Las anteriores partes del artículo pueden leerse aquí.
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- Cuarta época de la contienda entre la Curia Romana y la HSSPX
Tratativas con el Cardenal Müller
Así y todo, el diálogo perseveró unos años más, aunque en esta etapa se desarrollaría de una manera más bien esporádica.
Se puede considerar la reunión de Fellay con el ya Cardenal Müller, el 23 de septiembre de 2014, como el principal evento de reactivación en los tratos entre la Hermandad y Roma.
En virtud de los mismos, la Santa Sede, al parecer, llegó a entregar a la HSSPX a mediados de 2015 un primer borrador de Declaración Doctrinal que se alejaba en varios aspectos relevantes de aquellos textos del Cardenal Levada preconizados en 2011-2012.
El Obispo Alfonso de Galarreta realizó una breve descripción de este documento en una conferencia dada en enero de 2016, que apareció reseñada en el número del 26 de febrero de la revista DICI, órgano de la Agencia de Noticias homónima de la Hermandad.
La parte que nos interesa, decía así: «Monseñor de Galarreta indica a continuación que una proposición de Prelatura Personal ha sido hecha por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el verano de 2015, acompañada de una proposición de Declaración Doctrinal. […] Acerca de la proposición de Declaración Doctrinal, el Obispo argentino reconoce: “Lo que uno ve en la Declaración Doctrinal, es que ya no está la Profesión de Fe del Cardenal Ratzinger. Las autoridades romanas nos piden la Profesión de Fe de Pío IV, es decir, la Profesión de Fe del Concilio de Trento. A continuación, en la anterior proposición [de Declaración Doctrinal], había un párrafo sobre la libertad religiosa. Han suprimido esta exigencia. El ecumenismo está suprimido. Sobre la Misa, nos pedían reconocer la validez y la legitimidad. Ahora nos piden reconocer la validez de los nuevos Sacramentos, de la Nueva Misa, según la edición típica, la edición latina original. Lo que la Hermandad siempre ha reconocido. Ved, ellos quitan condiciones para intentar arribar”. Luego, Mons. de Galarreta indica que el Superior General ha tenido a bien responder a la oferta romana de reconocer a la Hermandad “tal cual es”, con una respuesta previa que no se quede en vaguedades: “Mons. Fellay nos ha dicho: ‘antes de responder a esta proposición de la Congregación de la Fe, les voy a escribir de modo asaz exhaustivo, para precisar bien cómo somos y cómo obramos, qué es lo que predicamos, qué es lo que hacemos, qué es lo que no hacemos, y lo que no estamos dispuestos a hacer’”, a fin de saber si la Hermandad es aceptada “tal cual es” verdaderamente».
Por último, la noticia de la Agencia DICI terminaba reseñando este trozo del discurso con estas palabras: «El Prelado argentino dio parte entonces de sus reservas, por una razón doctrinal de fondo: “Ellos piensan sobre todo y siempre hacernos aceptar, al menos vagamente, al menos en principio, el Concilio Vaticano II y sus errores”. Y añade que esta voluntad romana se encuentra en el plan práctico, en la proposición canónica: “Hay siempre, de un modo u otro, una sumisión con relación a los Dicasterios o con relación a los Obispos”. Lo que le lleva a afirmar que, personalmente, él rechazaría las proposiciones romanas: “Por mí, un acuerdo con la Roma actual está excluido”. Precisa que se trata de un rechazo prudencial dictado por las circunstancias –en ausencia de garantías necesarias a la vida de la Hermandad–, y tiene a bien distinguirse de aquellos que hacen de este rechazo un absoluto: “Nosotros no rechazamos, vosotros lo veis, de modo absoluto y teórico la posibilidad de un acuerdo con Roma. Eso es lo que nos distingue de la “Resistencia” [= escisión de la HSSPX acaudillada por el Obispo Williamson desde octubre de 2012]. Para ellos es un principio, Es una cuestión doctrinal: `Usted no puede admitir la posibilidad de un acuerdo con Roma, sin ser liberal’. Ésa no es nuestra posición. Hay que repetirlo: ésa no era la posición de Mons. Lefebvre. Él firmó un Protocolo de Acuerdo con Roma. Y en aquel momento, incluso cuando rompió después el Protocolo, Monseñor bien dijo: ‘es porque no hay las condiciones necesarias para nuestra supervivencia, para nuestra protección’. Porque ellos quieren engañarnos, porque no quieren darnos la Tradición, porque quieren llevarnos de nuevo al Vaticano II. Es porque no hay las condiciones. Él dijo: ‘Si me hubieran dado las condiciones, las condiciones que yo había puesto, habría firmado’. Eso Mons. Lefebvre lo dijo después de las consagraciones. Y precisó: ‘Si yo firmé un Protocolo de Acuerdo, es porque no había nada de contrario a la fe’. Ni en el contenido, ni en el hecho de firmar. Es evidente. Por consiguiente, nosotros continuamos en esta línea”».
Por otra parte, en ese mismo año de 2016, Monseñor Fellay, al término de una reunión de superiores de la HSSPX habida a finales de junio, divulgó el día 29 un comunicado en que puntualizaba nuevamente la razón de ser de dicha asociación: «La finalidad de la Hermandad Sacerdotal San Pío X es principalmente la formación de los sacerdotes, condición esencial para la renovación de la Iglesia y para la restauración de la sociedad. En la gran dolorosa confusión que reina actualmente en la Iglesia, la proclamación de la doctrina católica exige denunciar los errores que han penetrado en su seno, promovidos, lamentablemente, por un gran número de pastores, incluso por el mismo Papa. La Hermandad San Pío X, en el actual estado de grave necesidad, que le concede el derecho y el deber de proporcionar los auxilios espirituales a las almas que recurren a ella, no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica. Lo único que desea es llevar fielmente la luz de la Tradición bimilenaria, que señala el único camino que debe seguirse en esta época de tinieblas, en la que el culto del hombre reemplaza el culto de Dios, tanto en la sociedad como en la Iglesia. La “restauración de todas las cosas en Cristo”, que quería San Pío X siguiendo a San Pablo (Ef. 1, 10), no podrá lograrse sin el apoyo de un Papa que favorezca concretamente el retorno a la Santa Tradición. A la espera de ese día de gracia, la Hermandad Sacerdotal San Pío X quiere redoblar los esfuerzos para restablecer y difundir, con los medios que le da la Providencia Divina, el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo». (Tomamos la traducción de la página digital FSSPX.News).
El 13 de octubre de 2016, el Obispo Fellay y el Cardenal Müller volvieron a reunirse en Roma. En el comunicado emitido al día siguiente por la Casa General de la Hermandad, se especificaba lo siguiente: «Prevista desde hacía mucho tiempo, esta reunión con el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe –que es la segunda después de la del 23 de septiembre de 2014–, se inscribe en el marco de las relaciones que la Hermandad San Pío X ha mantenido siempre con las autoridades romanas, en particular estos últimos años por las conversaciones doctrinales que han tenido lugar en diversos Seminarios de la Hermandad, y que proseguirán en los meses por venir».
Actos deferentes hacia la HSSPX
Paralelamente, en estos años el Papa Francisco asimismo se dignó agraciar a la Hermandad con algunos gestos generosos a nivel canónico. Dejando al margen las intenciones subjetivas que pudieran haber guiado estas acciones, lo que no cabe duda es que el Pontífice demostró, en el terreno de los hechos, que la ausencia de un previo acuerdo doctrinal no suponía en absoluto obstáculo alguno que le impidiera dispensar unilateralmente, si así le placía, reconocimientos o concesiones a la HSSPX en el plano jurídico o formal de la Iglesia.
Así, en primer lugar, en su Carta dirigida al Arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, «con la que se concede la indulgencia con ocasión del Jubileo extraordinario de la Misericordia», del 1 de septiembre de 2015 (AAS 107 (2015), pp. 974-976), el Santo Padre acababa manifestando: «Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Este Año Jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados».
Esta medida temporal, se convirtió en fija con la Carta Apostólica Misericordia et misera, del 20 de noviembre de 2016 (AAS 108 (2016), pp. 1311-1327), en donde dispone el Papa Francisco: «En el Año del Jubileo había concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, la posibilidad de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados. Por el bien pastoral de estos fieles, y confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes, para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios la plena comunión con la Iglesia Católica, establezco por decisión personal que esta facultad se extienda más allá del período jubilar, hasta nueva disposición, de modo que a nadie la falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia».
A su vez, una Carta de la Comisión Ecclesia Dei, del 27 de marzo de 2017 (AAS 109 (2017), pp. 426-427), dirigida al Episcopado, establecía que «el Santo Padre […] ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad», otorgándolas, o bien a un Presbítero diocesano, sin perjuicio de que la Misa sea celebrada por un Sacerdote de la Hermandad, o bien, de no ser posible, directamente a un Sacerdote de este Instituto.
Al parecer, también el Papa Francisco dio en carta reservada autorización general a los Obispos auxiliares de la HSSPX para poder ordenar libremente a sus seminaristas. Así lo revelaba Mons. De Galarreta en la homilía dada en una ordenación llevada a cabo el 2 de julio de 2016, y a la que pertenecen estos pasajes: «Y entonces algunos, evidentemente, dicen que nosotros estamos equivocados y que somos cismáticos, que somos ilegales en la Iglesia […]. Y entonces el Patriarca de Babilonia, que es caldeo, dice que nosotros somos cismáticos. Y el Ordinario en Francia para las Iglesias Orientales dice que somos ilegales. Ahora bien, el Papa mismo dice que la Hermandad, nosotros, somos católicos. Entonces, ¿somos católicos o somos cismáticos? Tengo conmigo la carta –que me ha sido dada por Su Excelencia Monseñor Fellay– en donde la Congregación para la Doctrina de la Fe nos dice que podemos proceder a las ordenaciones sin pedir el permiso a los Ordinarios del lugar; que es suficiente darles los nombres de los ordenados, cosa que nosotros hacemos por supuesto, oportunamente. Entonces, nosotros no somos ni cismáticos, ni ilegales. Entonces, ¿por qué agitan este espantajo, veis, de la legalidad, si estamos en regla canónicamente; o del cisma, cuando no lo hay y Roma misma lo reconoce? Bueno, porque lo que nos separa es la doctrina, es la Fe, es la ruptura con la Tradición. Ahora bien, ellos no quieren asumir que el problema está ahí. Pues saben bien que ahí ellos están equivocados. Ellos no podrán jamás, incluso si llegan, por así decir, a abarcarlo todo, ellos no podrán jamás llegar a destruir la Fe, ni la Tradición, ni la Iglesia».
El propio Obispo Fellay, destinatario de la misiva aludida, confirmará este extremo en una entrevista dada en abril de 2017 a un medio estadounidense ligado a la HSSPX (cfr. número del 26 de mayo de 2017 de la revista DICI).
Es importante subrayar que estas decisiones pontificias, en verdad, no hacían sino formalizar lo que Roma ya andaba efectuando en la práctica desde hacía muchos años, y en cuya virtud se había generado un modus vivendi peculiar entre El Vaticano y la HSSPX a través del cual el Instituto, por un lado, ofrecía pruebas de su genuino espíritu de sumisión a la jurisdicción de la Santa Sede, mientras que ésta, por el otro, correspondía a su vez viniéndole a reconocer realmente como parte integrante de la Iglesia Católica, aun cuando oficialmente se le siguiera considerando en situación canónica irregular, sin exceptuar la dura época en que aún no se habían levantado las excomuniones. Monseñor Fellay puso algunos ejemplos de este particular statu quo en otra entrevista concedida en enero de 2022 al apologista católico Luis Román, de la que transcribimos el siguiente fragmento:
«Al nivel puramente canónico hay, lo digo así, apariencia de irregularidad –es la palabra que se usa ahora, “irregular”–, porque no tenemos el reconocimiento. Bien, eso es un hecho. Pero, al mismo momento, hay, al modo práctico, como si la Iglesia cerrara lo ojos y dejara pasar. Es un poco como el policía, [cuando hay] fuego, y [la señal de tráfico] está en rojo, pero el policía dice [al conductor bombero] “pasa, pasa”. Es de este tipo. Claro que, este modo muy pragmático, jamás se puede explicar, porque es como una excepción práctica, pragmática, a la ley. Y le puedo dar unos ejemplos de eso. Porque hay mucho. No es solamente un elemento; hay muchísimos que muestran que, en la práctica, las relaciones que tenemos con Roma se desarrollan como si fuésemos normales.
Por ejemplo, varias veces yo mismo fui nombrado juez [canónico], juez para cosas de la Iglesia. Una vez, también [hubo] como una apelación a la Congregación de la Fe, y la Congregación de la Fe me nombró para ser juez en una cosa en la cual un Sacerdote [de la HSSPX] había hecho apelación a la Congregación de la Fe. Y yo estoy totalmente irregular, no puedo hacer eso; pero Roma lo ha dicho.
Otro ejemplo, que es también más preciso, más delicado. Son las cuestiones de las censuras que son reservadas a Roma, que se llama la Penitenciaría. Hay pecados que traen consigo penas, censuras; y algunas de esas censuras, por los pecados más graves, son reservadas a Roma, esto es, al Santo Padre. Por ejemplo, un pecado contra la Sagrada Eucaristía, o un Sacerdote que viola el sigilo de la confesión, el secreto de confesión. Son pecados gravísimos, y la Iglesia castiga con una censura. Y nadie puede suprimir la censura sino el Papa mismo. Bien, pero, en la práctica, ¿cómo pasa? Muchísimas veces, un Sacerdote que se encuentra con tal caso, va a dar la absolución, pero, para la validez del acto necesita, en el mes, contactar con Roma, y Roma le va a dar la respuesta. Entonces, nosotros lo hemos hecho –ahora puedo decirlo, desde 20 años, no es nuevo, y más antes–. Pero bien; en un caso, uno recibe este castigo, esta censura. Un Sacerdote nuestro da la absolución; da también la penitencia; y escribe a Roma, se escribe a la Penitenciaría. Bien, todos los casos, absolutamente todos los casos, Roma nos ha contestado: “usted ha hecho bien; su absolución fue lícita”. No solamente válida, sino lícita. Y a veces han dicho: “la penitencia que ha dado es conveniente”, o “no conveniente, hay que dar un poco más de punición a este nivel”. Pero, cada vez era este sigilo, es bueno. Esa confesión. En un tiempo en el cual oficialmente se decía: “las confesiones de los Sacerdotes de la Fraternidad son inválidas”, y todo eso. ¿Y en los casos peores, de Roma? En el ámbito de la confesión, que es muy secreto, porque jamás escribimos el nombre de la persona, jamás, y después, cuando se recibe el documento de Roma, se debe destruir, hay la obligación de destruir inmediatamente. Entonces, no hay pruebas; pero es así, es la práctica.
Otro ejemplo. Hemos tenido problemas con el Obispo de Ratisbona, de Regensburg, por las ordenaciones sacerdotales. Él, hasta ahora, cada año, protesta, diciendo: “usted no tiene el derecho de ordenar Sacerdotes, es mi Diócesis, y yo soy el responsable en mi Diócesis, usted necesita mi permiso”, y todo eso. Bien. Y nosotros hemos hablado con Roma de este problema. Y varias veces, lo sé, ha intervenido Roma, a este [Obispo], para decirle: “calma”. Y lo sé, tengo una carta de Monseñor Pozzo, que era el Secretario de la Comisión [Ecclesia Dei], que me dice: “usted puede ordenar sus Sacerdotes sin pedir la licencia al Obispo. Es conveniente avisarle, pero eso es todo”.
Otro caso. Cada vez que hacemos ordenaciones, al diaconado, al sacerdocio, Roma nos ha pedido que demos a ellos la lista. Todo eso significa, de un modo, de nosotros el respeto de la autoridad, y del otro lado aceptan este respeto de la autoridad, porque hacen, ejercen también, un poder. Ellos nos dicen: “bien, envíanos la lista”. Eso significa algo. Pero, de nuevo, todo eso es muy discreto, en calma, en el nivel práctico. Y todo eso pasó antes del Papa Francisco».
El ultimátum de la Sagrada Congregación para la doctrina de la Fe
Todos estos datos en torno a las conversaciones de 2014-2017 parecían suscitar expectativas positivas de cara a una pronta regularización jurídica de la Hermandad Sacerdotal. Sin embargo, los prometedores augurios acabaron frustrándose con la carta del 6 de junio de 2017 del Cardenal Müller, por la que informaba a Fellay de los definitivos requisitos doctrinales que se estimaban necesarios para el «pleno restablecimiento de la comunión», y que prácticamente representaban una vuelta al mismo escenario a que se había llegado en el verano de 2012.
Escribía Müller: «Con la aprobación del Sumo Pontífice, he considerado necesario someter a la Sesión Ordinaria de nuestra Congregación, reunida el pasado 10 de mayo, el texto de la Declaración Doctrinal que le fue transmitido durante el encuentro del 13 de junio de 2016, como condición necesaria para el pleno restablecimiento de la comunión. He aquí, a propósito de ello, las decisiones unánimes de todos los Miembros de nuestro Dicasterio: 1. Es necesario exigir a los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X la adhesión a la nueva fórmula de la Professio Fidei de 1988. En consecuencia, ya no es suficiente pedirles que emitan la Professio Fidei de 1962. 2. El nuevo texto de la Declaración Doctrinal debe incluir un párrafo en el que los firmantes declaren, de manera explícita, su aceptación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y las del período postconciliar, otorgando a dichas afirmaciones doctrinales el grado de adhesión que les corresponde. 3. Los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben reconocer no sólo la validez, sino también la legitimidad del rito de la Santa Misa y de los Sacramentos, según los libros litúrgicos promulgados después del Concilio Vaticano II». (Tomamos la traducción de la página digital FSSPX.News).
Un mes después, el Papa Francisco relevó de la Prefectura de la Sagrada Congregación de la Fe al Cardenal Müller, y puso en su lugar al Arzobispo Luis F. Ladaria Ferrer, S. J.
A pesar de la decepción sufrida, las partes siguieron todavía dando algunos pasos y tentativas más. A fines de febrero de 2018 se reunieron el Arzobispo Guido Pozzo y Monseñor Fellay. Ésta sería la última intervención relevante del Obispo suizo, quien será reemplazado como Superior de la HSSPX, en julio de ese año, por el Sacerdote Davide Pagliarani.
Éste, por su parte, entrará por vez primera en contacto con la Curia Romana en el encuentro que mantendrá el 22 de noviembre con el ya Cardenal Ladaria y el propio Arzobispo Pozzo. En una nota emitida al día siguiente por la Casa General de la Hermandad, se informaba: «En el transcurso de la reunión con las autoridades romanas, se recordó que el problema de fondo es propiamente doctrinal, y que ni la Fraternidad ni Roma pueden eludirlo. Por causa de esta divergencia doctrinal irreductible, ninguna de las tentativas de elaborar un proyecto de Declaración Doctrinal aceptable para las dos partes ha llegado a buen término en estos siete años. Por ello, la cuestión doctrinal sigue siendo absolutamente primordial. La Santa Sede declara lo mismo cuando afirma solemnemente que el establecimiento de un estatuto jurídico para la Fraternidad solamente podrá realizarse luego de la firma de un documento de carácter doctrinal. Todo conduce, pues, a la Fraternidad a retomar la discusión teológica, consciente de que Dios no le pide necesariamente que convenza a sus interlocutores, sino que dé ante la Iglesia el testimonio incondicional de la fe. El futuro de la Fraternidad está en las manos de la Providencia y de la Santísima Virgen, como lo prueba toda su Historia, desde su fundación al presente. Los miembros de la Fraternidad sólo desean servir a la Iglesia y cooperar eficazmente en su regeneración, hasta dar sus vidas por su triunfo, si es necesario. Pero no corresponde a ellos elegir el modo, ni los términos, ni el momento de lo que pertenece sólo a Dios». (Tomamos la traducción de la página digital FSSPX.News).
En ejecución de estas intenciones, Pagliarani envió una carta, datada el 17 de enero de 2019, al Secretario de la Comisión Ecclesia Dei, Guido Pozzo, en que le proponía continuar las discusiones teológicas mediante «intercambios escritos regulares entre teólogos de la Santa Sede y de la Fraternidad, previendo, por ejemplo, dos encuentros anuales. […] En cuanto a los temas de las discusiones, pienso que sería conveniente que se refieran tanto al Concilio como al Magisterio posterior. En efecto, en el desarrollo postconciliar, hay muchos elementos que permiten precisar la verdadera interpretación que debe darse al Concilio: de ahí la importancia de incluir en los intercambios el Magisterio postconciliar». Y terminaba señalando un listado de 9 materias «que debería permitirnos abarcar prácticamente todos los temas a tratar». (Tomamos la traducción de la página digital FSSPX.News).
Años después, Pagliarani, en su carta del 18 de febrero de 2026 al Cardenal Fernández, comentará que, «en aquel momento, el Dicasterio no mostró realmente interés por tal discusión, aduciendo –de forma oral– que era imposible llegar a un acuerdo doctrinal entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X». (Tomamos la traducción de la página digital FSSPX.News).
Vuelta al sistema de indulto para la Misa de San Pío V
Aquel mismo día, 17 de enero, el Papa Francisco rubricaba un Motu Proprio (AAS 111 (2019), pp. 111-113) en el cual indicaba que «la Feria IV de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 15 de noviembre de 2017, formuló la petición de que el diálogo entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X fuera conducido directamente por la Congregación antes mencionada, siendo las cuestiones tratadas de naturaleza doctrinal, a cuya petición di mi aprobación in Audientia al Prefecto el sucesivo día 24 y esa propuesta fue plenamente acogida en la sesión plenaria de la misma Congregación celebrada del 23 al 26 de enero de 2018». A raíz de lo cual, y «luego de una amplia reflexión», el Papa decidía suprimir la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, asignando sus tareas «en su totalidad a la Congregación para la Doctrina de la Fe, dentro de la cual se establecerá una Sección especial para continuar el trabajo de supervisión, promoción y protección que ha llevado hasta ahora a cabo la Pontificia Comisión suprimida».
Dos años más tarde, el 16 de julio de 2021, el Santo Padre promulgaba el Motu Proprio Traditionis custodes, «sobre el uso de la liturgia romana antes de la Reforma de 1970» (AAS 113 (2021), pp. 793-796).
En él se empezaba afirmando: «Siguiendo la iniciativa de mi venerado predecesor Benedicto XVI de invitar a los obispos a una evaluación de la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum tres años después de su publicación, la Congregación llevó a cabo una amplia consulta a los Obispos en 2020, cuyos resultados fueron considerados a la luz de la experiencia adquirida en estos años». Y seguidamente pasaba a dictar una serie de ocho artículos reguladores del uso de la Liturgia tridentina, establecidos «en vista de los deseos expresados por el Episcopado y habiendo escuchado el parecer de la Congregación para la Doctrina de la Fe».
Básicamente se podrían reducir a los dos primeros. En el artículo 1 se resaltaba que los libros litúrgicos de la Reforma postconciliar «son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano». Y el artículo segundo proclamaba: «Al Obispo diocesano, como moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia particular que le ha sido confiada, le corresponde la regulación de las celebraciones litúrgicas en su propia diócesis. Por tanto, es de su exclusiva competencia autorizar el uso del Missale Romanum de 1962 en la diócesis, siguiendo las orientaciones de la Sede Apostólica».
Se trataba, así pues, en definitiva, de un retorno al «régimen de indulto» que existía en la época del Papa Juan Pablo II anterior a la instauración de la Comisión Ecclesia Dei.
En una Carta «a los Obispos de todo el mundo para presentar el Motu Proprio Traditionis custodes», de igual fecha (AAS 113 (2021), pp. 802-808), el Papa confirmaba que el año pasado «encargué a la Congregación para la Doctrina de la Fe que os enviara un cuestionario sobre la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum. Las respuestas recibidas revelaron una situación que me apena y preocupa, confirmando la necesidad de intervenir». La pastoral de Juan Pablo II y Benedicto XVI, pensada «para restaurar la unidad del cuerpo eclesial, respetando las diversas sensibilidades litúrgicas, ha sido aprovechada para aumentar las distancias, endurecer las diferencias y construir oposiciones que hieren a la Iglesia y dificultan su progreso, exponiéndola al riesgo de la división».
Añade el Papa a continuación: «Me entristece el uso instrumental del Missale Romanum de 1962, que se caracteriza cada vez más por un rechazo creciente no sólo de la reforma litúrgica, sino del Concilio Vaticano II, con la afirmación infundada e insostenible de que ha traicionado la Tradición y la “verdadera Iglesia”. […] Dudar del Concilio es dudar de las propias intenciones de los Padres, que ejercieron solemnemente su potestad colegial cum Petro et sub Petro en el Concilio Ecuménico y, en definitiva, dudar del propio Espíritu Santo que guía a la Iglesia. Es precisamente el Concilio Vaticano II el que ilumina el sentido de la decisión de revisar la concesión permitida por mis Predecesores». Una última razón aducida como fundamento para esta resolución, es que era «cada vez más evidente en las palabras y actitudes de muchos que existe una estrecha relación entre la elección de las celebraciones según los libros litúrgicos anteriores al Concilio Vaticano II y el rechazo de la Iglesia y sus instituciones en nombre de lo que consideran la “verdadera Iglesia”. Se trata de un comportamiento que contradice la comunión […]. Es para defender la unidad del Cuerpo de Cristo que me veo obligado a revocar la facultad concedida por mis Predecesores. El uso distorsionado que se ha hecho de ella es contrario a las razones que les llevaron a conceder la libertad de celebrar la Misa con el Missale Romanum de 1962».
Y concluía el Pontífice: «Respondiendo a vuestras peticiones, tomo la firme decisión de derogar todas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores al presente Motu Proprio, y de considerar los libros litúrgicos promulgados por los Santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, como única expresión de la lex orandi del Rito Romano. Me reconforta en esta decisión el hecho de que, tras el Concilio de Trento, San Pío V también derogó todos los ritos que no podían presumir de una antigüedad probada, estableciendo un único Missale Romanum para toda la Iglesia latina. Durante cuatro siglos, este Missale Romanum promulgado por San Pío V fue, pues, la principal expresión de la lex orandi del Rito Romano, cumpliendo una función unificadora en la Iglesia. […] Mientras, en el ejercicio de mi ministerio al servicio de la unidad, asumo la decisión de suspender la facultad concedida por mis Predecesores, os pido que compartáis conmigo esta carga como forma de participación en la solicitud por toda la Iglesia. En el Motu Proprio he querido afirmar que corresponde al Obispo […] regular las celebraciones litúrgicas. Por tanto, os corresponde a vosotros, como Ordinarios locales, autorizar en vuestras Iglesias el uso del Misal Romano de 1962, aplicando las normas del presente Motu Proprio. Sobre todo, os corresponde trabajar por la vuelta a una forma unitaria de celebración».
De esta forma, se consumaba el desmantelamiento del conjunto de organismos y normas disciplinarias que se había ensamblado durante los Pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI con motivo de la declaración y levantamiento de las excomuniones a los Obispos auxiliares de la HSSPX. El ex Papa Benedicto XVI tuvo aún tiempo de presenciarlo en vida, pues no fallecería hasta fin del siguiente año 2022.
Postrer capítulo de la contienda entre la Curia Romana y la HSSPX
En julio de 2023 el Cardenal Ladaria fue sustituido por el Arzobispo Víctor Manuel Fernández como cabeza de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.
Dos años más tarde, el Papa Francisco falleció en abril de 2025, y fue sucedido por León XIV en el Trono Pontificio.
El último episodio (por ahora) de la Historia de las tratativas entre El Vaticano y la HSSPX viene marcado por el anuncio del P. Pagliarani, el 2 de febrero de 2026, de que los Obispos auxiliares de la Hermandad procederían el próximo 1 de julio a la realización de consagraciones episcopales. Inmediatamente, el Superior General fue convocado a Roma donde se reunió el día 12 con el ya Cardenal Fernández.
En un mensaje difundido esa misma jornada por el Dicasterio de la Fe, se enunciaba: «Después de haber aclarado algunos puntos presentados por la HSSPX en diversas cartas, enviadas particularmente en los años 2017-2019 –entre otros, se ha discutido acerca de la cuestión de la voluntad divina respecto a la pluralidad de las religiones–, el Prefecto ha propuesto una ruta de diálogo específicamente teológico, con una metodología bien precisa, respecto a los temas que aún no han tenido suficiente precisión, como: la diferencia entre acto de fe y “religioso obsequio de la mente y de la voluntad”, o los diferentes grados de adhesión que requieren los diversos textos del Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación. Al mismo tiempo, ha propuesto tratar una serie de temas listados por la HSSPX en una carta del 17 de enero de 2019. Esta ruta tendría como meta evidenciar, en los temas debatidos, los mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia Católica y, en consecuencia, para delinear un estatuto canónico de la Hermandad, junto con otros aspectos a profundizar ulteriormente. […] la posibilidad de desenvolver este diálogo presupone que la Hermandad suspenda la decisión de las ordenaciones episcopales anunciadas».
En otra comunicación transmitida simultáneamente por la Casa General de la Hermandad, se anotaba que el Cardenal Fernández, durante la entrevista, «precisó oralmente que, si bien se podía dialogar sobre el Concilio, no se podrían corregir sus textos».
La invitación fue rechazada por Pagliarani en carta del 18 remitida al Prefecto del ex Santo Oficio. El Superior General iniciaba su contestación admitiendo que, «por parte de la Fraternidad, una discusión doctrinal era –y sigue siendo– deseable y útil. En efecto, aunque no se llegue a un acuerdo, los intercambios fraternos permiten conocerse mejor mutuamente, afinar y profundizar los propios argumentos, comprender mejor el espíritu y las intenciones que animan las posiciones del interlocutor, sobre todo su amor real por la Verdad, por las almas y por la Iglesia. Esto se aplica, en todo momento, por ambas partes. Ésa era precisamente mi intención en 2019». Y completa en seguida: «Dicho esto, aunque me alegra, por supuesto, esta nueva apertura al diálogo y la respuesta positiva a mi propuesta de 2019, no puedo aceptar, por honestidad intelectual y fidelidad sacerdotal, ante Dios y ante las almas, la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo en la situación actual».
Pagliarani expone como razones de su negativa, entre otras, las siguientes:
«1. Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II. Este desacuerdo, por parte de la Fraternidad, no constituye una simple divergencia de opiniones, sino un verdadero caso de conciencia, nacido de lo que resulta ser una ruptura con la Tradición de la Iglesia. Lamentablemente, este complejo nudo se ha vuelto aún más inextricable con los desarrollos doctrinales y pastorales surgidos durante los últimos pontificados.
Por lo tanto, no veo cómo un proceso de diálogo común podría conducir a determinar conjuntamente cuáles serían “los mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia Católica”, ya que, como usted mismo ha recordado con franqueza, los textos del Concilio no pueden ser corregidos, ni puede cuestionarse la legitimidad de la reforma litúrgica.
- Se entiende que este diálogo debería permitir aclarar la interpretación del Concilio Vaticano II. Pero ésta ya está claramente establecida en el postconcilio y en los sucesivos documentos de la Santa Sede. El Concilio Vaticano II no es un conjunto de textos libremente interpretables: ha sido recibido, desarrollado y aplicado durante sesenta años por los Papas que se han sucedido, según orientaciones doctrinales y pastorales precisas.
Esta lectura oficial se expresa, por ejemplo, en textos importantes como Redemptor Hominis, Ut Unum Sint, Evangelii Gaudium o Amoris Laetitia. Se manifiesta igualmente en la reforma litúrgica, comprendida a la luz de los principios reafirmados en Traditionis Custodes. Todos estos documentos muestran que el marco doctrinal y pastoral en el que la Santa Sede pretende situar cualquier discusión ya está determinado.
[…].
- Por otra parte, no nos parece posible entablar un diálogo para definir cuáles serían los mínimos necesarios para la comunión eclesial, simplemente porque esa tarea no nos corresponde. A lo largo de los siglos, los criterios de pertenencia a la Iglesia han sido establecidos y definidos por el Magisterio. Aquello que debía creerse de forma obligatoria para ser católico siempre se ha enseñado con autoridad, en constante fidelidad a la Tradición.
Por lo tanto, no vemos cómo estos criterios podrían ser objeto de un discernimiento común mediante el diálogo, ni cómo podrían ser reevaluados hoy en día hasta el punto de no corresponder ya a lo que la Tradición de la Iglesia siempre ha enseñado y que nosotros deseamos observar fielmente, en nuestro lugar».
Finalmente, Pagliarani ponía fin a su carta aseverando que, «ante la constatación compartida de que no podemos llegar a un acuerdo sobre la doctrina, me parece que el único punto en el que podemos coincidir es el de la caridad hacia las almas y hacia la Iglesia. […] La Fraternidad es una realidad objetiva: existe. Por eso, a lo largo de los años, los Sumos Pontífices han tomado nota de su existencia y, mediante actos concretos y significativos, han reconocido el valor del bien que puede realizar, a pesar de su situación canónica. […] Esta misma Fraternidad le pide únicamente poder continuar haciendo ese mismo bien a las almas a las que administra los santos sacramentos. No le pide nada más, ningún privilegio, ni siquiera una regularización canónica que, en el estado actual de las cosas, es impracticable debido a las divergencias doctrinales. La Fraternidad no puede abandonar a las almas. La necesidad de las consagraciones es una necesidad concreta a corto plazo para la supervivencia de la Tradición, al servicio de la Santa Iglesia Católica. […] en la situación actual, el único camino realmente practicable es el de la caridad. Durante la última década, el Papa Francisco y usted mismo han abogado ampliamente por “la escucha” y la comprensión de las situaciones particulares, complejas, excepcionales, ajenas a los esquemas ordinarios. También han deseado que el Derecho se utilice siempre de forma pastoral, flexible y razonable, sin pretender resolverlo todo con automatismos jurídicos y esquemas preestablecidos. La Fraternidad no le pide otra cosa en este momento, y sobre todo no lo pide para sí misma: lo solicita por esas almas, respecto de las cuales, como ya se ha prometido al Santo Padre, no tiene otra intención que hacerlas verdaderas hijas de la Iglesia Romana». (Tomamos la traducción de la página digital FSSPX.News).
(Continuará)
Félix Mª Martín Antoniano
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