El orden de las cosas, el orden de la realidad, se ha vuelto «problemático» o «crítico» a partir de la modernidad, porque el punto de partida de esta no es el «ser», sino el «sujeto». En otras palabras, con la modernidad se afirma que solo podemos conocer lo que podemos fabricar, conocer solo las cosas de las que somos artífices.
El «ser» se ve despojado de la «realidad entitativa» y lo que «es» depende ahora del sujeto que lo fabrica o lo conoce. En la misma medida, la «naturaleza» ya no se entiende como orden, sino como «libertad» y libertad negativa, o como decía Castellano «libertad libre», libertad que se define por la indiferencia de los fines y la despreocupación por la acción. El problema puede entenderse, en buena medida, como un enfrentamiento entre los poderes del individuo libre y los poderes del Estado —la soberanía— también libre, un Estado que establece el derecho (la ley), pero que también reconoce los derechos de aquel. Por eso tiene razón Castellano al insistir en que la concepción moderna de la libertad se opone al derecho, que ahora se entiende como ley, o mejor dicho como norma, porque esta solo puede ser el límite de aquella.
Juan Fernando Segovia en El Nihilismo como ruptura entre el orden ético y el derecho
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