El uribismo abortista y depravado

Ya es bien conocido que Paloma Valencia, del Centro Democrático, barrió a sus rivales en la consulta de precandidatos presidenciales de la centroderecha

EFE

Si hace algunos meses este periódico anunciaba con gran disgusto el nombramiento de Juan Carlos Florián como ministro de igualdad ―cuya identidad «no binaria» no obstó para que el Tribunal Administrativo de Cundinamarca declarara la nulidad de su designación al incumplir la ley de cuotas―, con no menos repugnancia he de dejar constancia, una vez más, de lo malvado, de lo nauseabundo y de lo inaceptable que es el uribismo para un católico.

Ya es bien conocido que Paloma Valencia, del Centro Democrático, barrió a sus rivales en la consulta de precandidatos presidenciales de la centroderecha y eligió como fórmula a Juan Daniel Oviedo, director que fue del DANE durante el mandato del también uribista Iván Duque.

Este Oviedo, quien es abiertamente homosexual, ha hecho de sus preferencias sexuales una bandera harto manida en las épocas que corren. So pretexto de promover la llamada inclusión, ha incursionado en política compitiendo primero por la alcaldía de Bogotá y más recientemente por la presidencia del país. Y es que ciertamente ha tenido un crecimiento vertiginoso, pues hoy por hoy ya cuenta con buenas posibilidades de ser el ―o la― vicepresidente de Colombia durante los próximos cuatro años.

Así, con esta elección, Serpiente Valencia, cultora del aborto y de la eutanasia, y siempre bajo la estricta supervisión de Álvaro Uribe, suma un nuevo motivo para rechazar de una vez por todas el maldito uribismo, que tanto daño le ha hecho al país y que, al fin y al cabo, no se diferencia mucho del petrismo que avala y defiende las más rampantes muestras de depravación.

Juan Manuel Sánchez, Círculo Tradicionalista Gaspar de Rodas

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