La inmoralidad sexual bajo el paraguas del «8 de Marzo»

me dirijo a todo universitario católico

El pasado 4 de marzo se realizó en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid un «taller» titulado Desmitific-hadas con motivo del 8 de marzo, entre muchas conferencias, seminarios, charlas, etc., que llenaban los tablones de la facultad. Se anunció en la Asamblea de Estudiantes del 3 de marzo (reunión de delegados de clase dedicada a anuncios importantes, actividades de la universidad y solventar quejas del alumnado) bajo la premisa de un puzle que muestra genitales femeninos obscenamente y un mural del cuerpo femenino, donde indicarían las mujeres asistentes «donde nos gusta que nos toquen». La frase despertó la risa tonta de muchos en la sala, pero pocos sobresaltos, a excepción de una profunda repulsión que despertó en mí y algunos compañeros. Así estuvimos la tarde comentándolo, esperando que fuera una broma o una actividad sin éxito y muchas críticas. 

Desconozco, por ahora, si el repulsivo taller tuvo mayor público que el que pudimos ver en alguna imagen. Muchas de las fotografiadas son parte de «La Mesa», organismo que supuestamente es defensor de los intereses del alumno dentro de las mencionadas asambleas, y es organizador del «taller». Tampoco tengo noticias, habiendo pasado ya varios días, de críticas ni incidentes durante el acto. La impresión que uno se puede llevar es de normalidad, como si este hecho fuera algo anecdótico o aplaudible. Algo que la sociedad universitaria asimila como aceptable.

Y es cierto. La España que conocemos vive todo tipo de actos desagradables como este. Supongo del lector un profundo conocimiento de los movimientos feministas envenenados de degeneración sexual. De igual modo no soy ajeno a esa secta. Crecí en colegio e instituto público, con anuales charlas de «conoce tu cuerpo» y «libertad sexual» (con desagradables incitaciones al consumo de pornografía).

Entonces, ¿qué hace diferente este esperpento de los otros? Nada. Es la misma permisibilidad y aceptación de siempre. Es la misma secta y rituales de siempre. Pero no será el mismo silencio y aplauso. La diferencia está en la intolerancia. Mientras queden católicos que desde el fondo del corazón repudien estos comportamientos y los denuncien, no será lo mismo. No caerá en la montaña de aberraciones que esta Secta perpetra.

Si en esta noble Universidad, patria de pensadores de encendido fervor católico queda bajo el dominio de la tolerancia a la degeneración sexual, será porque no quedan católicos entre sus muros. Así me dirijo a todo universitario católico. Que su bandera es Nuestro Señor Jesucristo y Santa María Madre de Dios, intolerantes ante el pecado. Hoy que ser «católico» es callar, no señalar (el pecado), amar (la comodidad), tolerar (la revolución), los que verdaderamente sabemos que es ser católico levantémonos valientemente.

Alejandro Díaz, Círculo Tradicionalista Lirio y Burgoa de Valladolid

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