Cinismo ortodoxo y cinismo ateo, el caso de tres iglesias en Praga

Catedral ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio, antigua Iglesia de San Carlos Borromeo.

Recientemente la Unión de Periodistas Ortodoxos —así como algunos medios rusos— denunció que el Ayuntamiento de Praga estaba revisando los contratos de arrendamiento de tres iglesias ortodoxas de la capital checa y que, dado el caso, los contratos podrían rescindirse o modificarse. Esto, como era de esperarse, alertó a los fieles ortodoxos de Praga, cuyo obispo metropolitano Michal Dandár ya recibía acoso estatal por sus presuntos vínculos con Moscú, cosa que para un Estado miembro de la OTAN y la Unión Europeo es poco más que inaceptable.

Sin embargo, la historia de las iglesias en cuestión cuenta una historia muy distinta, pues los tres templos pertenecieron alguna vez a la Iglesia Católica, lo que da cuenta de la persecución religiosa en la antigua Checoslovaquia, anterior incluso al régimen comunista del extinto país. Grosso modo, tras la disolución del Imperio Austrohúngaro el territorio conocido en nuestra lengua como Bohemia se reorganizó en la Primera República de Checoslovaquia, con Tomáš Masaryk como su primer presidente.

En 1921, bajo su mandato, se formó entonces la Iglesia Ortodoxa Checoslovaca —hoy llamada de las Tierras Checas y Eslovaquia[1]— con fieles rusinos que anteriormente estaban la jurisdicción de la Iglesia Ortodoxa Serbia y con antiguos católicos orientales que se unieron a esta nueva institución. Años más tarde, en 1933, el gobierno checoslovaco les concedió el uso de la Iglesia de San Carlos Borromeo —construida en 1730 y en desuso desde 1785 por las reformas del Emperador José II que la convirtió en cuartel— y en 1935 la consagraron como la Catedral de los Santos Cirilo y Metodio. Esta es, entonces, la primera de las tres iglesias en disputa.

Otro de los templos es la Iglesia de la Anunciación de la Virgen María —construida por el Emperador Carlos IV entre 1360 y 1375 como anexa a un convento servita—, conocida localmente como Na Slupi, que significa un pilar. La iglesia fue declarada monumento en 1955, cuando Checholovaquia ya era comunista, y entregada a la Iglesia Ortodoxa en 1995, tres años después de la disolución del país y del régimen comunista. Esta iglesia mantuvo su nombre, sobre todo en el checo local.

La última de las iglesias es la de Santa Catalina de Alejandría, fundada 1355 como parte de un convento agustino también por el emperador Carlos IV.  En 1785 el convento sufrió el mismo destino de la Iglesia de San Carlos Borromeo y el convento se convirtió en un complejo militar, pero en 1841 la iglesia fue reconsagrada y el culto se mantuvo hasta 1950, cuando la propiedad se entregó al museo de la ciudad. En 2002, según un servicio turístico de Praga, la iglesia quedó en manos de los Canónigos de la Santa Cruz de la Estrella Roja, que restableció la misa, pero en 2012 el municipio entrego el templo a la Iglesia Ortodoxa y desde entonces han mantenido su eso.

Esta historia accidentada da cuenta no solo de las muchas desamortizaciones que la Iglesia Católica sufrió desde el siglo XVIII sino del férreo sentimiento anticatólico en el siglo XX. El mismo presidente Masaryk, que a pesar de haber nacido en una familia católica y ser irreligioso de adulto abandonó la Iglesia Reformada en Austria, a la que se había unido años atrás para ser parte de la Iglesia Evangélica de los Hermanos Checos, cuyos orígenes se encuentran en los antiguos husitas y es uno de los mitos del nacionalismo checoslovaco.

Que hoy los herederos de las iglesias estatales denuncien un mal trato del Estado, es, en muchos sentidos, irónico. La antigua Checoslovaquia promovió activamente la apostasía de los católicos al punto de que al hoy beato eslovaco de origen rusino Pavel Peter Gojdič los comunistas le ofrecieron la libertad a cambio de convertirse en patriarca de la iglesia ortodoxa nacional, pero este, en su celo apostólico, declinó la oferta y vivió el resto de sus días en prisión, tras morir por culpa de un cáncer terminal.

Gojdič, que se opuso tanto al comunismo como al nacionalismo eslovaco —quienes resentían de los checos— en tiempos de la ocupación nazi, es hoy un modelo para todos los católicos. Quiera Dios que algún día la Iglesia de San Carlos Borromeo, tan importante para el Carlismo, regrese a la Iglesia Católica, pero hasta entonces, no basta confiar en el Ayuntamiento de Praga ni en los muchos ateos del gobierno checo. El Metropolitano Michal de Praga no es amigo nuestro, pero quienes lo persiguen bajo la acusación de servilismo al Kremlin son un enemigo mucho peor.

Después de todo, si el delito es servir a un extranjero como Kiril de Moscú o Vladimir Putin ¿cuánto no tardarán en acusar a los católicos de hacer lo mismo con el Vaticano y el Papa? La respuesta está por verse, máxime en estos tiempos en que un Papa estadounidense no parece ser el peón que Donald Trump ni la OTAN esperaban.

Juan Camilo Soto

[1] Esta Iglesia Ortodoxa, a diferencia de las demás, no tiene una sede fija, sino que se turnan la jefatura entre Praga (Chequia) y Prešov (Eslovaquia) tras la muerte de cada primado. El jefe actual de la Iglesia, el Metropolitano Ratislav Gont de Prešov dirige la Iglesia desde 2014.

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