En esta segunda entrega de «El Serviola» prosigue el Círculo Alberto Ruiz de Galarreta en su empeño de perfeccionar los cauces de difusión y comunicación con socios y simpatizantes.
La historia casi dos veces secular del Carlismo es, entre otras muchas cosas, la de una incesante búsqueda de los medios más eficaces para defender y difundir la ortodoxia católica, especialmente en sus aspectos políticos y jurídicos. Entre dichos medios, la prensa tradicionalista ha sido siempre un instrumento fundamental: ya desde la Primera Guerra (1833-1840) —v. gr., con la Gaceta oficial o la Gaceta de Oñate—, y hasta nuestros días, el legitimismo español ha dado auténticos modelos en el apostolado de la buena prensa: tanto en los aspectos técnicos o estilísticos, como en la encumbrada calidad intelectual, moral y literaria de sus grandes firmas, que son innumerables: don Pedro de la Hoz, Vicente Manterola, el venerable Luis de Trelles, Benigno Bolaños, Eustaquio de Echave-Sustaeta, Manuel Senante, Melchor Ferrer, Luis Ortiz y Estrada… sin olvidar a los valencianos José Luis Martín Mengod, José Navarro Cabanes o Francisco de Paula Momblanch, por citar sólo unos pocos nombres señeros.
Sin embargo, junto a las grandes cabeceras carlistas, de altos vuelos doctrinales y gran rigor periodístico, y junto a las revistas formativas e intelectuales de factura académica, siempre han convivido esas pequeñas publicaciones locales, orientadas directamente a la militancia política y fraguadas en ella, que llamamos «boletines».
El boletín, en efecto, ha sido un medio utilísimo del que tradicionalmente se han servido las Juntas y los Círculos carlistas con un doble fin: para llevar los grandes principios «a pie de calle», donde no suelen llegar los libros sesudos ni las revistas, y para publicitar mejor su existencia, propósitos y actividades, procurando ensanchar así su radio de acción. Además, su fácil distribución al margen de fiscalizaciones estatales hizo de él una herramienta especialmente apta para la difusión en tiempos de clandestinidad como fueron los del régimen de Franco, que secuestró prácticamente toda la prensa carlista (Manuel Fal Conde dixit).
Respecto al título, el «serviola» es aquel vigía que se establece de noche próximo a la pieza (de idéntico nombre) que hay hacia el exterior del costado de los buques, donde se coloca el ancla después de izarla. No en vano, El Serviola fue uno de los varios seudónimos que usó nuestro patrón y maestro, quien siempre estaba atento a los movimientos del enemigo y, sobre todo, a las múltiples acciones concretas que podrían llevar a cabo los católicos —que por lo general siguen hoy dormitando— para contrarrestar eficazmente o, mejor aún, adelantarse a aquéllos. Con referencia a la reunión de los martes de la madrileña revista Verbo, en la que se daban cita semanalmente muchos de los grandes maestros del tradicionalismo, explica el Prof. Miguel Ayuso que:
«Tras la oración al Espíritu Santo del cardenal Verdier, Alberto Galarreta copaba en buena medida los primeros minutos, rubricados como “notas para la acción”. Y es que estaba permanentemente en “prevengan”, como un centinela o –también otro de sus nombres de pluma– “serviola”, y no había noticia a la que no sacase punta, con la intención siempre de animar la acción en defensa de la tradición católica».
Sea éste, pues, el espíritu del naciente boletín, que se ubica en la intersección siempre necesaria entre doctrina y acción. O como diría don Alberto, en la «síntesis de la acción al servicio de unas ideas claras, hondamente sentidas»; las de la tradición política española, que custodia y encarna la Comunión Tradicionalista, abanderada por S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón.
Así pues, completados ya sus tres primeros años de apostolado político y cultural, el Círculo Alberto Ruiz de Galarreta inaugura este nuevo —y antiguo— modo de comunicación con sus socios y simpatizantes, poniéndolo también a disposición de cualquier interesado.
Cada número se compone de una presentación, que ordinariamente será escueta, y cinco secciones:
Un escrito breve o una cita extensa de Alberto Ruiz de Galarreta abrirá el boletín.
En segundo lugar, en De ayer y de hoy, rescataremos un texto o pasaje de autores clásicos o contemporáneos en torno a puntos doctrinales o cuestiones de actualidad, resaltando en todo caso la perenne vigencia de los principios y análisis tradicionalistas. Ocasionalmente reproduciremos artículos escritos recientemente por correligionarios de nuestro Círculo.
A continuación, nos haremos eco de las convocatorias centrales de la Comunión Tradicionalista o de sus fundaciones amigas, así como de las noticias y avisos que dé la Agencia FARO en sus despachos. También informaremos puntualmente de las novedades relativas a nuestro Círculo;
En ese sentido, incluiremos en la Agenda un recordatorio de las actividades previstas para el período de publicación de cada número; y, junto con la efemérides carlistas del Reino de Valencia, daremos cuenta brevemente de las novedades editoriales tradicionalistas o recomendaremos libros de referencia sobre temas concretos.
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En este segundo número, antes de introducir la sección doctrinal, llamamos la atención sobre la variedad de la Agenda, destacando la visita del jurista Juan Manuel Rozas para abordar el olvidado pero fundamental tema de la usura, los actos centrales por los Mártires de la Tradición o la LXIII Reunión de Amigos de la Ciudad Católica. De las próximas Conversaciones de La Esperanza consignamos las dos primeras sesiones, correspondientes a los últimos meses (marzo y abril) a que se contrae este número.
Dos palabras sobre los textos seleccionados en esta ocasión. El 22 de enero, fiesta de san Vicente mártir, se cumplía el 192º aniversario del natalicio de don Vicente Manterola (1833-1891), renombrado canónigo y diputado carlista en las Cortes de 1869, donde pronunció brillantes discursos combatiendo la libertad de cultos, alcanzando fama nacional por sus duelos dialécticos con Emilio Castelar. Oriundo, como nuestro patrón, de San Sebastián, vino al mundo el mismo año en que nació formalmente el Carlismo, y a éste consagró su vida: vindicando los derechos Dios y de Su Iglesia en la sociedad, impugnando incansablemente el liberalismo en todas sus versiones (tanto las más coherentes como las más moderadas), y promoviendo la causa de Don Carlos VII como el remedio eficaz para atajar las miserias de la Patria, restaurándola en sus libertades forales y en sus instituciones genuinas.
Hace exactamente medio siglo, Alberto Ruiz de Galarreta le dedicó al insigne sacerdote una serie de cinco artículos en las páginas de El Pensamiento Navarro, glosando su personalidad y proponiendo su ejecutoria religioso-política y su doctrina carlista como fuente de inspiración práctica para el combate por la unidad católica de España. El próximo mes de octubre, D.m., rescataremos estos textos para conmemorar el 135º aniversario de su óbito. Entretanto, y para «ir haciendo ambiente», como solía decir D. Alberto, rescatamos un pasaje de su obra Don Carlos o el Petróleo (1871), en total sintonía con los dos escritos que reproducimos de Manuel de Santa Cruz, centrados ambos en el tema —por él tan querido— del fomento de las vocaciones políticas católicas y del deber político de los seglares.
Para todos aquellos que deseen recibirlo, tanto de manera postal como electrónica, les animamos a rellenar el siguiente formulario que nos ayudará a hacer llegar a todos los interesados puntualmente nuestro boletín:
https://forms.gle/T1fmMo6L5rmg2LHx8
Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia)
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