélla se limitaba a ser una simple forma de gobierno —ciertamente desaconsejada, en su modalidad pura, por los grandes pensadores políticos, de Heródoto a Platón y de Santo Tomás a Donoso Cortés—, la segunda en cambio rebasa ampliamente el mero mecanismo electivo de los gobernantes para tornarse en una ideología propiamente dicha: esto es, una falsa filosofía que prescinde del orden natural de las cosas y de las sociedades; una cosmovisión total del hombre y del mundo que aspira a transformar («democratizar») todas las realidades —intelectuales, morales, políticas, jurídicas, sociales o estéticas— de acuerdo con unos presupuestos radicalmente anticristianos. Proceso utópico y pseudorreligioso, pero que en su desenvolvimiento no deja de infligir grave daño sobre todas las instituciones a que se aplica, desnaturalizándolas. No en vano el Prof. Canals, en consonancia con León XIII, hablaba del ateísmo como «soporte ideológico de la democracia» y de ésta como encarnación secular del inmanentismo antropocéntrico y anticrístico.
A continuación, debeló los múltiples presupuestos erróneos de la democracia moderna —que la hacen intrínsecamente totalitaria— y se detuvo en diferenciar entre liberalismo y democracia: si bien históricamente ésta ha sido uno de los frutos más importantes de aquél, el liberalismo puede expresarse en regímenes que no son plenamente democráticos (así, el sistema censitario del primer liberalismo burgués) o que no lo son en absoluto. De hecho —añade este cronista— parece una constante en la edad contemporánea la aparición de autoritarismos cuya función histórica es precisamente la consolidación del liberalismo mediante la corrección de los criminales desaguisados causados por democracias «avanzadas».
En el último tramo de su intervención, el ponente examinó el tránsito operado de la modernidad a la postmodernidad, analizando la configuración actual de las democracias de masas como oligarquías de partidos y considerando las novísimas ideologías democráticas, especialmente la teoría consensual y deliberativa de Habermas, esencialmente escéptica y utilitaria.
Con una luminosa conclusión dio paso a la siguiente exposición, ofrecida por una joven margarita que trazó una síntesis magistral sobre la significación moderna y anticristiana de la «democracia cristiana». Para ello se apoyó en textos de Estanislao Cantero, Juan Antonio Widow y Federico Wilhelmsen. Tras una breve pero profunda explicación de los fundamentos del orden político natural, centrada en la articulación de los principios de totalidad y subsidiariedad a través de la pauta del bien común, la oradora expuso de qué modo la «democracia cristiana» supone la negación de ese orden natural.
Estudió también su génesis histórica y expansión, sirviéndose del libro La sociedad tradicional y sus enemigos para presentar el liberalismo católico como el humus ideológico del democristianismo. Así, Lamennais, Marc Sagnier y Maritain fueron objeto de los certeros venablos de la conferenciante, que resaltó la negación democristiana de la dimensión sacramental de las instituciones políticas, ordenadas al bien común trascendente, y recordó las diversas condenas pontificias —de Gregorio XVI a San Pío X— de la ideología democrática asumida por los católicos liberales.
En la nómina de maestros evocados por los oradores también desfilaron Rafael Gambra, Jean Ousset, Eugenio Vegas, Álvaro d’Ors, Juan Vallet de Goytisolo, Miguel Ayuso, José Miguel Gambra, Juan Manuel de Prada y Juan Cayón, entre otros, amén de nuestro querido patrón Alberto Ruiz de Galarreta, cuya efigie preside siempre los encuentros.
El posterior coloquio, ameno y provechoso como siempre pero tal vez más que nunca, sirvió para introducir muchas cuestiones, como el carácter masificador y desorganizador de la democracia moderna o la referencia de Pío XII a una «sana democracia», que en realidad no se identifica con un sistema concreto sino con la necesaria participación popular que es compatible con todas las formas de gobierno legítimas. En este sentido, se subrayó el carácter representativo de la Monarquía tradicional, con auténticas Cortes y corporaciones sociales realmente autónomas, frente a la falsificación parlamentarista, que anula la representación política al confundirla con la voluntad general legisladora y proscribir el mandato imperativo (sustituido por la cadena de transmisión ideológica y oligárquica de los partidos).
También se apuntaron diversas orientaciones prácticas para la acción tradicionalista en tres ámbitos: restauración social, reedificando o revitalizando el entramado de cuerpos sociales que la Revolución ha deshecho o desnaturalizado; restauración política, sin la cual aquélla es siempre precaria e infecunda; y restauración doctrinal, tal vez la tarea más urgente, saneando la cultura política católica y difundiendo las ideas verdaderas frente al ejército de errores modernos que hoy profesa el común de los bautizados, a comenzar por el «democristianismo» y el liberalismo «católico».
Las opíparas viandas que nos esperaban en la sala contigua permitieron prolongar amicalmente las tertulias, entretejidas con la conspiración de nuevos proyectos y acciones concretas para combatir la democracia que padecemos. En torno a las diez de la noche concluyó esta memorable reunión, esperando con alegría la visita de D. Juan Manuel Rozas prevista para el próximo sábado 21 de febrero.
Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia)
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