Irán y el doble rasero de «Occidente»

Ni la caída del régimen ayatolá garantiza la paz, ni su permanencia justifica una guerra de consecuencias imprevisibles

Explosión en Tel Aviv por un presunto ataque iraní en la madrugada del domingo / BBC

Los recientes bombardeos ejecutados por Estados Unidos e Israel contra instalaciones estratégicas en Irán han vuelto a situar a Oriente Próximo en el centro de atención. Washington y Tel Aviv han presentado la operación como un ataque preventivo frente al programa nuclear iraní y como un golpe destinado a debilitar (cuando no a precipitar la caída) del régimen islámico de los ayatolás. Desde la República Islámica se denuncia, por el contrario, una agresión ilegítima contra su soberanía y ya se están produciendo las primeras «represalias» prometidas.

El argumento de «acabar con el régimen ayatolá» ha sido acogido con entusiasmo por ciertos sectores de la derecha occidental, que vuelven a presentar a Israel como bastión avanzado de nuestra civilización frente al islamismo. Pero la realidad es más compleja y no tan bonita. Israel actúa conforme a sus intereses estratégicos, no como paladín de la Cristiandad, que casi siempre son opuestos. Allí donde ha intervenido directa o indirectamente el bloque EE.UU – Israel el resultado no ha sido la restauración del orden cristiano, sino la fragmentación política y el crecimiento de facciones islamistas.

La izquierda liberal, por su parte, denuncia el «imperialismo» estadounidense, pero rara vez afronta con claridad la deleznable naturaleza y actuación del régimen iraní. Su crítica al bombardeo es selectiva y, a menudo, instrumental. La derecha conservadora, en cambio, concede un cheque en blanco a cualquier acción militar que se presente como defensa de Occidente (sea lo que eso signifique), olvidando que el liberalismo geopolítico que hoy aplaude ha erosionado precisamente los fundamentos cristianos que de cuando en cuando dice proteger.

Ni la caída del régimen ayatolá garantiza la paz, ni su permanencia justifica una guerra de consecuencias imprevisibles.

Agencia FARO

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