En la Edad Media aparece un tercer poder, el de las ciudades y la burguesía, el poder del dinero y plutocrático, el poder capitalista al que se sometería el mundo actual.
La revolución burguesa originó la soberanía y la independencia del poder del capital, y la libertad quedó establecida única y exclusivamente para ese poder del dinero.
La nobleza y el clero se mantuvieron durante mucho tiempo anticapitalistas, defendiendo el factor tierra contra el capital financiero de la burguesía, mientras que la monarquía tradicional se sometía al sistema económico capitalista que la plutocracia burguesa quería imponer en la economía y en la sociedad, con el objetivo de destruir los lazos sociales y comunitarios, estableciendo el materialismo, el consumismo y el egoísmo capitalista burgués.
La monarquía no puede ser capitalista, de hecho, lo que conocemos en Europa son repúblicas coronadas que representan a la oligarquía financiera del capital, pues se trata de instituciones arrodilladas ante el capitalismo y los intereses de la clase burguesa.
Causa Tradicionalista
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