En los últimos días, una coordinadora de jóvenes socialistas ha convocado una manifestación contra el centro Mujer y Vida de Valladolid, situado en la calle San José frente al único abortorio de la ciudad. Este centro está llevado por voluntarios con el fin de ofrecer apoyo, acompañamiento y ayuda a mujeres embarazadas, para que alumbren a sus hijos.
Los panfletos que están difundiendo muestran una composición con un rosario roto y ardiendo en llamas, con el texto «si el enemigo avanza, avancemos nosotras», declarando como enemigos suyos —y de paso, de todas las mujeres— a los voluntarios provida, pero con una clara alusión anticatólica a los bienintencionados participantes de una conocida campaña que estos días, en diversas ciudades españolas, está ofreciendo el rezo del Santo Rosario en oración pública por el fin del aborto. Que esto suceda a las vísperas de la «festividad» del 8M del calendario laico y en torno a las próximas elecciones municipales de Castilla y León el 14 de marzo, es lo suficientemente elocuente.
Paralelamente han comenzado a circular en redes sociales carteles de una contramanifestación, convocada prácticamente a la misma hora y en la calle paralela, por lo que parece ser un satélite de Vox llamado Patriam, un grupo más de estética «facha» entre tantos, donde convergen conservadores-nacionalistas de todo pelaje, que no van a dejar pasar la oportunidad que les brinda la manifestación abortista para hacerse notar como la otra cara de la misma moneda del sistema.
Queremos instar a nuestros lectores a no dejarse embaucar por estos falsos patriotas, que buscan instrumentalizar un horror —como es el aborto— para fines corruptos, ajenos a la auténtica piedad. Este liberalismo católico promueve una concepción degenerada del cristianismo y pretende transformar señas de identidad tradicionales —como la defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural, o la virtud patriótica—, en un signo carente de todo fundamento, convirtiendo los rosarios y la bandera de España en instrumentos políticos, que distan mucho de ser tradicionales y de estar ordenados al bien común. Al actuar así pueden manipular a las personas de buena voluntad, mientras suman simpatizantes. Por ello, desaconsejamos resistir toda tentación de adherirse a tales manifestaciones que se presentan bajo una fachada «antiaborto» y exhortamos a no dejarse engañar por quienes utilizan símbolos sagrados y símbolos patrióticos en clave nacionalista, para canalizar votos mediante la crispación y la elección de un supuesto mal menor en vísperas de elecciones.
La auténtica defensa de la vida, la fe y la patria se sustenta en la obediencia a Dios y en la fidelidad a las instituciones legítimas, lejos de cualquier oportunismo político de nuevo cuño y de toda alianza posibilista con el mal, como representa la Constitución liberal de 1978.
Javier S. Molina, Círculo Tradicionalista Lirio y Burgoa
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