Petro, enemigo público de Cristo Rey

nunca han faltado los «católicos» dispuestos a colaborar con sus campañas políticas

Petro participa en rituales paganos. Reuters/Mariana Greif

En medio de uno de sus extensos, delirantes y estúpidos discursos Gustavo Petro, presidente en ejercicio de un país mayoritariamente católico, se atrevió a vomitar blasfemias en contra de Nuestro Señor Jesucristo, negando de manera categórica su Realeza ―en contravía de lo enseñado por la Iglesia a lo largo de los siglos y confirmado hace cien años por Pío XI― y poniendo en duda su sagrada pureza, rematando su perorata con una frase con la que al parecer pretendía rebajar al mismísimo Verbo de Dios a su talla de enano degenerado y repugnante.

Petro, de 65 años, es ya conocido por su obsesión con temas sexuales, a los que a menudo hace referencia en sus alocuciones, revelando una personalidad visiblemente trastornada y podrida hasta lo más profundo. De ahí que no tenga problema ninguno en promocionar hasta los más altos cargos del estado a conocidos sodomitas como Juan Carlos Florián o a borrachos y drogadictos como Armando Benedetti ―dime con quién andas y te diré quién eres―; ni en sostener relaciones amorosas con un transexual, episodio que quedó ampliamente documentado en una de sus visitas a Panamá en 2024.

A pesar de que durante toda su vida ha promocionado el liberalismo más progresista y depravado, nunca han faltado los católicos dispuestos a colaborar con sus campañas políticas. Por eso quiero dejar constancia, desde esta humilde pero fidelísima tribuna, de que Gustavo Petro Urrego es enemigo de Nuestro Señor Jesucristo Rey, y lo serán cuantos lo voten, lo promuevan y lo defiendan.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Juan Manuel Sánchez

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